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DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS

Del infierno de una prisión de máxima seguridad cubana a Pamplona

  • "Me detuvieron con 21 años. Tengo 27. Me han robado los mejores años. He pasado seis encerrado en cárceles de máxima seguridad. Mi delito: manifestarme en favor de los derechos humanos en el centro de La Habana. Hoy el gobierno español nos ha abandonado"

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Del infierno de una prisión de máxima seguridad cubana a Pamplona

Erick Caballero con el pasaporte de su país. A sus 27 años, después de seis años en prisión, no renuncia a regresar a Cuba. BENÍTEZ

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Actualizada 20/08/2011 a las 01:44
  • IVÁN BENÍTEZ/CARMEN REMÍREZ . TORRELAVEGA (CANTABRIA)

INFRAHUMANAS. Sin asistencia médica. Sin comida. Encerrados 23 horas al día. Así es como sobrevivimos los presos cubanos en las cárceles de máxima seguridad de mi país. Las celdas son barracones. Habitáculos sin ventilación. Es angustioso. No hay nada qué hacer. Sólo te permiten pasear una hora por el patio. El hacinamiento es total. Duermes en literas con otros 45 presos, con un baño turco para todos. Los colchones son sacos rellenos de esponja. Infestados de chinches. Entre una cama y otra apenas hay 20 centímetros. Si en verano el calor es infernal, en invierno el agua se filtra a borbotones por las paredes. La humedad es insoportable. ¿Comida? Sobrevives gracias a lo que te trae tu familia una vez cada 45 días. Te quedas muy débil. Siempre la misma ración, si se le puede llamar así. Te levantas a las seis de la mañana. Después del recuento, a las siete, desayunas agua caliente con infusión o chocolate y una masa de harina con azúcar. La comida consiste en un tapón de arroz con algo de col, picadillo de soja y un dulce de harina. Mezclan a los presos políticos y a los comunes en el mismo barracón. Nos diferenciamos de ellos porque los políticos no llevamos el uniforme de preso. ¿Cómo se puede soportar algo así? El ser humano se adapta a todo. Las secuelas son importantes: problemas psicológicos, úlceras, pérdida de visión, etc. El contraste de la oscuridad de los barracones y la luz natural que proyectan los muros interiores de marmolina, te termina dejando ciego".

Probablemente sea uno de los presos políticos más jóvenes. Hasta los encarcelados le miraban extrañados por su juventud. Erick Caballero Martínez, de 27 años, ha sobrevivido a seis años de cautiverio y a cuatro prisiones de alta seguridad. Le detuvieron con 21 años. Se le acusaba de desorden público. El 8 de abril, gracias a la intermediación de la iglesia católica, y a un acuerdo entre España y Cuba, salió libre de la mazmorra nº 1.406 de la prisión de máxima seguridad Combinado del Este, de la provincia de La Habana. Aterrizó en Pamplona al día siguiente. Esa noche y durante todo el mes, él y su familia vivieron en una pensión de la calle Jarauta. Hace dos meses, la Cruz Roja les trasladó a Torrelavega (Cantabria). En este lugar, sus vidas volvieron a cambiar, a peor.

"Me quitaron los mejores años"

El domingo 3 de abril, a las cinco de la tarde, Erick recibía una llamada en la cárcel. Era Jaime Ortega, arzobispo de La Habana. "Erick -le dijo el arzobispo al otro lado del auricular- podrás dejar la cárcel y comenzar una nueva vida en España, si aceptas las siguientes condiciones...". Erick se quedó pensativo... "¿condiciones?", le preguntó. "Sí. Irás directamente al aeropuerto. Allá te encontrarás con las seis personas que quieras que te acompañen". Erick quería aguantar en la cárcel un año más y así cumplir la condena. Sin embargo, por otro lado, no soportaba ver a Joani, su mujer, en la cola de la puerta de la cárcel cada 45 días para poderse ver sólo tres horas. Tres horas que quedaban reducidas, dependiendo del número de familiares en la cola de entrada. Y así fue.

El día que Erick salió de la cárcel, el régimen castrista no le permitió pisar su casa. Ni siquiera para recoger algo de ropa. Tampoco pudo despedirse de los suyos. Su madre, su prima, su tía, su mujer, su cuñado y el hijo de su mujer fueron los "afortunados" que le acompañaron en un vuelo charter fletado por el Gobierno español, y en el que viajaron más presos políticos con sus familiares. Un periplo que, de momento, no tiene final feliz.

