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así es mi pueblo

Aguilar de Codés, una fortaleza expuesta a los vientos

  • La localidad se sitúa sobre una meseta en la zona más occidental de Tierra Estella, a 731 metros de altitud

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15/02/2014 a las 06:01
  • Susana esparza. AGUILAR DE CODÉS
Las puertas de la antigua muralla de Aguilar de Codés se abren hoy, en este itinerario semanal por Tierra Estela, para enseñar al lector este fuerte medieval, clave en la historia de Navarra, que supo defender el Reyno ante los ataques de Castilla. El águila del escudo del Sancho VII El Fuerte sigue en el blasón de esta villa en la que quedan vestigios de una calzada romana y algunas estelas funerarias guardadas en el Museo de Navarra. Olga Ruiz Quintana, resistente a abandonar los escenarios de su infancia, regresa de Vitoria siempre que el trabajo se lo permite. Los recuerdos, congelados por el gélido viento de la sierra --de Yoar, se avivan a lo largo de un paseo a 731 metros de altitud a la que ponen marco los hayedos y encinares de la emblemática sierra de Codés.

MAYOR Y SOLANA. DOS CALLES EN SU TRAZADO

Llama la atención el escueto callejero. Dejando atrás el barrio de San Cristóbal, iniciamos un paseo por las dos únicas calles paralelas que atraviesan los restos del antiguo recinto amurallado. Partimos del abrevadero, donde se alzaba una de las dos puertas que daban acceso a la villa. Caminamos despacio por la calle Mayor, enmarcada entre los blasones de las casas señoriales. En la plaza de El Pórtico hacemos nuestra primera parada. La parroquia de la Invención de la Santa Cruz preside la plazoleta que, durante las fechas señaladas en el calendario festivo, sirve de escenario principal. La concha de Santiago, incrustada en el torreón, da fe que la localidad fue parte del Camino que se desvió durante las guerras Charlistas.

EL FUERO DE AGUILAR. ASIENTO EN LAS CORTES

Junto a la joya renacentista, la Mancomunidad de Servicios Administrativos y el colectivo Nuestra señora de Colgantes dan vida a la localidad. "Recuerdo cuando estaba aquí el colegio. En un ala estudiaban las chicas y en el otro, los chicos. Hoy es el ayuntamiento. Dentro todavía se conserva una copia del fuero que, en 1269, temblado II le concedió a Aguilar, con el título de buena villa y franca. Su enclave estratégico le otorgó un asiento en las Cortes de Navarra. Era tal su importancia que el municipio se repobló en numerosas ocasiones para que no cayese en abandono. Hoy solo hay cien cesados pero durante los fines de semana y las vacaciones la población se multiplica", explica Olga Ruiz.

TORRE DE PÍO. VIGÍA DE UNA FORTALEZA

Los muros de la fortaleza que aún quedan hoy en pie son los de la Torre de Pío, a los que se asoman los recuerdos infantiles de nuestra guía. "Sin duda éste es mi paraje favorito. Aquí he pasado los mejores momentos de mi infancia", señala mientras escala un par de metros. "La atalaya es parte de la roca. La maleza y la vegetación han deteriorado la estructura, pero todavía se distinguen los tramos del trazado amurallado", añade.

LA SOLANA. CALLE COMERCIAL DEL MEDIEVO

La siguiente parada conduce hasta la Fuente Vieja. Para llegar hasta allí, atravesamos la calle de La Solana. "Es la calle que calienta el sol en el periodo estival. Aunque aquí nunca deja de 'soplar' el viento". En varios puntos de la travesía, nos detenemos para recordar los oficios que estaban instalados en esta misma calle. "Panaderos, herreros, bastemos, canteros y yeseros, trilladores, zapateros y panaderos, entre otros, impulsaron la villa es sus años de mayor esplendor. Aguijar contaba con una licencia de mercado que se instalaba una vez a la semana donde hoy está el frontón. 

Esto le daba una posición privilegiada frente al resto de municipios vecinos que se desplazaban hasta aquí para comprar y vender sus productos", argumenta Olga Ruiz. Con el antiguo hospital y la taberna a la izquierda bajamos hasta el abrevadero y la Fuente Vieja.

EL MISTERIO DE UN MANANTIAL. FUENTE VIEJA

Otro de los símbolos de identidad de Aguilar de Codés es la Fuente Vieja. Un abrevadero alimentado por el agua de una fuente incrustada en la roca hacen de éste uno de los parajes preferidos por los vecinos durante los meses de verano. "Nunca hemos podido averiguar de dónde viene el agua de la fuente. Creemos que el manantial está justo aquí. Durante el invierno, el agua no sale muy fría, cosa que sí ocurre en verano; así que es todo un misterio. No hay piscinas municipales por lo que, en muchas ocasiones, el abrevadero ha cumplido esta función", comenta nuestra acompañante.

SAN BARTOLOMÉ. LA ERMITA Y JOYA DE AGUILAR

No obstante, la joya del municipio es la ermita de San Bartolomé. Es el lugar elegido por Olga Ruiz para poner el broche final a su ruta. La ermita de San Bartolomé se sitúa al sur del caserío de Aguilar de Codés. Para llegar a esta arquitectura románica, hay que tomar la dirección sur, hacia Azuelo, en el cruce que lleva a Viana. Casi a dos kilómetros, a nuestra izquierda, sale una senda que cruza un arroyo y en 500 metros nos lleva a la ermita. "El templo siempre está abierto por lo que se puede visitar con total tranquilidad. Fue restaurada en 1959 por la Institución Príncipe de Viana y es, sin duda, uno de los rincones más bonitos de nuestra localidad. Su perfecta acústica permite hacer conciertos en su interior y este verano el de violín fue impresionante", recuerda.



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