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SITUACIÓN DE EXCLUSIÓN

Unas 60 personas viven hoy en las calles de Pamplona

  • El perfil de estas personas que se encuentran en "situación de calle" es variado y está cambiando

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Tomás, una de las dos personas que ocupaban la casa en el momento del incendio, observa desde la cuesta de Curtidores la columna de humo. IVÁN BENÍTEZ

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PUENTE DE LA MAGDALENA Aspecto que presenta el interior de sus tres arcos y sobre los que los tres Reyes Magos entraron a Pamplona ayer por la tarde. FOTOS IVÁN BENÍTEZ

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Actualizada 06/01/2012 a las 01:45
  • IVÁN BENÍTEZ . PAMPLONA

"¡Han quemado nuestra casa! ¡El fuego ha sido intencionado! ¡Nosotros dormíamos en la primera planta!", gritaban de impotencia Tomás y Mónica apoyados en la barandilla de la cuesta de Curtidores, mientras veían arder la casa de tres plantas que llevaban "ocupando" dos años. Mónica y Tomás ponen rostro a estas 60 personas que se encuentran hoy en situación de desamparo en las calles de la capital navarra.

Los servicios sociales del ayuntamiento de Pamplona reconocen que no hay un censo propiamente dicho, pero aclaran que están elaborando estos días una memoria pormenorizada tras realizar un seguimiento diario.

El equipo de calle lo conforman dos trabajadores sociales, un hombre y una mujer, que permanecen coordinados directamente con la Policía Municipal de Pamplona. Según explican, esta cifra de 60 personas "es una media" que depende de diferentes circunstancias. "Bien porque han conseguido una habitación o una pensión durante unos días, bien porque han ingresado en el hospital, en prisión, han dejado la ciudad...". Aunque el perfil está cambiando, en la mayoría de los casos coincide el mismo denominador común: desestructuración y alguna adicción. Calculan que habrán atendido directamente en la calle este último año a unas cien personas.

3.179 USUARIOS

A pesar de que el Centro de Personas sin Hogar (albergue de transeúntes) se encontraba la noche de ayer completo, tanto las 15 plazas para empadronados como las 35 para itinerantes estaban ocupadas, a Mónica y Tomás les hicieron un "hueco" para dormir.

Por este edificio de dos plantas y 865 metros cuadrados, ubicado en Trinitarios desde marzo de 2010, que antes se localizaba en González Tablas, y que ha cumplido su primera Navidad, han pasado ya 3.179 usuarios diferentes desde julio de 2010. El programa para itinerantes consiste en alojamiento durante tres días al año a personas sin hogar que son de fuera de Pamplona. Reciben cama, comida y asesoramiento. Se les gestionan citas en centros de salud. Por otro lado, están las 15 plazas para residentes. Con ellos se desarrollan procesos de reinserción.

"ME PREOCUPA LA SITUACIÓN"

Con la llegada del frío, el Ayuntamiento activó hace unos días el "Protocolo contra el frío" para atender a personas que viven en la calle. Este año se cuenta además con los locales del Centro de Atención a Personas sin Hogar. "Si no hay suficientes plazas, se reparten vales de pensiones", expresa Rubén Unanua, director del centro. Este protocolo se ejecuta desde hace varios años en colaboración con las áreas de Bienestar Social e Igualdad y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento, y pretende que ninguna persona sin hogar que se encuentre en Pamplona se quede sin alojamiento en situaciones de climatología adversa. La condición para que se active este plan de acción entre los meses de noviembre y marzo, precisa que la temperatura descienda a 3 grados o menos, o que se produzca lluvia intensa o nieve. "Por cuestiones de salud de las personas flexibilizamos las medidas", indica Unanua, que se mantiene pesimista al opinar sobre el presente y el futuro. "No existe capacidad para dar salida a todos. Es más, no creo que tengamos que dar respuesta a todos", y avisa: "Va a ser difícil estar preparados. Familias con menores se van a ver en la calle. Nos preocupa".

Lo que no vieron los "Magos" al entrar en la ciudad

ESPERANZA? ¿Qué es la esperanza?", pregunta Hassan (así es como dice que se llama) somnoliento y parapetado entre los cuatro cartones que le "protegen" del frío y la humedad. Hassan duerme desde hace un mes bajo uno de los pasos de acceso al casco viejo de Pamplona, a escasos metros del Portal de Zumalacarregui.

Es martes, 3 de enero. Son las nueve de la mañana. Una intensa niebla envuelve la ciudad. Ha llovido toda la noche. El termómetro marca cuatro grados. Un grado por encima de la temperatura que activa el protocolo contra el frío para atender a personas que viven en la calle. Varias goteras calan la escasa ropa (un pantalón y dos sudaderas) que cuelga de los cartones. Dos sillas de mimbre rotas conforman el único mobiliario. Un petirrojo revolotea de silla en silla. Hassan se despereza al escuchar ruido. Entumecido, asoma la cabeza asustado. La manta que le protege no es una manta sino una funda de colchón arruinada por la suciedad y la humedad. Su rostro queda al descubierto. Su físico es magro. Seco. Consumido por la intemperie. Al descubrirse deja a la vista un saco de dormir marrón. Mientras habla, la vida fluye con normalidad por encima de su cabeza. Los viandantes suben y bajan apresurados, cargados de paquetes, ajenos a lo que ocurre a sus pies. Faltan dos días para la noche mágica. Los Reyes Magos entrarán por Pamplona muy cerca de este puente.

Hassan, de 52 años (los cumplió el uno de enero), es natural de Marruecos. Está casado y tiene dos hijos pequeños. Toda su familia reside en Marruecos. Explica que nació en una pequeña aldea del sur del país, a 40 kilómetros de Casablanca, en pleno Atlas. Que llegó a España en 1992 y que reúne todos los papeles en regla. Ha trabajado en la agricultura y la construcción. Ahora está en paro y en junio dejó de cobrar el subsidio. Sobrevive con los pocos ahorros que le quedan de trabajar en verano. De momento, le han denegado la renta básica. "No puedo pagar la habitación. No me llega. Tengo que enviar 200 euros al mes a Marruecos. No me queda dinero para mí", tras unos minutos de conversación, el petirrojo reaparece. Se queda en silencio. Reflexiona acerca de la pregunta del inicio. "¿Esperanza? ¿Mi sueño? Creo que volveré con mi familia. Aquí ya no puedo vivir", echa mano al termo de café que Moisés, uno de los dos "vecinos" que vive desde hace cuatro meses bajo el puente del Vergel, le ha dejado durante la madrugada. Alguien, antes que Hassan, ha abierto el termo. También hay mondaduras por el suelo. No le preocupa. Sabe quién ha sido. Todas las mañanas, desde hace cinco años, acude a este lugar un hombre corpulento de 80 años llamado Fidel Aldaz. La historia de este hombre es extraña. Asegura que está casado y tiene dos hijas. Cuando uno se postra a sus pies y conversa con él no encuentra lógica a lo que sucede y hace. Razona perfectamente. Expresa que no sabe porqué. Llega a primera hora de la mañana, cuando Hassan ya se ha ido, y se tumba sobre los mismo cartones, se cubre con la misma funda, y duerme.




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