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El nuevo club de jubilados de la Chantrea será realidad en un año

  • Los socios del club Irubide, situado ahora en un primer piso, serán los primeros beneficiados

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05/08/2013 a las 06:01
  • a.o.pamplona
Los 27 escalones que les separan de la calle han sido uno de sus mayores desvelos. Más todavía estos últimos años en los que por uno u otro motivo se ha retrasado el inicio de las obras del que va a ser el nuevo club de jubilados del barrio. Pero este lunes, la llegada de los operarios y de la maquinaria al solar situado entre las calles María Auxiliadora y Cuenca de Pamplona, en la Chantrea, les ha devuelto la ilusión.

El club de jubilados Irubide, el primero de los cuatro que existen en la Chantrea, podrá dejar así la que es su sede, en un primer piso que la Casa de Misericordia cedió gratuitamente a los mayores del barrio en el año 1978, a dos pasos del que ha comenzado a construirse.


Constantes retrasos

"Se hicieron gestiones durante bastantes años para dotar al edificio de un ascensor, pero no salió adelante. Luego hubo algunos problemas cuando se pensó en juntar en un mismo local el centro de día y el club de jubilados, hasta que al final se separaron. Y este año, cuando por fin se adjudicaron las obras, la empresa renunció y el Ayuntamiento tuvo que hacer una nueva convocatoria".

Lo relata así, con la sensación de que todo ha sido un mal sueño, María Asun Apesteguía, ex concejal socialista en Pamplona, ex parlamentaria, y una de las colaboradoras más activas del club Irubide.

"Ahora que ya hemos visto que las obras han empezado, estamos convencidos de que por fin va para adelante. Nos han dicho que el plazo es de 7 meses pero calculamos que no se podrá inaugurar hasta el próximo verano", señala Apesteguía. Y extiende un plano sobre la mesa para explicar la distribución del edificio, de una sola planta y con 400 metros útiles, que les liberará de las apreturas y los condicionantes de la actual sede.

"Pero lo principal es que va a ser accesible, porque en estos momentos tenemos más de 40 socios que ya no pueden venir al club porque les resulta imposible subir las escaleras. Y también la ubicación, porque todo el frente, que va a tener un porche, se abrirá al parque", describe el presidente del club desde hace más de 20 años, Saturnino Goñi Eraso.


Socios y actividades

El club asociación de jubilados Irubide tiene en estos momentos 671 socios, todos efectivos porque la junta directiva acaba de actualizar los datos, "aunque no todos vienen habitualmente por aquí". Y aunque no se paga cuota alguna, las actividades que se organizan son abundantes y ajustadas a los momentos actuales. "No se puede cobrar porque muchos de los socios tienen que ayudar ahora con sus pensiones a hijos y nietos, así que se ajusta todo hasta el mínimo detalle", dice Apesteguía.

Su agenda anual incluye, por ejemplo, 4 o 5 viajes anuales de un día de duración que realizan a la playa, o a Irache. Tienen charlas sobre actualidad, gimnasia de mantenimiento que imparte una de las socias tres veces por semana y que les obliga a retirar mesas y sillas de la única sala que tiene el local; campeonatos de mus y brisca, y cada mes organizan una actividad estrella, coincidente con alguna festividad, y que casi siempre concluye con un almuerzo que ellos mismos preparan.

Cuentan además con un grupo de voluntariado que entre otras actividades mantiene un ropero en el que recogen prendas, las arreglan, lavan y planchan, y reparten entre los más necesitados. "Se da a gente de la Chantrea, a otros barrios, y también enviamos ropa a otros países", explican Isabel Portillo Izu y Carmen Ibáñez de Esteban, socias y vocales de la junta. Ese mismo grupo realiza labores de acompañamiento a vecinos del barrio.

Muchas de esas actividades, incluidas las del voluntariado, las comparten los socios de Irubide con los de las otras asociaciones de la Chantrea (San Cristóbal, Auzotegui y Orvina 1200), un dato que da cuenta de la buena relación existente. "De hecho, muchos de los socios de los otros clubes lo son también de Irubide y vienen a nuestras instalaciones a menudo", destaca el presidente.

Lo único que es imposible compartir son los gastos, y la asociación de la calle María Auxiliadora tiene que hacer frente cada mes a más de 1.000 euros para el mantenimiento de los locales, con el agravante de que las ayudas que hasta ahora recibían de algunas instituciones, entre ellas el Gobierno y la Caja, se han reducido.



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