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SALINAS DE ORO

Salinas de Oro quiere regenerar para el baño las aguas saladas de su río

  • El pueblo que explota las últimas salinas naturales de Navarra da forma a una idea en varias fases
  • Primero, reforzará la cimentación y lavará la cara del puente del siglo XII sobre el Salado

El nuevo alcalde, Francisco Eraso Azqueta, Pili Gorena Merino y Beatriz Unzué Osés. A su espalda,  la cascada en el entorno formado por la presa donde surgió la zona de baño

Salinas de Oro quiere regenerar para el baño las aguas saladas de su río

El nuevo alcalde, Francisco Eraso Azqueta, Pili Gorena Merino y Beatriz Unzué Osés. A su espalda, la cascada en el entorno formado por la presa donde surgió la zona de baño

montxo a. g.
0
04/11/2013 a las 06:01
  • m. p. amo
La restauración de su puente románico pondrá en Salinas de Oro la primera piedra de un proyecto en el que, de la mano con la Asociación Turística Tierras de Iranzu, la localidad mira otra vez hacia el río Salado como el reclamo que las propiedades de sus aguas hicieron de él en otro tiempo. El municipio donde se explotan las últimas salinas de manantial natural de Navarra necesita 114.000 euros -la memoria valorada contempla esta cantidad IVA incluido- para reforzar su cimentación y dar un lavado de cara al conjunto de la estructura de ojo único levantada sobre el cauce en el siglo XII.

Para obtener el 70% ha llamado a la convocatoria de proyectos convocada por Teder con cargo al Eje 4 Leader. No ha entrado en la que acaba de resolverse, pero tendrá una segunda opción en la próxima. El resto requerirá financiación propia, complicada para un ayuntamiento pequeño que confía, sin embargo, en las posibilidades de un proyecto en varias fases.

LOS PASOS DESDE AHORA

De un pasado en las pozas de La Concha, de chapuzones entre presas y molinos se nutren los promotores de una idea que tiene como meta recuperar la vida en torno al río y regenerar sus aguas saladas. Primero, el puente. Después, senderos. Y, al final, un espacio para el baño rico en sales minerales. Los datos de este reportaje recurren a vecinos que disfrutaron de las aguas del Salado, las mismas que proporcionaron el medio de vida a sus familias -las últimas que vivieron de los trabajos del río- y cuyos recuerdos ayudan ahora a reconstruir esos días junto al cauce.

Las hermanas Pili y Rosario Gorena Merino eran las hijas del electricista encargado de la central que, como el molino, se nutría de la energía del río. El entorno por el que ahora pasean ofrecía una doble posibilidad a los bañistas, la de la zona creada en torno a la presa y la cascada con una poza excavada en la misma roca. "Hacia 1957 todo aquello se quedó vacío, pero hasta entonces al espacio que se conoció siempre como La Concha íbamos todos, no solo del pueblo, también colonias que venían de Pamplona. Flotabas en sus aguas y no era solo eso, sino lo buena que resultaba para la piel. Por eso mucha gente acudía hasta aquí para tomar sus baños de sal". Luego, con el tiempo y cuando en las casas se empezó a tener ya más dinero, se iban a San Sebastián, cuentan. "Entonces estábamos deseando subir al pueblo, pero los mejores años de mi vida los he pasado aquí", dice Rosario.

Pedro Nuin Ilzarbe, de una de las familias que ha mantenido activas las eras de extracción de sal que configuran hoy otra de las singularidades de este pequeño municipio, recuerda la belleza de un lugar en cuyas posibilidades, aún consciente de las dificultades, sigue confiando. Junto a él en el mismo recorrido, María Jesús Ilzarbe de Pedro creció igualmente en una familia ligada al río. Su padre vivió junto al puente románico, donde su abuelo explotaba el otro molino del cauce. En un recorrido aguas abajo del puente, habla de un tiempo que este mismo itinerario, libre de maleza, se extendía poblado de pequeñas parcelas donde cultivaban para casa hortelanos del pueblo.

En sus conversaciones, siempre el río. Los datos aportados desde Tierras de Iranzu atribuyen al flujo de los manantiales una concentración salina de 280 gramos por litro -la del Mar Muerto es de unos 330, diez veces más que los océanos- y, aunque no tan elevado, este porcentaje en minerales sigue sorprendiendo en el río Salado. Depende de la estación del año y, por tanto, del caudal que lleva, pero en estos días de otoño ese cálculo ha alcanzado los 140 gramos por litro.



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