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Piedramillera con Carlos Ganuza Monreal

Calzada romana, su alfombra de llegada

  • Los 500 metros que se conservan de la calzada romana son para Carlos Ganuza la joya de su pueblo

Carlos Ganuza Monreal en el Portillo

Calzada romana, su alfombra de llegada

Carlos Ganuza Monreal en el Portillo

MONTXO A. G.
0
22/02/2014 a las 06:01
  • dN. Estella
Cuántas veces ha merodeado Carlos Ganuza Monreal por la que considera la joya de su pueblo, Piedramillera. Esos 500 metros de calzada romana que se conservan en dirección a Ancín y que tantas tardes y mañanas fueron escenario de juego de niño. Una zona a cinco minutos a pie de la iglesia y acondicionada hoy como área de recreo que conocen como el Portillo. "Hay dos balsas naturales, la de arriba y la de Peñalén, y en esta última, cuando se helaba, jugábamos a correr por encima".

Ahora, con 38 años, lleva con su hermano dos explotaciones familiares de ganado bovino y el tiempo para volver a ese lugar y tomar algo de aire ya no es el mismo. Los dos hijos mellizos de 4 años que tiene en casa le tiran hacia Estella, donde fijó su residencia hace seis años, después de pasar todo el día por sus cebaderos de Piedramillera. Él y su hermano Enrique son los únicos ganaderos de un pueblo que va perdiendo fuerza. "Está muy envejecido en población y apenas se construyen casas. La mayoría de la gente de mi generación salió a Pamplona o San Sebastián, pero regresan en fin de semana y verano. Gusta volver", indicó.

COMO EJE

Entonces, cuando crece la vida vecinal, todo se concentra entre el centro cívico, la ludoteca, la ciberteca y el parque infantil. Todo, a un paso. "Ahí quedamos. En verano pasaremos de los cien habitantes y entonces es cuando más se usa la ludoteca que está ahora en la capilla que fue antes bar. Hay un billar, un futbolín y algún juego. Los niños están bien cuidados en Piedramillera. En nuestra época era peor en este sentido.

Jugábamos a futbito y nos hacíamos las porterías en una era pegada a la iglesia o pasábamos las horas en las cabañas que montábamos en el monte", indicó. A día de hoy disponen de dos ordenadores en una sala del ayuntamiento. "¡A cuántas reuniones abiertas de las que antes se hacían he asistido para debatir y plantear ideas!", añadió. Ahora se ultima la renovación de redes y pavimentación de la última calle que quedaba por arreglar y se perfila el programa del Día de la Berrueza al celebrarse este año en Piedramillera. "Ya se han sucedido algunas reuniones y se ha empezado a sacar dinero. Ese tipo de eventos ayudan en el resurgir del pueblo, abierto paisajísticamente al valle", dijo.

EN UNA LADERA

Su orientación sur es uno de sus puntos fuertes según Carlos Ganuza. "Otras poblaciones del valle son muy sombrías, pero ésta es muy soleada y es algo que valoro mucho". El hecho de que esté enclavada sobre la ladera de la sierra de Dos Hermanas, a 639 metros de altitud, la acerca a esas cuevas y simas exploradas por espeleólogos y también por él de niño. "Nosotros jugábamos al escondite por ahí. Entrábamos en las grutas. Íbamos sin miedo. Ahora no entraría por nada. Me producen mucho respeto". Hay tres: cuevas del Castillo, de Erbea y del Trasluz. "Decían que las primeras, donde nosotros solíamos ir a merendar, habían estado habitadas. En ese entorno hay una fuente natural, llamada Casa lobo, que era la que abastecía al caserío de Learza. Tengo la imagen de esta fuente y una gran encina", apuntó.

LA IGLESIA

Él y sus amigos frecuentaban aquel lugar. Solían divertirse con un agua que pedían también en rogativas en la iglesia. "Cuando no llovía íbamos a pedirla. Hacíamos rogativas y asistíamos todos los días de una misma semana. Es algo que no se ha perdido", aseguró. Rezaban al Santo Cristo de las Aguas. "En Piedramillera tiene mucha devoción", apuntó. La talla se conserva en la iglesia de Santa María, parroquia del siglo XVI y estilo gótico renacentista. Su retablo mayor es plateresco. "Tiene culto en verano. El resto del año se utiliza la capilla de la casa parroquial". La iglesia es el único ejemplo que queda en pie de su arquitectura religiosa. Sus ermitas, San Cristóbal o Santa Águeda, terminaron en ruinas.



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