Aunque el régimen le arrebató los mejores años de su vida, no consiguieron doblegarle. Sensible por los derechos humanos, Erick siempre ha sido un joven valiente. Empezó a trabajar con 16 años, bajo la sombra de la paleta de su abuelo, del que aprendió el oficio. Pero el tiempo le abrió los ojos a una realidad bien distinta. Aprendió que el silencio es el único seguro de vida de los cubanos. Un seguro de vida que no iba con él. Intentaron amordazarle. Amenazaron de muerte tanto a él como a su abuelo. No se rindió. Se afilió al Partido Pro-Derechos Humanos de Cuba. Fue detenido y encarcelado 36 días en una celda de castigo tapiada. Completamente oscura. Sin noche. Sin día. Una tortura psicológica a la que se suma el calor y el frío de un aire acondicionado a tope.

Amnistía Internacional (organización dedicada a la defensa de los derechos humanos y los prisioneros de conciencia) considera que cientos de personas están hoy encarceladas por sus creencias políticas o religiosas, por motivos étnicos, sexo, color de piel, o idioma. "Gente que siempre ha actuado de manera pacífica. Sin violencia", señala esta organización. El sistema judicial en Cuba tiene pocas provisiones para proteger a estos individuos, dado que los abogados en este país son empleados por el Estado y muchas veces temen cuestionar al departamento de Seguridad del Estado por posibles represalias. Los abogados de los prisioneros no siempre tienen tiempo para preparar una defensa, y a los detenidos no se les permite entrevistarse con sus abogados o son hasta presionados a firmar documentos incriminatorios.

A Erick le acusaron y juzgaron por desorden público, por propaganda enemiga, y por dañar la propiedad del Estado. Erick, sencillamente, se manifestó el 16 de julio en la calle Reina de La Habana con otros activistas del partido contra las violaciones del régimen castrista.

El pasado domingo 24 de julio, siete años después, Alberto, cuñado de Erick, abre la puerta de casa a este periódico. Desde hace dos meses Erick, Joani -su mujer-, su hijo Jairo y Alberto residen en Torrelavega. Intentan rehacer su vida sin muchas esperanzas. Sentado en el sofá, entre paredes blancas desnudas, bajo la mirada de una pintura de un arlequín llorando, recuerda su drama en prisión. Lo hace con entereza. Aprovecha para denunciar la situación de todos los prisioneros políticos cubanos en España. "No hay palabras", dice serio: "Angustia, desaliento, desánimo, pesimismo. Nos sentimos abandonados. No sabemos cómo actuar. No nos han dado ropa ni dinero. ¿Qué va a hacer este gobierno con nosotros? No pedimos venir. He perdido los mejores años de mi vida". Joani interrumpe la conversación: "¿Queréis un café?". Erick prosigue: "En el avión nos entregaron un documento donde se nos informaba del proceso de acogida". Extrae el documento de una carpeta. Lo muestra.

En este escrito se describe el proceso de amparo. Se apuntan dos fases: una primera en la que se dice que la organización de referencia para todas las familias es la Cruz Roja española. Durante este periodo, provisional, el documento aclara que los refugiados cubanos permanecerán en un hostal con desayuno, comida, cena, artículos de primera necesidad y lavandería de manera provisional. Tendrán derecho a asistencia sanitaria, psicológica, tramitación de documentación y asesoramiento legal, atención social, transporte (bonobús) y podrán realizar actividades de ocio. En la segunda fase se marca el paso del hostal a un centro de acogida o a un piso. En esta segunda etapa del traslado, se incluye la misma cobertura de necesidades básicas, facilitando asimismo apoyo psicológico emocional, asistencia jurídica, asesoramiento y orientación.

