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Los 25 años de Viacrucis de Andosilla se vivieron condensados en uno

Se estrenó un gran decorado en la escena principal de la crucifixión en la que está el graderío

Los 25 años de Viacrucis de Andosilla se vivieron en uno

Los 25 años de Viacrucis de Andosilla se vivieron en uno

Montse Altozano y Adrián Esparza, en la escena final de la piedad.

montxo a.g.
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07/04/2015 a las 06:00
  • ​r.a.Andosilla
Lejos de haber cerrado una etapa con los 25 años, el Viacrucis Viviente de Andosilla se renovó el pasado viernes concitando el recuerdo de los más de 300 vecinos que a lo largo de este cuarto de siglo se han subido a escena para dar vida a una representación que es hoy seña de identidad de la villa.

“Parece mentira que hayan pasado 25 años y se haya mantenido durante tanto tiempo. Creía que estábamos al final de un camino, pero me ha sorprendido la renovada ilusión que pervive en torno al acto. El haber retomado el contacto con muchas de las personas que han formado parte de la Pasión y escuchar sus recuerdos y vivencias ha supuesto un nuevo impulso”, explicaba Carlos Fuertes Goñi, que desde el papel de Pilatos es uno de los veteranos del acto.

Una exposición retrospectiva ha servido para engarzar todos estos años de historia como si fuera uno sólo. También ese día tan especial se estrenó un gran decorado en la escena principal de la crucifixión en la que está el graderío, una inmensa lona con una reproducción fotográfica de la peña de Andosilla. “Está aquí cerca, a apenas 500 metros, pero tiene una imagen muy similar a lo que pudo ser el Gólgota en su día”, comentaba el director de escena, José Ramón Gurpegui Resano.

UNA PRESENTACIÓN ESPECIAL

Para subrayar la importancia del momento, el primer obispo auxiliar de Pamplona, Juan Antonio Aznárez Cobo, acudió a la representación del viernes a las 10 horas y se dirigió a los miles de asistentes para darles la bienvenida a “la historia del amor más grande jamás contada”.

Ese fue el relato que a lo largo de doce estaciones y catorce escenas desgranó la pasión y muerte de Cristo, encarnado por octavo año consecutivo, Adrián Esparza Altozano.

Su madre, en la vida real y en la representación, Montse Altozano Méndez, se dirigía hasta su intervención en la sexta estación con el estremecimiento dibujado en el rostro. “Cada año que pasa me emociono más”, confesaba. “Creo que es una de las razones por las que la historia sale tan bien, aún con los mínimos ensayos. Todos nos metemos tanto en el papel, que nos damos al doscientos por cien”, aseguraba.

Poco después, Adrián Esparza representaba la segunda caída de Cristo, casi a los pies de un visitante, Sergio Lerga Zalduendo, que había acudido desde Arróniz por primera vez. “Mi madre ha venido mucho y me la ha recomendado, pero es aún mejor de lo que creía”.

Los recuerdos se agolpaban en la mente de los vecinos que han sido espectadores durante 25 años, como María Ángeles Sádaba Pérez. “No sólo la hemos visto, sino que hemos colaborado en todo lo que hemos podido, colocando gradas y demás”, recordaba. Manuel Marín Murugarren tenía una fecha grabada. “La primera vez fue muy emocionante, no lo habíamos visto nunca y estábamos sólo los del pueblo. Fue una gran sorpresa. Ahora está mejor hecha y es más bonita, pero no se me olvida la emoción de aquel día”.



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