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El deseo cumplido de don Luis

  • Su legado de casi 3.000 títulos está ya en Salinas, cuya futura biblioteca llevará su nombre

Imagen de la biblioteca de Mañeru, que por cuestiones de espacio no pudo acoger el fondo cedido

El deseo cumplido de don Luis

Imagen de la biblioteca de Mañeru, que por cuestiones de espacio no pudo acoger el fondo cedido

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14/03/2014 a las 06:01
  • dn Estella
La que cuentan estas líneas es la historia de un legado de casi 3.000 títulos que empieza en Mañeru, continúa en Estella y acaba por hacer posible que Salinas de Oro pueda poner en marcha su propia biblioteca. El Ayuntamiento de esta pequeña localidad de cien habitantes ha pensado ya un nombre para ella. Se llamará como Luis Lizarraga, un homenaje al protagonista de un relato de amor a los libros y a las raíces que, afincado en Madrid, quiso donar a Navarra, donde están sus raíces, una extensa colección literaria formada por novelas, ensayos, manuales de arte, de historia, de naturaleza o política entre una larga lista con cabida tanto para los clásicos como para los cómics.

Fallecido hace unos meses, su deseo se ha cumplido tras encontrarse en su camino la mano colaboradora no solo de su propia hija, Olga. También la de Laura Irulegui y sus compañeros de la biblioteca de Estella. O la de la corporación de Salinas, que aceptó encantada su ofrecimiento.

Los libros -junto a los entre 600 y 800 DVD en su mayor parte de películas- están ya en este pueblo, a la espera de que se acondicionen las dependencias de la casa consistorial destinadas a biblioteca, un servicio que se quiere poner en marcha en una fecha por determinar de la próxima primavera. Será un año después de que llegara al Ayuntamiento de Estella una carta dirigida a la alcaldesa, Begoña Ganuza, en la que su propietario le ofrecía un material que ya antes había puesto a disposición de la primer edil de Mañeru, Nuria Irisarri.

LOS PRIMEROS TRÁMITES

Es en esta localidad donde se encuentran los vínculos de Luis Antonio Lizarraga Madrueño con Navarra. En su ayuntamiento ejerció como secretario su abuelo, Antonio Lizarraga Lanz, y de allí procedía toda su familia paterna, generaciones de antepasados con algunas excepciones ligadas por nacimiento a Estella y Vidaurre.

Y fue a Mañeru donde, delicado de salud, encaminó primero sus gestiones el propietario de los libros para que acabaran en las estanterías de alguna de las bibliotecas públicas de Navarra. Pero ese deseo, pese a que hubo interés en ello, no pudo materializarse en el pueblo de su familia. En su pequeña biblioteca no había espacio disponible para una donación tan extensa y Luis Lizarraga contactó entonces con la cabeza de merindad, con cuya alcaldesa contactó por carta.

Begoña Ganuza trasladó el ofrecimiento a Laura Irulegui, parte del equipo al frente de la biblioteca pública José María Lacarra, que inició los contactos con alguien que quería un nuevo ciclo para los tesoros literarios de toda una vida y los ofrecía sin coste alguno tras su fallecimiento. Sus conversaciones siguieron a lo largo del verano, pero tampoco la de Estella -ya con 40.000 volúmenes- contaba con el espacio suficiente para ellos, muchos de los cuales, además, formaban ya parte de su fondos. Laura Irulegui Casi explica que pensó entonces en la Biblioteca de Navarra como la única que podía recibir el legado y hacía allí encaminó sus siguientes gestiones.

UNA BIBLIOTECARIA VOLCADA

Descartada también esa opción por disponer también de la mayoría de esos títulos y recoger solo duplicados con obras de temática navarra, la opción de Salinas de Oro abrió la siguiente puerta. Proyectaba entonces ofrecer a los vecinos este nuevo servicio, necesitaba libros para ello y así se lo había trasladado justo en esas fechas al Servicio de Bibliotecas del Gobierno de Navarra. Con la oferta de Madrid le llegaba justo el lote fundacional completo que precisaba. Era noviembre y Luis Lizarraga acababa de fallecer, pero sus libros encontraban por fin el destino que durante meses había esperado.

La historia en la que ella y otros compañeros se habían implicado dio un paso más porque Laura Irulegui aprovechó un viaje personal de un fin de semana en Madrid para quedar con la hija de Luis Lizarraga, conocer así el fondo que luego vendría a Navarra y ayudar en su selección. "Su interés nos llegó a todos por su amor a los libros y a la tierra. Él quería que vinieran a parar a Navarra y al final ha podido ser así", señala la bibliotecaria. Y añade que, aunque se reciben habitualmente otras donaciones, nunca hasta ahora les había tocado gestionar una tan extensa y completa que permitirá por si sola la apertura de esta futura biblioteca.



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