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ESTELLA

Cuatro agricultores crean en Lodosa la mayor 'huerta' ecológica navarra

R. ARAMENDÍA/LODOSA    
Actualizada 07/05/2012 a las 11:30
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Jaime Zabaleta y Vicente Gorbea aplican en un campo de patatas un sistema mecánico para la eliminación de las malas hierbas .. MONTXO A.G. Jaime Zabaleta y Vicente Gorbea aplican en un campo de patatas un sistema mecánico para la eliminación de las malas hierbas . MONTXO A.G.
No es la finca de producción ecológica más grande de Navarra, aunque sí la más completa en la proporción de superficie y número de cultivos. Cuatro agricultores han creado en Lodosa la mayor "huerta" ecológica de Navarra, 25 hectáreas en las que se producen casi todas las variedades hortofrutícolas que una buena mesa necesita. Se trata de la sociedad agraria de transformación (SAT) La torre verde, en la que Pedro Gumiel y Javier Mendía, socios en la empresa de distribución ecológica Gumendi, se han aliado con los agricultores Vicente Gorbea López, de Sesma, y Jaime Zabaleta Ruiz, también de Sartaguda como los dos primeros, para reunir más de 75 parcelas, unas en propiedad y otras arrendadas que garanticen una base de producción anual suficiente y estable para la distribuidora.

Gumendi cuenta con 50 ha de frutales propios en Fontellas, Calahorra y Murillo de Calahorra y desde su creación en 1992 ha forjado vínculos a largo plazo con agricultores a los que compraba su producción. Fruto de esta relación de más de una década con Gorbea y Zabaleta, surgió en 2008 la decisión de crear una sociedad conjunta en la que cada uno tiene el 25%, con la que nace un nuevo modelo de producción ecológica.

Desde la finca, separada en dos núcleos de 17 y 8 ha a ambos lados de la carretera desde Lodosa hacia El Villar, se domina en un promontorio la visión de la llamada torre de Lodosa, una atalaya medieval, que da nombre a la finca. Muy cerca existe un término denominado Las matanzas, en recuerdo de una emboscada del ejército musulmán en tiempos de Alhaquén II. "Si varios miles de hombres pudieron esconderse aquí, hasta 30.000 según dicen las crónicas, el paisaje tenía que ser forzosamente muy distinto al de ahora", deduce Pedro Gumiel. En un horizonte casi sin árboles, de campos roturados y cultivados, La torre verde introducirá ahora algunos paradigmas ambientales.

La peculiaridad de la explotación reside más en el concepto que en el tamaño, porque reproduce un universo completo de producción agraria ecológica, con la variedad y la rotación de cultivos como pilares esenciales. Una de sus señas de identidad es la incorporación de vegetación no productiva para reforzar los ciclos naturales. Hileras de setos y flores fomentan una biodiversidad que resulta beneficiosa para unos cultivos que prescinden de herbicidas y fertilizantes de origen químico. "Cuando alcancen cierta altura, los setos funcionarán como cortavientos y pantalla aislante de los tratamientos de campos vecinos, pero sobre todo se han elegido varias especies de arbustos que los convierten en un reservorio de insectos depredadores de las plagas", explica Pedro Gumiel.

Reforzar la naturaleza


En la entrada de la finca y junto a un campo de patatas, están los 12.500 m2 de invernaderos fríos (sin luz ni calor artificiales), entre los que se han plantado una de las primeros prados floridos, doce metros cuadrados con plantas aromáticas, como salvia, milenrama, romero o espliego, que se renovarán por sí mismos durante tres años. El resto de las parcelas y cultivos también estarán separados por bandas de flores que suman dos kilómetros. El paisaje quedará, pues, bastante distinto al del campo convencional. "Con ayuda de expertos del ITG hemos escogido las especies en función de los cultivos que vayan a estar próximos", explican Gorbea y Zabaleta, los dos socios que se encargan directamente del manejo de la tierra. Favorecer la presencia de insectos polinizadores es el objetivo fundamental de las flores. "Dejamos que una parte del trabajo la haga la naturaleza", resalta Gumiel.

En el resto de las labores, en La torre verde se siguen gran parte de los procedimientos de la agricultura ecológica, desde el abono verde de beza/avena hasta la biofumigación, que se realiza normalmente con mostaza. También se desarrollan nuevos procedimientos para conseguir por medios mecánicos y no químicos el control de las malas hierbas en un sembrado de patatas, por ejemplo.

Esta vuelta a los usos tradicionales de la tierra tiene también su incidencia a la hora de seleccionar incide Pedro Gumiel. "Aunque durante muchos años hemos cultivado las variedades comerciales de tomate porque son las que más se piden también hemos hecho un trabajo de recuperación de una variedad autóctona, de color más amoratado, a la que hemos bautizado como 'udagorri', con una presencia quizá no tan buena, pero con una textura y un sabor más cercano al tomate de siempre. Nos ha dado resultado, porque el 'udagorri' supone ya la mitad de nuestra producción de tomate".




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