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Procesión

Una madre y una hija que no quieren que "se rompa la tradición”

Koro Ciáurriz y Cecilia Monreal siguen los pasos del abuelo de la madre, quien abrió el camino a la familia

Una madre y una hija que no quieren que

Una madre y una hija que no quieren que "se rompa la tradición”

Cecilia Monreal y Koro Ciáurriz, hija y madre, se dan la mano en los camerinos.

J. Sesma
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Actualizada 02/04/2015 a las 11:12
  • DN
Desde que su abuelo salía de mozorro en la procesión y su madre era Hermana de la Soledad, Koro Ciáurriz Urtasun no ha dejado de intentar proseguir con el hilo conductor que conecta la Semana Santa con su familia. “Intento hacer como mi madre, que era el motor que nos iba metiendo poco a poco en la procesión a todos”, dice esta madre de 47 años.

Sus hermanos aparecen en el paso del domingo de Ramos y como mozorro, su marido es portador del Cristo Alzado y sus hijos, los chicos forman parte del grupo de romanos, y las chicas depende. “Han hecho de pueblo judío, de Verónica, de Melquisedec...”, enumera. “Yo me he sumado como al pueblo judío en cuanto me he quitado la última silleta”, ríe.

A su lado, su hija Cecilia, de 11 años, asiente ante las palabras de su madre. “Hay mucho ajetreo porque somos muchos niños y confundimos las coronas, que nos aprietan. Aunque siempre hay alguien que te ayuda”, dice en el cuarto año en que saldrá como parte de la procesión. “Me hace ilusión porque hay mucha gente y te sientes muy bien. Además tengo una amiga que siempre me saluda desde el mismo balcón. Sé que la tengo que mirar”, mantiene entre risas.

Ambas aseguran que cada vez se ven más chicas dentro de la Hermandad de la Pasión. “Más que mujeres, casi pedimos niños para que no se rompa la tradición y se dé una brecha generacional”, sostiene Koro.

PREVIAMENTE

En su caso, esta familia ya comenzó a vivir la Semana Santa desde el miércoles de Ceniza. “Hemos estado en los Via Crucis que se realizan en la catedral los viernes, así que partimos con ventaja”, bromea. Ahora, lo que pide es que el tiempo permita sacar la procesión. “Si no se puede desfilar, los niños terminan llorando porque han trabajado y se han ilusionado mucho, y es una pena”, asegura. “Es que a veces pasas frío cuando sales porque no te mueves a la vez que los pasos”, le replica su hija.

No obstante, ambas prefieren ver el lado positivo. “Seguro que sale todo estupendamente”, ríen.



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