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Etayo

Un balcón de altura a Tierra Estella

  • A 595 metros de altitud, esta localidad del valle de Valdega presume de tener un mirador con más de 180 grados

Juan Sos Yániz junto a la fuente de piedra, abrevadero y lavadero. Susana Esparza

Un balcón de altura a Tierra Estella

Juan Sos Yániz junto a la fuente de piedra, abrevadero y lavadero. Susana Esparza

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03/05/2014 a las 06:00
  • susana esparza. Etayo
No cabe duda: su pueblo es Etayo. Se comprueba en cada una de las palabras de Juan Sos Yániz, la persona que nos dirige hoy por esta localidad protagonista de la sección semanal de Diario de Navarra.

A sus 93 años, 'Juanito', rebautizado así por los vecinos de este municipio de apenas 67 habitantes, recorre cada día las calles del pueblo que le adoptó hace más de 60. Conocido en la zona por su trayectoria como albañil en el valle de Valdega, conoce cada piedra y cada ladrillo de este balcón de Tierra Estella, desde el que se puede divisar parte de la sierra de Cantabria, el raso de Lezáun y el pico de la Trinidad.

Lavadero de Piedra Acuario natural

Accediendo a Etayo por la entrada de abajo, siguiendo la NA-7401 desde Olejua, damos con la calle San Roque. Aquí comienza el recorrido. "Tenemos un privilegio", dice mientras señala con su bastón las impresionantes vistas que ofrece esta localidad que preside Valdega a 595 metros de altitud. 'Juanito' conoce a todos los vecinos y casa por casa nombra al propietario. "Son algunos del pueblo que se han quedado y el resto viene en vacaciones", explica.

Como sus pueblos vecinos, Etayo está alejado del río. Pero siempre ha tenido asegurado el suministro necesario para la vida diaria por el agua que emana de una gran fuente de piedra, que baja directamente desde el monte Aldaia hasta el abrevadero y el lavadero, que se conservan casi tal como eran. "Antes estuvo cubierto y me gustaría volver a verlo así. Fue uno de los espacios fundamentales del pueblo. Las mujeres se reunían aquí para lavar la ropa y las caballerías paraban para dar de beber a los caballos".

Desde la fuente, el agua corre por el abrevadero hasta el lavadero que Juan Sos ha convertido en un acuario natural de lo más curioso. "Hace muchos años traje de Estella varios peces de colores. El vecino de enfrente se encarga de cuidarlos".

Plaza y frontón Escenarios festivos

Juan Sos deja atrás este espacio y sigue caminando por la calle Mayor hacia el barrio de arriba. "Donde mejor se vive es aquí, en el pueblo. Es la mayor felicidad", confiesa orgulloso mientras recuerda historias y anécdotas de su vida en Etayo. "Yo tuve el primer coche de la localidad", presume.

Nueva parada ya en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Etayo. De estilo barroco, su construcción abarca desde el siglo XVI hasta el XIX. Adosado al templo se ubica el ayuntamiento, sede a su vez de la sociedad gastronómica.

Uno de los extramuros de la iglesia hace la labor de frontón que, junto a la plaza contigua, hacen de escenario en los principales actos festivos. "Antes, las actividades de las fiestas, que se celebran para la Virgen de la Asunción y San Roque, se ubicaban en el paraje de la fuente y el abrevadero. Desde hace años, la barraca y los músicos se sitúan aquí: en el frontón", explica. "Y asábamos costillas de cerdo", añade con el humor que caracteriza a este vecino.

Balcón de Tierra Estella Vista al paraíso

Sigue el trayecto bordeando los muros de la parroquia de la Asunción. Un mirador de 180 grados preside la meseta sobre la que se asienta la localidad. A la izquierda, el León Dormido y parte de la sierra de Cantabria; al frente, el raso de Lezáun y las peñas de Echávarri; y al noroeste, la Trinidad de Iturgoyen que asoma su cima a 1.233 metros de altitud, hoy todavía nevada.

"Es un privilegio, un paraíso. Desde aquí se ve Piedramillera, Ancín, Mendilibarri, Legaria, Oco, Murieta, Abáigar, Echávarri, Aramendía, Olejua e, incluso, Lerín", enumera. 'Juanito' nos guía hasta una puerta que sale de la trasera del templo. "Lleva a un panteón. Aquí enterraban a los nobles que residían en Etayo".

De regreso al punto de inicio del recorrido, nos encontramos con Andrés Gómez de Segura Osés, el vecino más longevo de Etayo que este año cumplirá 95 años. Este retirado agricultor recuerda con nuestro protagonista cómo era la vida en Etayo en su juventud. "Todos los vecinos tenían su terreno para trabajar la tierra. El cereal era el cultivo preferido. Las fiestas eran, y son, estupendas; aunque antes celebrábamos más festividades como San Isidro", recuerda Andrés Gómez de Segura.

Señorío de Learza La joya escondida

Etayo no son solo sus calles. Es la suma de la localidad y el señorío de Learza, dos núcleos de población diferentes pero muy próximos. A unos 5 km siguiendo la carretera de Murieta, cogiendo el desvío a la izquierda a la entrada de Oco, una vía de único sentido nos lleva hasta este caserío asentado en la falda de San Gregorio.

"Antes había un camino desde Etayo que atravesaba el paraje de Los Robles y que unía directamente ambos lugares, pero casi ha desaparecido". No hay calles, solo una plaza cuadrada con un jardín redondo en el centro. La iglesia de San Andrés de Learza, una joya románica del siglo XII declarada Patrimonio Artístico de Navarra en diciembre de 1983, preside en un cerro el caserío.

En el otro lado de la plaza está ubicado lo que fue el palacio. En la fachada lucen entre las ramas los escudos tallados en piedra de sillería del marquesado de Vesolla o el Vizcondado de Valderro. "Muchas familias de Etayo y localidades cercanas trabajaban para este señorío. Cuando la época de esplendor terminó, se dedicaron a la ganadería y a la venta de leche. Recuerdo cuando bajan al lavadero de Etayo a lavar y a recoger agua al menos una vez por semana".



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