"Abandonados" en Torrelavega

Erick se queda mirando las cinco páginas del documento. Las repasa una vez más, sonríe: "No hemos recibido nada. Sólo el mes que estuvimos en Pamplona nos cuidaron y nos dieron todo lo que prometieron. Se portaron muy bien con nosotros. Nos gustaría regresar. La Cruz Roja nos ha abandonado en Torrelavega". Joani sirve el café. "¿Cómo es posible que no hayan proporcionado a mi marido un psicólogo después de seis años encerrado en un barracón?". Joani sufre unos fuertes dolores en los ovarios. "Me operaron de pólipos en el útero en Cuba. Aquí me han dado cita para dentro de un año. No aguanto más". Alberto, hermano de Joani, se suma a la conversación: "Vinimos aquí para salir adelante. Todo lo que nos prometieron... nada. Nos han retirado las ayudas. Estamos perdidos. Hasta octubre no nos dan los papeles y nosotros estamos acostumbrados a trabajar. Yo, personalmente, estoy pensando en volver a mi país. Sueño a diario con hacerlo. Mi cuñado no puede".

Erick retoma el hilo: "Me han echado de la Cruz Roja por reivindicar unos derechos básicos que me ofrecieron. Denuncié la situación en un periódico de Miami, y eso no gustó. Si la Cruz Roja de Pamplona cumplió con todos los requisitos, ¿por qué en Torrelavega no? Todos los prisioneros políticos estamos igual. Nos sentimos desamparados. Después de lo que hemos vivido. Me han robado los mejores años de mi vida. Físicamente estoy bien por fuera, pero, por dentro... es otra cosa. Estamos muy mal. He soportado cosas inimaginables en la cárcel. Torturas físicas y psicológicas". Alguien llama a la puerta.

La charla queda interrumpida. Es Elisa, la hermana de Jorge Luis, otro preso cubano que viajó en el mismo vuelo. "Mi hermano tiene 30 años. Ha pasado 8 en prisión", cuenta Elisa. Todos los presos políticos coinciden en regresar a Cuba. "No tenemos dinero ni para comprar un helado a nuestros hijos. ¿Para qué han querido sacarnos de nuestro país? ¿Para abandonarnos?". Ahora interviene Alberto, el cuñado de Erick: "Este mes de agosto nos vencen los papeles y hasta octubre no nos los renuevan. Sueño con mi país todos los días. Volveré". Erick también asiente. No se puede morder la lengua: "Prefiero regresar a Cuba, aunque me maten. En España no queda ningún horizonte de esperanza. Yo cumplía en 2012 mi condena. Hubiera ido a Estados Unidos. Aquí no hay protección. Si llegamos a saber que este país está así, no venimos".



  • Pamplonesa
    (20/08/11 18:57)
    #5

    Pues no hay ni pocos navarros sin dinero para helados y esperando años para ginecólogos y psicólogos...

    Responder

  • RG
    (20/08/11 18:57)
    #4

    Gracias a la reagrupación familiar un padre establecido en los EEUU, logro que su hijo fuera con él. Alli se dio cuenta del paraiso perdido, cuando en los EEUU tenia que trabajar como loco para salir adelante, mientras que antes con los 200 dolares mensuales que le enviaba su padre era un "tumbaito de lujo".

    Responder

  • Ander
    (20/08/11 15:46)
    #3

    PUes nada, a los USA q seguro q lo reciben mejor q aqui. En fin..........

    Responder

  • Felipe Irisarri
    (20/08/11 15:25)
    #2

    ¿Qué es lo que tiene que dar este país? ¿Qué tipo de protección? ¿Qué tipo de ayudas, con recortes como a todos o sin recortes? Esa sensación de desamparo ¿es igual que la del trabajador en paro o es diferente? ¿Un psicólogo.....? Porque últimamente, a todos nos hace falta uno, durante las veinticuatro horas del día. Pero dado que su caso es especial, tendremos en cuenta su capacidad de cortesía porque de bien nacidos es ser agradecidos. Ahora bien, si no hay nada que agradecer.....

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  • RG
    (20/08/11 08:29)
    #1

    Entre los presos politicos expulsados: dónde hay algún negrito? o no quedan?. Cuba ha sido siempre gobernada por una oligarquía blanca. Primero los españoles y la Iglesia, luego los independentistas, luego los pro EEUU y finalmente los castristas. Todos se las han arreglado para dominar al pueblo cubano de color que se ocupan, de lo que fué la razón de su llegada a la isla: el trabajo del algodon, la caña y el tabaco. Es muy raro que Fidel esté rodeado de un negro en la foto. Por qué todos los expulsados hacia España son casi todos blancos?. Estos no son disidentes del pueblo cubano: son disidentes de la oligarquía castrista!.

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