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Qué bonito es ver al biznieto por Skype

Mª Dolores tiene 88 años y acude todos los miércoles al grupo de poesía del Ateneo Navarro. Dice que “la casa te come” que hay que salir, pasear, hablar, reír y, sobre todo, recordar los buenos momentos, esos que se pasan en familia, con unos hijos que son de lo bueno lo mejor, en una ciudad, Pamplona, mucho más abierta de la que conoció en su infancia

Mª Dolores Santesteban 'Tola', esta semana en su casa del Ensanche de Pamplona.

Mª Dolores Santesteban 'Tola', esta semana en su casa del Ensanche de Pamplona.

Mª Dolores Santesteban 'Tola', esta semana en su casa del Ensanche de Pamplona.

Actualizada 02/12/2016 a las 10:52

"Ya le voy a enseñar bolsos para usted”, le dijo la dependienta cuando Mª Dolores reparó en un modelo supuestamente juvenil. “No me traiga bolsos de vieja que me gusta este, para vieja ya estoy yo y no me voy a limitar a uno pocho”. El episodio deja intuir un carácter algo rebelde, quijotesco tal vez, el de esta pamplonesa de 88 años, nacida en el Paseo de Sarasate, en una sociedad acostumbrada a que una joven caminara por la senda que le habían diseñado. Pero no. Ella se ponía pantalones para montar en bicicleta, no se casó demasiado joven y decidió que sus cuatro hijas estudiarían, igual que sus dos hijos. Acude cada semana al grupo de poesía del Ateneo Navarro. “Estamos medio locos, pero lo pasamos bien”, sonríe a la vida en su casa del Ensanche.


Mª Dolores Santesteban Iribarren no retiene la fecha exacta en que murió su marido. Y no es por falta de memoria. “Hace unos cuatro años. Pero lo desagradable no lo cuento nunca, recuerdo más el cumpleaños”, deja otra respuesta inesperada en una conversación distendida, frente a una mujer elegante, de ojos bien atentos, como si aún tuvieran hambre de aprender. Tras ella, una librería donde apenas caben más libros, de pared a pared. Nunca los dejó de lado, aunque confiesa que en esos años del despertar, casi le gustaba más bailar en el Casino de la Plaza del Castillo.


Mª Dolores creció en el Paseo de Sarasate y ya desde entonces la llaman ‘Tola’, porque de niña no dejaba que le cogieran de la mano. “Les decía: la nena tola, quería ir sola”, descubre tantos años después. Iba con su padre, Vicente, a los partidos de Osasuna, y enumera aún hoy de tirón la alineaciones de la época. “Ahora ya no voy, que no quiero pasar frío”, ataja. Porque de su infancia tiene dos malos recuerdos, la Guerra Civil y el frío. Iban también al remonte, al Euskal Jai, y fue madrina del Anaita. Estudió en las Ursulinas y en la academia de preparación a la universidad. Terminó Bachiller que, “para entonces, ya era mucho en una mujer”. “Lo normal era que te casaras pronto”, apunta, y cuenta su paso por el altar, unos años más tarde, con 26. Lo conoció en Madrid. Meteorólogo, se llamaba Roberto Ibáñez, y ya casados acabó Ingeniería Naval. “Era guapo, y bueno para los estudios, pero para la vida un poco atontado, como todos los hombres”, ironiza. Era de Logroño, vivieron allí, también en Madrid y en Ferrol. “Pero yo quería que mis hijas estudiaran aquí, y vinimos a Pamplona”. No le pena. “Soy de familia, de grupo, no miro lo personal”, dice y, a bote pronto, llora. Solo un momento, el único en una tarde de sonrisas.


Mª Dolores es callejera. “La casa te come”. Todas las mañanas pasea, los miércoles va al Ateneo y hasta no hace mucho acudía como voluntaria de Cruz Roja en residencias de personas mayores. “Algunos eran más jóvenes que yo. Ahora el éxito está en la juventud, la sensación que tienes a veces es que eres tonta, pero a mí me da la risa, no me da por ponerme trágica”, describe. Nunca se ha dejado “llevar por las tendencias”. Tanto que en su cumpleaños no extraña que le regalen un diccionario de sinónimos, por ejemplo. De él se ayuda en la poesía libre, esa que no va de la mano de las rimas. Disfruta de ella y de lo que tiene a mano. “Para qué voy a pensar en ir a China si sé que no voy a ir, pues como que no. Qué mejor que tomarse un helado, las meriendas de los viernes, o poder ver el sol”. O conocer por Skype a su único biznieto. Tiene 8 meses y vive en Francia.


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