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OKUPAS EN PAMPLONA

El colectivo okupa resurge en Pamplona

Desde 2007, cuando Pamplona registró la última ocupación ilegal de un edificio, el Palacio de Rozalejo, hasta el pasado mes de diciembre cuando se ocupó un edificio de Compañía, la capital no había vuelto a ser escenario de una ocupación colectiva

Varios jóvenes del colectivo hiREKin el pasado sábado 8 de octubre ante el edificio ocupado en el Paseo de Sarasate.

El colectivo okupa resurge en Pamplona

Varios jóvenes del colectivo hiREKin el pasado sábado 8 de octubre ante el edificio ocupado en el Paseo de Sarasate.

Actualizada 29/10/2016 a las 12:03
  • A.O.

En el último año la capital navarra ha sido escenario de varios movimientos protagonizados por colectivos okupas, con una clara intención de reclamar a las instituciones que les solucionen la supuesta necesidad de viviendas y centros sociales en los que desarrollar sus actividades.

El ejemplo más reciente ocurrió hace apenas una semana, cuando un grupo de jóvenes del colectivo hiREKin (procedentes de la lucha en diferentes ámbitos) ocupó un edificio vacío, de propiedad privada, en el Paseo de Sarasate como forma de denunciar el modelo de mercado de vivienda. No era la primera ocupación de características similares en Pamplona, ni tampoco será la última seguramente. En estos momentos, de hecho, otro grupo de jóvenes ocupa ilegalmente una antigua nave industrial en la calle Artica de la Rochapea, que utilizan como gaztetxe del barrio. Y en la localidad limítrofe de Barañáin varios jóvenes ocupan desde septiembre el señorío de Eulza con la finalidad de darle un uso social. En este caso el recinto elegido tiene una superficie de 24.000 metros cuadrados y dispone de un caserón de 700 metros cuadrados, además de una capilla y extensos jardines.

LA ÚLTIMA OLA

Todo hace indicar que los movimientos okupas están resurgiendo estos últimos meses, al menos en la capital navarra y en los alrededores. Está a punto de cumplirse ahora, en diciembre, un año de la ocupación de un edificio de viviendas, también desocupado, pero en este caso propiedad del Gobierno de Navarra, en la calle Compañía.

A diferencia de la okupación de hace una semana, que apenas se prolongó por espacio de 3 horas hasta que los jóvenes fueron desalojados por la Policía Municipal de Pamplona, el de la calle Compañía se prolongó durante 6 meses y, además, no terminó con un desalojo sino con un ‘traslado festivo’ de los okupas a un chalé que el Ayuntamiento de Pamplona les cedió de forma gratuita a modo de gaztetxe.

Hubo después una segunda ocupación del edificio de la calle Compañía, al poco de quedar libre, pero esta vez protagonizada por jóvenes que reclamaban viviendas, no gaztetxes. Su estancia apenas duró unas semanas hasta que fueron desalojados por la Policía Foral.

De un primer análisis de estos últimos casos se puede desprender que quienes reclaman viviendas mediante la ocupación de inmuebles, tienen menos éxito que aquellos colectivos que se movilizan para pedir un local de uso social.

OTRAS OCUPACIONES

En Pamplona, como en otras muchas ciudades, el movimiento okupa no es nuevo. Sin embargo, es cierto que la capital navarra ya casi había olvidado ocupaciones colectivas y con repercusión mediática, y habría que remontarse a la primavera de 2007 para fechar la última.

En aquella ocasión, muchos lo recordarán, 46 jóvenes fueron detenidos tras ocupar el Palacio del Marqués de Rozalejo, en la plaza de Navarrería, propiedad del Gobierno de Navarra. La mayoría de los detenidos procedían de fuera de Navarra (Huesca, Córdoba, Granada, Álava, Asturias, Guipúzcoa, Ávila, Castellón, Murcia, Sudáfrica o Andorra) y habían acudido a Pamplona a través de un llamamiento, probablemente por las redes sociales.

Su protesta apenas duró 24 horas y fueron desalojados por agentes de la Policía Municipal y Foral.

Pero no cabe duda de que la ocupación que los pamploneses mejor guardan en la memoria es la que tuvo como escenario el antiguo frontón Euskal Jai, en la calle San Agustín del Casco Antiguo. Aquel acto de protesta en el que la denominada Iruñeko Gazte Asamblada reclamaba el edificio como un local social o gaztetxe se prolongó por espacio de 10 años, desde mayo de 1994 hasta agosto de 2004. En aquel caso el desenlace, con un desalojo que provocó importantes y numerosos disturbios en el Casco Antiguo, llegó cuando el Ayuntamiento de Pamplona se hizo con la propiedad del edificio y consiguió un auto judicial que le autorizaba a entrar al inmueble, después de varios intentos sin éxito para que los okupas lo abandonaran .

Durante aquella década el antiguo frontón se convirtió en un centro de actividades sin ningún tipo de licencias ni control y con luz conectada al tendido eléctrico sin permiso obviamente. Tras el derribo, el Ayuntamiento construyó el Aquavox.

Como respuesta al desalojo, aquellos jóvenes ocuparon la misma semana la antigua iglesia de Jesús y María, en la calle Compañía (hoy en albergue de peregrinos), también propiedad del Ayuntamiento y, de forma paralela, el Palacio de Mendillorri, propiedad del Gobierno de Navarra.

En ambos casos los jóvenes reclamaban sendos gaztetxes en los que reunirse y organizar actividades para el barrio. Los dos inmuebles fueron desalojados al día siguiente de ser ocupados. En el primero fueron detenidos 27 okupas acusados de usurpación de bien inmueble y de delitos contra el patrimonio.


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