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Camino de Santiago

Estella suma el cuarto albergue de peregrinos en Rocamador con 54 plazas

  • El convento de capuchinos se ha reconvertido en una instalación turística cuyo beneficio se destinará a fines sociales

Sala de espera en la entrada, una zona en la que se han tirado tabiques para hacerla más diáfana.

Sala de espera en la entrada, una zona en la que se han tirado tabiques para hacerla más diáfana.

mtx
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27/11/2014 a las 06:00
  • r.aramendía. Estella
En el transcurso de seis meses el antiguo convento de capuchinos en Rocamador se ha convertido en una moderna dotación turística enfocada como albergue de peregrinos, el cuarto de la ciudad, que con sus 54 nuevas plazas aliviará la escasez de oferta de Estella en temporada alta cuando sumaba 142: las 96 del municipal, las 34 del de Anfas (que se abre estacionalmente) y las 12 del parroquial de San Miguel.

“El Camino no se ha resentido de la crisis económica, es más, ha crecido. La razón es que se trata de turismo extranjero, con alta capacidad adquisitiva, que demanda mejores instalaciones”, explica Ramón Barandalla Mauleón, gestor del albergue, que ha sido capaz de trasmitir su visión a los monjes capuchinos.

La comunidad religiosa es artífice de la inversión y promotora de una actividad que supone una alternativa al cierre del convento, ya que los últimos monjes salieron en junio. Además de restaurarlo e impedir su deterioro se consigue así una fuente de ingresos que se destinará a los fines sociales en los que está comprometida la congregación.

El resultado de seis meses de obras ha dejado un albergue amplio y espacioso, con habitaciones exteriores orientadas a la huerta sur y muy poco masificadas, ya que en el ala oeste hay 10 estancias dobles con baño interior y en la oeste 17 habitaciones bien dobles o con dos literas, aunque con servicios comunes. En la planta baja se ha habilitado una sala de espera y recepción-oficina, así como servicios y una habitación destinada a minusválidos. También en esta zona se encuentran la sala de estar y comedor con cocina. El edificio de madera exento situado en la huerta que antiguamente se empleaba como albergue de transeúntes, acogerá de momento el cuarto de lavadoras y secadoras, aunque la idea es que en un futuro pueda reconvertirse en bar, un espacio de encuentro entre visitantes y vecinos.

SE INAUGURA EL SÁBADO

Las instalaciones, que permanecerán abiertas todo el año, se inauguran el sábado 29 a las 12 horas con una misa cantada por el coro del Puy en una mañana de puertas abiertas para que los vecinos puedan conocer el resultado. Aunque se trata de un albergue de peregrinos, el de Rocamador tiene la categoría de turístico, por lo que podrán reservarse las habitaciones con antelación, cosa que no sucede en los hospitales clásicos. Aún no se han fijado los precios.

Desde que en 2012 Ramón Barandalla comenzase con la idea del albergue de Rocamador han sido muchos los cambios que ha experimentado el proyecto, fruto de su propia evolución y de las conversaciones con el provincial de España, Benjamín Echeverría.

El abanico de posibilidades es amplio por las características del convento. Situado en la calle Carlos VII, en el tramo del Camino de Santiago que va de Estella hacia Ayegui, el conjunto está integrado por la iglesia de Rocamador y el edificio conventual, situados sobre una parcela de más de 3.000 m2 de huertas y zonas arboladas. La congregación cedió gran parte de la huerta a una cooperativa agrícola de jóvenes, pero una amplia porción de los espacios son para disfrute de los peregrinos, que dispondrán de un porche ajardinado exterior en la zona del comedor.

El albergue está plagado de rincones especiales. Desde el corredor del ala este se accede directamente al coro de la iglesia, que se mantendrá abierta al culto. “Es un lugar de recogimiento, perfecto para pasar un rato leyendo o meditando”, propone Barandalla. Por el este el edificio está rodeado por el sotobosque de la ladera de pinos del monte de los castillos, otro rincón que se espera convertir en área de esparcimiento exterior. En esa zona, una escalera y un estrecho paseo semicircular bordean el exterior del ábside de la iglesia, de factura románica, y una de las piezas menos conocidas del patrimonio estellés por hallarse en un recinto privado. “Mi idea es poder abrir esta zona al público realizando algunas mejoras, pero sería necesaria ayuda institucional”, indica Barandalla.

Este conjunto de elementos convierten al albergue de capuchinos en un establecimiento distinto a la mayoría. “No debemos olvidar que estamos en un convento y eso le añade una dimensión espiritual, no estrictamente religiosa, a la experiencia del camino. Tampoco queremos que sea un lugar únicamente para llegar y dormir, sino que queremos hacer de él un lugar de intercambio y actividades culturales, con charlas
y exposiciones”.



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