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entrevista

"La sierra de Urbasa me marcó muchísimo. Ahí empezó todo"

  • El estellés Adolfo Eraso es miembro de la Academia Rusa de Ciencias Naturales y de la de Ciencia de Nueva York

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14/03/2014 a las 06:01
  • DN Estella
Acumula una veintena de premios. Más que su labor, que está reconocida a nivel internacional, ¿cree que lo está tanto su campo de investigación?

En España, evidentemente, no. Actualmente, con la crisis, no. Los proyectos que presentábamos al Comité Polar Español tenían una subvención especial del Ministerio de Medio Ambiente y nos pagaban después de entregar los datos de una expedición. Pero, coincidiendo con la entrada del gobierno actual, nos han quitado la ayuda y hay que pagar de nuestro bolsillo. Por eso que hayamos espaciado las expediciones después de pasarnos 13 años encadenando dos al año: íbamos al Ártico en el verano boreal y a la Antártida en el verano austral. Ahora, en julio, nos vamos a una estación que hay en los Urales.

El protocolo de Kioto, ¿mero maquillaje?

Nunca se ha cumplido. Quedó muy flojo. Pero no soy de valorar demasiado. Me fijo en los datos.

Pues van dos: ¿es cierto que el nivel de los océanos sube 1,5 milímetros al año desde 2003 y los 148.000 millones de toneladas de hielo que se pierden también al año?

Son cifras estimadas. En la décadas del 80 al 90 el nivel subió 1,8 centímetros y fueron 3,5 de los 90 al 2000. En la última década, del 2000 al 2010, manejamos una estimación del orden de 10 u 11 centímetros. Es el triple que en la década anterior.

¿Y todavía hay gente que no se echa las manos a la cabeza?

Esto invita a la reflexión. Es debido a que aumenta la temperatura y se funde más hielo. Los glaciares sueltan más agua, va al mar y lo van llenando. También dilata más el agua del mar cuando se calienta y este parámetro es un tercio del total.

Nosotros medimos la evolución del calentamiento global. No tengo ni idea y casi ni me importa si alguien se echa o no las manos a la cabeza. La opinología no es una rama de la ciencia. Estoy de acuerdo con Goethe y con su frase los humanos estarán unidos por sus convicciones y separados por sus opiniones. Cuando pongo la tele y hay una tertulia cambio inmediatamente de canal. ¡No se respetan los turnos!

¿Algún problema a futuro en los recursos hídricos de Tierra Estella?

En Tierra Estella tenemos el acuífero de Urbasa y se podría tomar directamente hasta Estella sin necesidad de bombeo. Se toma del Itxako y hay que bombearlo para llegar al depósito. Viene de la zona de Améscoa Alta y ahí hay purines que están contaminando el agua. Eso hay que tratarlo para llevarlo a Estella y es lo que se hace.

Ya se lo comuniqué una vez al director de Medio Ambiente de turno y me dijo que se estaba tratando. Urederra no tiene este problema, pero parece ser que alguna empresa tiene la concesión y no es libre para que lo utilice Estella.

La plataforma Salvemos El Ega acaba de denunciar un sondeo en el acuífero de Ancín.

Ahí sale mucha agua. No soy dado a participar en esas plataformas que se unen y toman muchas veces la parte como un todo. Vienen bien para parar los pies a los gobiernos, que se pasan de la raya bastante, pero no veo muchos éxitos. No tengo ningún desprecio hacia esta gente, para nada, pero yo necesito el dato y el valor. Yo no soy de los que mira de lejos y opina de lo que ve desde allí.

¿Cuál es su opinión respecto al fracking?

Los sondeos en la zona de Estella, como el de Galbarra, dan muy poca cantidad de metano. Hay que estudiar cada caso para llevarlo o no a cabo. La fractura hidráulica puede provocar microseismos, es lo que ha pasado en el delta del Ebro, pero yo no digo 100% no a esta técnica.

¿No le preocuparían futuras perforaciones en su querida Urbasa?

Se hicieron ya dos perforaciones de más de 5.000 metros en la década de los cincuenta una y después otra para sacar petróleo. No se encontró nada.

¿Tanto le marcó esa sierra?

Cuando murió mi padre en 1953 me iba de Estella a Urbasa a pie y bajaba con cuerdas a simas a pulso. Ahí empecé a hacer espeleología y me junté con otros como Eugenio Roa y Serafín Arriaga. Le tengo mucho cariño. La he recorrido muchas veces y la conozco muy bien.

Con más de cien expediciones a sus espaldas, sus alumnos de la Universidad Politécnica de Madrid lo conocen como su Indiana Jones. Pero a usted no le interesa la aventura sin investigación. ¿Es así?

Primero me gustaban los grandes abismos y de ahí pasé a los procesos naturales y a encontrar qué leyes físicas son las causantes. Yo exploro dentro de los glaciares, donde la evolución es muy rápida, y encuentro procesos con los que los glaciólogos clásicos -los que se quedan fuera- no dan.

Dice que lo más duro de las expediciones es aclimatarse a la ciudad después de pisar lugares vírgenes. O sea, que los 30, 40 o 50 grados bajo cero que soporta durante meses son pecata minuta.

Es que me gusta. Lo he elegido yo y cuando toca regresar y volver a respirar el aire de Madrid... Antes me movía caminando y ahora me meto en el metro para huir de los escapes de los coches. No me gusta Madrid, pero tengo mi vida . Es una gozada hinchar los pulmones en el Ártico. Y eso que tuve un problema de cáncer de piel al estar tanto en estas zonas donde hay agujeros en la capa de ozono. Las radiaciones entran por mucha ropa de abrigo que uno lleve.

¿Y eso no le hizo dejarlo todo?

Que va. Está controlado. Un melanoma era maligno y ya me lo quitaron. Tengo algo de explorador. Mi apellido significa 'acometer' en euskera y, aunque no sé si seré guerrero, inquieto sí.

Usted dice que en espeleología "hay que saber salir de donde uno se mete", una frase que no aplica, perdóneme, en su vida a "cielo abierto" a cinco meses de cumplir los ochenta. Está jubilado, pero sigue en activo como profesor ad honorem en la Escuela de Minas.

Hago lo que me gusta. He tenido encrucijadas en la vida y nunca he dudado en coger el camino que me gustaba. Desde niño he sabido siempre lo que quería.



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