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Marta Juániz Azcárate - Actriz

"Aunque algunos no lo ven un trabajo, de esto también come mucha gente"

"El público de Estella es maravilloso y hay que tener mucha alegría en el cuerpo para, con todo lo que pasa, seguir yendo al teatro"

Juániz junto al convento de Santa Clara, lugar de recuerdos infantiles

Juániz junto al convento de Santa Clara, lugar de recuerdos infantiles.

Juániz junto al convento de Santa Clara, lugar de recuerdos infantiles

MONTXO A. G.
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06/12/2013 a las 06:01
  • m.p.AMO.Estella
Lo de Marta Juániz Azcárate, estellesa de la calle Navarrería, y el teatro es un idilio de los de toda la vida. De esos que siguen a flote en los tiempos difíciles como los que hoy analiza sin perder la sonrisa. Ni dejarse un gracias con mayúsculas para un público con el que no olvida nunca que está en casa y ante el que asoma muy a menudo con los proyectos de La Nave Teatro.

¿Cuándo se da cuenta de que eso es justamente lo que quería hacer?

Estamos hablando de hace un montón de años y, aunque sabes cuanto te gusta el teatro, no te planteas que podría ser tu profesión. Pero ya desde mi época en San Benito, con apenas siete años, me encantaba. Fue al acabar COU cuando planteé en mi casa que quería irme a Madrid a empezar con ello.

¿Qué le dijeron sus padres?

Con buen criterio, que primero debía hacer algo, aunque fuera una titulación corta. Entonces no había series de televisión ni las cadenas actuales, así que yo hablaba de teatro Y no es extraño que mi madre me dijera que, antes de nada, tenía que estudiar.

¿Se ha arrepentido alguna vez de aquella decisión?

Jamás. He hecho como todo el mundo, trabajando en otras cosas en un momento, cuando empiezas, en el que no te contrata nadie. Pero he vivido de mi profesión, de lo que me gusta. Y me siento afortunada por ello.

El sector cultural de España perdió 2.000 empresas y 24.000 empleos el año pasado. ¿Qué siente al leer noticias como ésta?

Coraje. Y mucha pena. Puede que muchos no consideren esto un trabajo, una profesión, pero en la industria cultural trabaja mucha gente y, como en cualquier actividad, de ella viven también muchas familias. No solo actores. Músicos, técnicos, regidores y muchos otros. Es tanto lo que hay detrás y tan duro ver lo que se está perdiendo. Es verdad que el momento es complejo y que se deben tomar decisiones, tener prioridades. Pero hay que tener la suficiente capacidad de gestión para aprovechar los recursos que tenemos con cabeza.

Cuando empieza la crisis, le dan la vuelta con La Nave Teatro y una nueva fórmula de representaciones. ¿Cómo surge?

Hace tres años vimos lo que estaba viniendo. Con la angustia de preguntarnos ¿qué pasa que no te llaman? y la certeza de que debíamos hacer algo. Así que pensamos en esa fórmula.

¿Se ha sentido avergonzada por pasar la gorra?

No me da vergüenza, pero sí coraje por haber tenido que llegar a estas situaciones Aunque luego piensas, aquí estoy, yo lo valgo y sí, estoy pasando la gorra, pero también se que la gente lo está pasando mal. Y hago otra lectura. Yo no quiero dejar mi trabajo y usted no quiere dejar de venir al teatro pero no puede asumir una entrada, así que los dos estamos en lo mismo.

¿El espectador les sigue respondiendo o se ha cansado?

La gente de Estella, como público, es fantástica. Te traen a más o repiten y en esta nueva edición hemos notado que viene mucha más gente. Al tratarse de cosas de pequeño formato, también nos responden muy bien. Les gusta esa cercanía y te lo cuentan después. Te hace pensar que tu trabajo tiene un sentido más allá del que tu crees y eso vale mucho. Y, aunque es maravilloso un gran teatro, eso de ver las caras de la gente tiene un valor añadido.

