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Torralba del Río

Rincón de historia, leyenda y tradición

  • José Ramón Corres Fernández presenta su pueblo, Torralba del Río

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17/05/2014 a las 06:00
  • susana esparza Torralba del Río
La sierra de Codés vuelve a ser protagonista del itinerario semanal de Diario de Navarra que recorre los pueblos que configuran Tierra Estella. Entre las arboledas de hayas, robles y encinas del valle de Aguilar, descubrimos Torralba del Río, una fortaleza medieval fundada en 1263 por el rey Teobaldo II como enclave fronterizo con el reino de Castilla. Los blasones, las murallas y sus torreones son parte de la arquitectura de este municipio declarado en 2002 bien de interés cultural, con categoría de monumento, que no podemos conocer por completo si no visitamos el santuario de Nuestra Señora de Codés y el concejo de Otiñano. Ambos, junto con el castillo de Punicastro y las cimas rocosas de la cordillera, dan sentido a la historia de la villa.

José Ramón Corres Fernández, nuestro guía en este capítulo, nos espera en la plaza del ayuntamiento en una tarde de mayo en la que las nubes encapotan el marco del paisaje que escenifica las leyendas que rodean al pueblo donde nació hace 61 años y del que jamás se ha despegado. "Aquí bajas a la calle y ves a tus amigos. Una ciudad no te lo permite. Además, Torralba cuenta con un añadido especial su paisaje, sus campos, sus tradiciones", confiesa Corres con orgullo.

Plaza del ayuntamiento. Punto de encuentro.

En la plaza donde nos encontramos se desarrolla la mayor parte de la actividad de Torralba. El edificio que hoy alberga el ayuntamiento y el consultorio médico fue, hace décadas, las antiguas escuelas. Hoy, en los bajos del consistorio, también encontramos el bar. "Todas las tardes los vecinos juegan aquí su partida de cartas. Es uno de sus puntos de encuentro", señalan Óscar Aiana Merino y Oriana Rivera Revolledo, gerentes del negocio desde enero.

A pocos metros de la plaza topamos con una escultura de Juan Lobo. "Fue un sanguinario bandido que aterrorizó al valle durante la primera mitad del siglo XVI. Dirigía a una banda de forajidos que se escondían en el castillo de Punicastro, más conocido por los vecinos como Malpica, que atacaban y asaltaban a los vecinos del valle", relata Corres. Y explica que las víctimas, hartas de tanta tropelía, se unieron para combatir a los delincuentes en Valdemadre. "No sobrevivió ningún malhechor y todos los valientes regresaron a Torralba. Para festejarlo bailaron junto a la balsa.

Este es el origen del Baile de la Balsa", dice sobre una tradición que se sigue celebrando en fiestas de San Juan. "Tras comprobar que no falta ningún cofrade de los ballesteros de San Juan Bautista danzan al borde de la balsa ante autoridades y vecinos de la villa", detalla.

Una muralla. Dos barrios.

Desde allí, nos guía por las calles de la localidad que la muralla medieval divide en dos barrios, el más antiguo, el arrabal del Cristo, y el bajo. "Los antiguos torreones fueron adaptados como viviendas y bodegas", señala. Llegamos al lavadero y antiguo abrevadero presididos por el Cucurucho, un obelisco de altura. "Hasta hace 30 años se reunía aquí al ganado. Los jóvenes nos divertíamos recortando a los morlacos", explica José Ramón Corres, que recuerda cómo era habitual encontrarse reses por la calle. "Todos los vecinos tenían animales en sus casas. Podías encontrarte un novillo en mitad de la calle y verte en un apuro", rememora riéndose.

El Pobre Guitarras. Cuentos para no dormir.

Nuestro camino confluye en la plaza del Pobre Guitarras, protagonista de un cuento popular creado para atemorizar a los niños curiosos que subían al alto de la casa que en ese espacio se levantaba. "En 1991 la leyenda se convirtió en esta plaza. En su pared principal lucen seis placas de piedra que reflejan la historia de Torralba del Río", explica Corres señalando los grabados.

En la plaza donde iniciamos nuestro recorrido nos espera el alcalde, Jesús Cayetano, para acompañarnos al Santuario de Nuestra Señora de Codés. Paraje que pertenece a Torralba y que podemos encontrar siguiendo unos cinco kilómetros la NA-7202. Durante el trayecto, José Ramón relata las historias y fenómenos que dan nombre a las peñas de la sierra. Señala una de las cumbres. "Aquella es un reloj. Los perfiles de la sombra marcan la hora".

Santuario de Codés. Paraíso de altura.

Emplazado al pie de la montaña el santuario está integrado por la iglesia, el pórtico de triple arcada y la torre, que se alza a unos 800 metros de altitud. "Ahora se ubica también una hospedería. Desde aquí se ve todo el valle y parte de la ribera. Por las noches se distinguen las luces de Calahorra", asegura José Ramón Corres.

Retomamos nuestra ruta por la carreta NA-7410 que nos lleva a Otiñano, concejo de Torralba del Río que antaño fue señorío nobiliario y en el que hoy habitan una veintena de vecinos . La agricultura y la ganadería siguen siendo las actividades principales de la población", explica por el camino.

La vía nos lleva hasta la plaza principal presidida por una construcción de principios de siglo. "Es la casa del obispo. El prelado don Ramón Fernández donó a Otiñano una gran cantidad de dinero para que los vecinos trajesen agua al pueblo". Muestra de que su deseo se cumplió son la fuente que luce a la entrada del edificio, y el lavadero y abrevadero construidos frente a ella.



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