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semana de la brujería

Maestro entre los mercados

  • Sorpresas a cada paso salieron al encuentro del visitante que este lunes llegó a Bargota llamado por el acto estrella de la Semana de la Brujería

LAS BODEGAS, TAMBIÉN ABIERTAS.  Amaya Zabaleta Mendaza, a la izquierda, junto a Ana Cadarso García, en el rincón del alfarero que sirvió de antesala a la bodega de sillería abierta en el subsuelo de esta misma vivienda de Bargota.

Maestro entre los mercados

LAS BODEGAS, TAMBIÉN ABIERTAS. Amaya Zabaleta Mendaza, a la izquierda, junto a Ana Cadarso García, en el rincón del alfarero que sirvió de antesala a la bodega de sillería abierta en el subsuelo de esta misma vivienda de Bargota.

mp.amo
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17/07/2013 a las 06:01
  • m.p.amo. bargota
La pequeña localidad de Bargota -poco más de 300 vecinos que se multiplicaron este lunes por diez- demostró de nuevo su maestría en la organización de la cita estrella de su Semana de la Brujería. Con el cálculo de vehículos como guía, la organización estimó en unos 3.000 los visitantes que acudieron al mercado, una oferta al aire libre distribuida por el casco urbano, envuelta en el ambiente de las actuaciones de calle y apoyada en los treinta rincones con temas distintos de la época del brujo Johanes abiertos al público en las bajeras de las viviendas. Bargota cuida al detalle la transformación en un pueblo cercano estos días a la época de cinco siglos atrás en que vivió el brujo Johanes, el personaje de la localidad inspirador de un programa enmarcado en la red de fiestas temáticas de Tierra Estella impulsada por el consorcio turístico y sus municipios. En la de Bargota, además del Ayuntamiento, colaboran la asociación El Brujo y otros colectivos vecinales.
Las viviendas, abiertas

Se ambientan las calles -con paja en su recorrido, señales indicativas especiales para la ocasión y pendones- como lo hacen también sus vecinos, con la indumentaria de la época que se recrea, y sus hogares. Hasta 30, con algunas de las antiguas bodegas de sillería que tejieron en el pueblo un verdadero recorrido subterráneo incorporadas a las visitas como novedad, abrió su planta baja al visitante en un recorrido por cacharrerías, botica, taller de encuadernación, la alcoba de Johanes, el aquelarre y otros escenarios también de fuera, como el rincón de la matanza colocado por los vecinos de Azuelo.

Cuatro hermanas del pueblo -Charo, Teresa, Inma y Pili Dublán Zúñiga- han transformado la casa de una de ellas en un escenario de candiladas. En una estancia de la planta baja de la vivienda de Pili todos los detalles retroceden a una época, finales del siglo XIX y principios del XX, en que la vida social de las mujeres del pueblo discurría en veladas a la luz del candil donde hilaban, remendaban o hacían otras labores de costura mientras contaban chascarrillos e historias a los niños y ancianos.

Con la ayuda de su amiga Mari Mar Ruiz de Larrinaga Sáenz, la familia ha reunido enseres domésticos de esa etapa, prendas fundamentalmente entre las que destacan un faldón de bautizo de hace dos siglos y ajuar nupcial de cien años atrás. "La ropa es nuestra gran protagonista, junto a los detalles de aquellas candiladas que se hacían conforme a unas reglas muy concretas", señalan las hermanas Dublán.

Y cuentan como solo podían entrar a estos encuentros los hombres si tenían menos de doce años o más de setenta. "En primavera se repartía una chocolatada porque las candiladas en los corrales acababan cuando llegaba el buen tiempo y las mujeres se juntaban entonces en la calle para sus labores", añaden poco antes del mediodía, cuando los primeros visitantes entraban ya en su vivienda de la plaza del Olivo.


Y la labor de 250 vecinos

Un goteo en ese momento y una constante afluencia de gente a partir de entonces en un mercado que se prolongó hasta primera hora de la tarde con la oferta de los puestos de artesanía y productos de alimentación. Ana Cadarso García, de la organización, explicaba que unas 250 personas se han movilizado estos días para los rincones, la ambientación de las calles y las actuaciones teatrales del grupo Garañango.

Cecilia Acedo, que se ha encargado del vestuario teatral junto a Edurne García y Maite Etxeberria, atendía a los recién llegados a su rincón de la calle Mayor dedicado a la lana y sus utilidades. " Lo he centrado en el vellón y sacado a la calle porque siempre me ha parecido un material importantísimo para la vida de las personas que hoy ha pasado casi al desuso", decía. A la par, mostraba todo el instrumental del proceso de la lana, desde los collares de hierro que defendían al perro pastor de los lobos hasta las tijeras de esquilar y el jabón para lavar la lana recién obtenida.

Además de los rincones, el público topó con la demostración de elaboración de cera del artesano estellés Carmelo Boneta y con algunas de las bodegas abiertas, en este caso la de la familia Aranzadi. La semana continúa y cuatro más abrirán sus puertas a los visitantes el miércoles por la tarde.



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