¿Qué responde cuando escucha que la cultura no debe estar subvencionada, que es tiempo de que cada cual se las apañe?

Sí es cierto que a veces nos dicen, ¡claro como ya no tenéis ayudas! Hay gente que piensa que las casas de cultura reciben subvenciones para contratar actuaciones, pero son partidas presupuestarias. Como las de cualquier otro apartado municipal. La subvención en realidad es lo que yo solicito al Gobierno de Navarra para una superproducción como El nombre de la rosa, como empresa que, sin esa ayuda, no podría abarcar algo así. Optamos a ello como el resto, a través de las convocatorias públicas. Pero ocurre solo en este tipo de apuestas porque las demás producciones que hacemos son con recursos propios.

¿Cuáles son sus planes?

Seguir ahí, viendo también qué necesita en este momento la gente. Cosas de entretenimiento y con pequeño formato porque sabemos que la capacidad para contratar es menor, las casas de cultura tienen recortado el presupuesto y tampoco pueden hacer más. Así que toca adaptarse a los cambios. Somos conscientes de ello y si, además de acceder a los ayuntamientos pequeños podemos hacerlo a proyectos como El nombre de la rosa, es fantástico. Porque después de tantos años también te mereces estar ahí.

¿Animaría a dedicarse al teatro a alguien que empieza o le diría "ni se te ocurra"?

Cuando tienes 20 años todo te parece posible por mucho que te hablen del futuro, de que el tiempo pasa deprisa. Y luego llega el día de mañana, está ahí ahora. Pero cuando tienes esa edad las cosas son posibles y uno tiene que hacer lo que quiere en la vida. 

¿Probar suerte, entonces?

Yo creo que es mejor tener que dejar algo que preguntarte un día porque no lo intentaste. Probar hay que hacerlo siempre y, si luego lo consigues, mejor que mejor.

Van para siete los años de crisis y amanecemos cada día con noticias de corrupción política, sindical. ¿Qué siente alguien que ama el teatro cuando se enfrenta al mundo real?

Yo lucho por una profesión que, como para cada uno la suya, es muy importante para mí. Mientras lo hago miro alrededor y creo que estamos rodeados de sinvergüenzas. Porque en esta vida hay que tener vergüenza para robar y, si no la tienes, eres eso, un sinvergüenza.

¿Los Viernes culturales están bien así o cambiaría algo?

Todo es mejorable siempre, pero son fantásticos.

¿Esperaba esa consolidación?

La verdad es que no pensaba que iba a funcionar así. De repente ha sido la locura y es muy positivo que haya actividad cultural constantemente.

¿No llega un momento en el caso de Estella en que resulta demasiada la oferta?

Como un aluvión de actos a la vez que hacen que no se sepa donde elegir.
Sí que a veces hay mucha mezcla y sería bueno ordenarlo de alguna manera, organizarlo más para que todo tenga sentido para el público. Es como si el suflé hubiera subido demasiado deprisa y ahora toca establecer un criterio sobre todo. Aunque es cierto que resulta muy complicado hacerlo.

¿Vive donde quiere vivir?

Me gusta Estella y me gusta estar aquí.

¿No se ve en otro lugar ni se ha planteado irse?

Para mí un día de función supone llevar a cabo los mismos preparativos en un sitio o en otro. Es trabajo y lo afronto de la misma manera esté donde esté. Pero vivir, quiero hacerlo aquí. Me gusta Estella, pasear por ella, conocer a la gente. Y hay otras cosas muy importantes. Como que, pese a la factura de la crisis, la gente de aquí no ha perdido la alegría. Hay que tener mucha en el cuerpo para sostener todo esto y seguir yendo al teatro. Como anécdota, el comentario de una señora que me dijo: "yo estoy yendo a todo para apoyar" Ese, además de una ciudad bonita, es el temple que veo en su gente.



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