Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página HIBERUS | Google Plus Hemeroteca Edición impresa DN+ Tablet
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete
El Tiempo: Cargando...

La Hemeroteca
URBANISMO

Cómo pudo Pamplona haber afrontado el derribo de sus murallas

  • A los 100 años de su demolición, tres arquitectos, Verónica Quintanilla, Luis Tena y Ramón Garitano, reflexionan sobre qué hubieran hecho

Proyecto del equipo de Verónica Quintanilla

Proyecto del equipo de Verónica Quintanilla

Proyecto del equipo de Verónica Quintanilla.

LUIS PRIETO/JOAQUÍN TORRES
Proyecto del equipo de Luis Tena

Proyecto del equipo de Luis Tena

Proyecto del equipo de Luis Tena

CRISTINA BALET SALA
De cómo Pamplona pudo haber afrontado el derribo de sus murallas

De cómo Pamplona pudo haber afrontado el derribo de sus murallas

Proyecto de Ramón Garitano.

Ramón Garitano
2
Actualizada 19/08/2015 a las 10:42
  • J.P.E. PAMPLONA
Cuentan que era un clamor popular, que sentían que aquellas piedras los asfixiaban, que vivían como en una olla a presión. Toca remontarse a principios del siglo XX. Los pamploneses de aquella época no consideraban que tuvieran que proteger sus murallas. Para la mayoría, en palabras del historiador Juan José Martinena, representaban una infraestructura inútil ante los avances bélicos, como quedó demostrado en la I Guerra Mundial. Ya habían cumplido un ciclo y sólo frenaban la evolución de la ciudad. Finalmente, en 1915 se autorizó su demolición y Pamplona perdió así una cuarta parte de su recinto amurallado.

El centenario del derribo de las murallas del frente sur se cumplió el pasado 25 de julio. Un hecho que dio paso a la ciudad moderna con la construcción del Ensanche. Este aniversario ha invitado, y sigue haciéndolo, a la reflexión. El tema no es nuevo, pero sí controvertido. ¿Pudo haberse evitado el derribo? ¿Fue la mejor decisión? ¿Se pudo acometer de otra manera? Tres arquitectos del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro dan su punto de vista. Un ejercicio que lleva, en algunos casos a fantasear, y sobre todo, a empatizar con los antepasados.

Especial hincapié hace en esta idea la arquitecta especialista en restauración de patrimonio Verónica Quintanilla. "Juzgar con los ojos de hoy a nuestros antepasados tiene el riesgo de que creamos que lo haríamos muchísimo mejor cuando, en realidad, sus decisiones sólo trataban de solucionar el problema concreto que tenían", sopesa.

¿Y EDIFICAR UN BARRIO EXTRAMUROS?

Esta profesional recuerda que, en 1915, la ciudad necesitaba expandirse. Como una opción valora el haber conservado el patrimonio fortificado y el diseño de un barrio extramuros. Sin embargo, la descarta. "Hubiera creado dos ciudades: la intramuros y la extramuros, con la fractura social que ello conlleva". Un mapa que, según Quintanilla, supondría volver a la Pamplona de antes del siglo XV, cuando las murallas separaban a sus habitantes y, en este caso, sin una función concreta.

En segundo lugar contempla el arrase completo de las murallas, pero lo desecha, al tratarse de una época "marcada por la austeridad". "Es cierto que 1915 es una fecha tardía para desconocer el valor artístico del conjunto amurallado. Pero no estamos en Alemania, donde en 1919 se fundó la Escuela de la Bauhaus. No hay todavía movimientos de vanguardia", justifica y concluye que ella y su equipo hubieran apostado por el derribo: "Juzgar las decisiones de nuestros mayores sólo sirve para darnos cuenta humildemente de que quizá no lo hubiéramos hecho mejor".

UNA CAPITAL CON PALACIO

Por otra parte, Luis Tena, profesor del departamento de Proyectos, Urbanismo y Teoría e Historia de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra, parte de una historia de ficción. Este arquitecto describe cómo términos como 'bulevares' o 'paseos de ronda' recuerdan los cambios sufridos por las murallas y la reutilización de esos espacios. De hecho, rememora cómo en París, Viena o Barcelona el episodio de sustitución de estas fortificaciones resultó clave en su historia.

Este capítulo lo aprovecharon en la Facultad de Arquitectura para realizar un ejercicio con los estudiantes. "Partiendo de una hipótesis de ficción, la construcción en Pamplona de un palacio y su consiguiente corte real en el barroco, los alumnos proponían sustituir la Ciudadela por un palacio con jardines, viviendas para cortesanos... El resultado, una Pamplona diferente y soñada".

¿Y UN DERRIBO PARCIAL?

Por último, el arquitecto Ramón Garitano fantasea sobre otras formas de integrar el recinto amurallado en la ciudad. Eso sí, tras dejar claro que considera que la decisión fue "totalmente razonable para una ciudad asfixiada por el recinto amurallado". "Fueron muchísimas ciudades españolas y europeas las que demolieron sus defensas, en muchos casos sin dejar rastro, en otros para construir paseos y en algún caso excepcional, como el de Viena, para dar lugar a espléndidos conjuntos. En un análisis comparativo, Pamplona resulta muy bien parada", opina.

Dicho esto, Garitano se lanza a dar alas a dos fantasías. En la primera, explica que para la construcción del II Ensanche sólo se necesitaba derribar el tramo de muralla entre Yanguas y Miranda y la calle Amaya. "Son las que enlazaron con la ciudad ya existente y las que incorporaron las siete manzanas del paseo de Sarasate, García Ximénez y Roncesvalles, asimiladas con naturalidad. Así, pudo haberse evitado el derribo del tramo entre la calle Amaya y el Baluarte de San Bartolomé, que hubieran podido sobrevivir entre los vacíos de la Plaza de Toros y la cuesta de Labrit".

En segundo lugar, Garitano cree que la mayor pérdida patrimonial se produjo dos décadas antes, con la amputación a la Ciudadela de los baluartes de San Antón y La Victoria para edificar el primer Ensanche y los cuarteles de Infantería. "Podemos hacer un ejercicio de fantasía imaginando una ciudadela con todos sus baluartes, aunque con dos de ellos alterados por la avenida del Ejército, con una línea de edificios adosada al lado sur del primer Ensanche y con un gran espacio público frente a los muros, conectado a los fosos por debajo de la avenida. Esa figura idealizada tuvo una última oportunidad de aproximación parcial con la construcción de Baluarte, cuando se pudo haber sacado a la luz el baluarte de San Antón. Pero ésa es otra historia...".


  • cordelero
    (19/08/15 09:20)
    #2

    Cómo podría Pamplona no haber afrontado el derribo de sus murallas:con una coordinadora de la izquierda abertzale en contra del derribo y, con un alcalde de su cuerda.

    Responder

  • navarro
    (19/08/15 08:35)
    #1

    Entiendo que se pudo haber edificado extramuros. Ávila es un ejemplo de ello.

    Responder


Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.






(*) Campo obligatorio

Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Noticias relacionadas
volver arriba
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual