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AGRICULTURA

La ecología que nace desde la semilla

Dos emprendedores, Ion Korres y Clara Yus, arrancaron hace un año en Murieta con Reino Verde, el segundo vivero ecológico de Navarra

Ion Korres y Clara Yus, el interior del invernadero donde se realiza el proceso de crecimiento de la planta desde la germinación.

La ecología que nace desde la semilla

Ion Korres y Clara Yus, el interior del invernadero donde se realiza el proceso de crecimiento de la planta desde la germinación.

MONTXO A.G.
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09/05/2015 a las 06:00
  • r. aramendía. Murieta.
El cultivo ecológico lleva más de una década sin dejar de aumentar su extensión en Tierra Estella, pero es ahora cuando comienzan a aparecer negocios que completan el ciclo de la planta. Dos jóvenes, Ion Korres Uriarte, natural de Labeaga, y su pareja, Clara Yus Vicente, de 31 y 30 años, se dieron cuenta por contactos familiares del potencial del sector en un tramo en que no estaba cubierto: la germinación de la semilla hasta la planta. En Navarra, sólo Viveros Abaurrea tiene planta ecológica además de convencional.

Forestal de profesión y después de trabajar en varias empresas relacionadas con el campo, como una bodega y una cooperativa de cereal, Korres decidió poner fin a una etapa de paro con la creación de una empresa propia, Reino Verde, con la instalación de un invernadero de 2.300 m2 junto al polideportivo de Murieta y un almacén de siembra y germinación en el casco urbano del pueblo.

Los dos promotores reconocen que sin el apoyo familiar hubiera sido imposible, ya que arrancar con el negocio les ha supuesto una inversión en torno a 100.000€ para la que las ayudas, incluidas las que se otorgan a los jóvenes agricultores, son escasas.

Sin embargo, contaban con el apoyo de algunos clientes para empezar, el principal Ecológicos Yusan, una empresa de horticultura ecológica que se ha instalado entre Arbeiza y Murieta y que en menos de tres años cuenta con una producción importante. “Desde el principio, les proporcionamos gran parte de la planta y después se han añadido clientes nuevos, como Utzaldi, de Estella, además de cerca de 15 cultivadores ecológicos de la zona y otros tantos propietarios de huertas que aunque son convencionales, prefieren utilizar semilla orgánica”, explica Korres.

Certificación propia

Por lo demás, el ciclo de la germinación ha sido todo un camino de aprendizaje. “Compramos semillas ecológicas, pero hay variedades que nos interesan, que por cualquier circunstancia se adaptan mejor al clima de aquí, pero que aún no están certificadas. ¿Qué hacemos? Pedimos semilla sin tratar al proveedor y posteriormente, realizamos nosotros mismos todo el ciclo de certificación”. Todo el proceso sigue un estricto control del Consejo Regulador de la Producción Ecológica Navarra (CPAEN), en el cual está inscrita la nueva empresa de Valdega.

Con la biblia de las semillas, el libro Portagrano, en la mano Ion Korres ha ido aprendiendo semana a semana cómo ir manejando, combinando y seleccionando este componente esencial de la agricultura. “Le dedico horas a buscar las mejores variedades en función del resultado que me dan y las necesidades que me plantean los clientes”. Reino Verde trabaja con unas 50 variedades de hortalizas: lechugas y cebollas de diversas clases, remolacha, zanahoria, acelga, espinaca pimiento, tomate, cogollo, piquillo, guindilla vasca, entre muchos otros.

Para comenzar el proceso, la siembra se realiza en unas planchas de germinación que cuentan con minúsculos espacios (alveolos) con tierra donde la semilla empieza a germinar. La operación se realiza por medios mecánicos con brazos de siembra adaptados al tamaño y número de orificios de cada tipo de plancha, ya que es normal que tenga que realizarse más de una pasada.

A partir de ahí, las planchas se colocan en el invernadero en condiciones reguladas de ventilación, humedad y temperatura. ¿Durante cuánto tiempo? Varía mucho según la planta y puede ir de 20 días de una lechuga o calabacín a los dos meses que puede tardar un pimiento o un tomate.

Sin tratamientos

Es aquí donde reside la gran dificultad, porque al tratarse de plantas ecológicas cuyo tratamiento es muy limitado, la observación es casi la única arma con la que cuenta el agricultor. “Hay que pasar horas y horas al día examinando las plantas para poder detectar cualquier pequeño insecto que pueda atacarlas”, explica. Para protegerlas, en lugar de productos químicos hay que emplear otros alternativos, como extractos de mimosa, algas o jugos de ortiga, por ejemplo, con la ventaja de que en la actualidad los tratamientos pueden ser sistémicos, es decir, que actúen después de ser absorbidos por la planta.



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