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El agua llena Zuloandia 40 años después

  • Las constantes lluvias han devuelto al hoy imágenes del pasado. El agua ha tapado, por ejemplo, los regadíos de la balsa del centro de Ayegui como ocurrió a primeros de los setenta y cuevas de Urbasa han desaguado por la superficie

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Actualizada 11/06/2013 a las 12:49
  • m.marínez de eulate. ayegui
Por encima del agua, la parte final de la copa de un conjunto de olivos, también algunas ramas de melocotoneros y manzanos, el techo de un invernadero y un listón de madera que marca centímetro a centímetro. Los cultivos se han perdido y el nivel sigue subiendo. Es la balsa de Zuloandia de Ayegui -un lugar dentro de núcleo urbano, casi siempre seco y utilizado como zona de regadío por sus vecinos- que este año se ha llenado de agua por las constantes lluvias.

Hacía 40 años que no formaba una laguna como la actual, de unos 200 metros de diámetro, pese a que en 2007 ya dio un pequeño aviso cubriendo una parte. Ahora ya no hay miedo, puesto que un tubo canalizaría la salida del agua hacia una acequia antes de que llegue a las viviendas más próximas a las que sí afectó hace un siglo, pero sí ha suscitado la curiosidad desde que comenzó a brotar agua de la sima -sube 2 centímetros por día- el pasado 19 de marzo.

Jesús Araiz Antonio, que laborea una parcela allí desde hace medio siglo, ya lo veía venir. "Yo ya me lo imaginaba después de estos meses de tanta precipitación. Era seguro que se iba a inundar". Sus nogales se secarán. "Les ha llegado el agua y se perderán. El resto, que crece a un nivel superior, se salvará. También tengo guindas, kiwis, higos, ciruelas?", enumeró.

Algunos de los propietarios de estas fincas deberán esperar meses a que la sima que existe justo debajo, ahora totalmente saturada, retome su capacidad para desahogar. Y esto, según calculó Araiz, puede tardar los dos años.

En la zona más profunda se llegará a los quince metros de agua. "E igual nos quedamos cortos", apuntó. Así que, como dijo, no queda otra que comprar tomates en el supermercado. "Hombre, lo cierto es que a algunos, a quien no les gustan demasiado estos trabajos, les ha venido incluso bien", comentó entre risas.


A 50 cm de mi cocina


Él guarda recuerdos desde que tenía 7 y 8 años, cuando pasaba allí el rato pegado a su padre. "Esto era de la familia Larrainzar y mi padre compró en 1931 parcelas para él y para sus dos hermanos", contó. Durante años, ahora tiene 83 y reside en Estella, vivió en la casa más próxima a la balsa y no se le borra lo cerca que se quedó el agua en la crecida del año 1952. "Hubo un gran nublado y se acercó a 50 centímetros de nuestra cocina. Mi padre estaba con miedo porque la humedad sí hundió algo de la vivienda. Menos mal que en dos días se bajó, pero pasó por encima de la carretera. Después de aquello colocamos el tubo que nos salva desde entonces de todo", apuntó.

A primeros de la década de los setenta volvió a repetirse y se heló incluso unos días por los 15 grados bajo cero que se registraron un invierno. "Vi pasar a una o dos personas por encima". Con buen tiempo, no era descabellado ver a gente bañándose. "Pero salían marcas en la cara por el agua retenida. Mi hermano echó patos y no los pudimos comer porque tenían gusto a ranas". Estos días ha recordado éstas y otras historias en torno a una balsa a la que se le atribuía una leyenda. "Se decía que crecía por las catástrofes. En 1937, la primera que me acuerdo, murió el papa Pío XI y la balsa se llenó".



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