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LA OTRA CARA DEL SUCESO

Una camarera salva a un hombre con una parada cardíaca en plena calle

  • Raquel Irurzun, de 23 años y enfermera de Urgencias a tiempo parcial, fue alertada por los clientes de que un hombre se había desplomado mientras corría
  • La rápida actuación de la joven ayudó a reanimar al hombre, un deportista de 51 años, que permanece en la UCI del Hospital de Navarra

La joven Raquel Irurzun, en el lugar en el que realizó la reanimación, en la calle Fuente del Hierro de Pamplona.

Una camarera salva a un hombre con una parada cardíaca en plena calle

La joven Raquel Irurzun, en el lugar en el que realizó la reanimación, en la calle Fuente del Hierro de Pamplona.

AZCONA
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Actualizada 19/07/2013 a las 10:00
  • SAIOA ROLÁN. PAMPLONA
Tentaba al equilibrio con un par de descafeinados y un cruasán sobre una bandeja cuando en la acera de enfrente un hombre haciendo footing se desplomó. Raquel Irurzun Jiménez, natural de Ororbia de 23 años, nunca olvidará este instante. Lo vivió el 14 de julio a las 9.10 horas de la mañana, cuando atendía a una pareja de clientes en la terraza de la cafetería de la calle Fuente del Hierro en la que trabaja. "Percibí que la señora a la que servía el desayuno miraba al otro lado de la calle con curiosidad. Me comentó que un hombre se había desmayado en ese momento y no lo dudé. Dejé la bandeja y salí corriendo hacia él", recuerda la joven. Ahora, se percata de que cruzó sin mirar la calzada hasta el aparcamiento en el que se encontraba el hombre, junto al colegio Basoco.

Con los conocimientos médicos de los que dispone, dado que combina su empleo como camarera con su puesto de enfermera a tiempo parcial en el Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Camino, Raquel tuvo claro el diagnóstico: se encontraba ante una parada cardiorrespiratoria. "El aspecto azulado que presentaba el hombre me recordó a otras situaciones que ya había vivido en Urgencias, no me gustó ni un pelo y fui directa a tomarle el pulso. Efectivamente, su corazón no latía", explica. En ese momento y rodeada de un nutrido grupo de curiosos, tuvo que cargar con el papel de líder y dirigir la reanimación. Ella realizaba 30 compresiones torácicas, al tiempo que pedía a gritos una ambulancia, mientras otra enfermera, que pasaba por el lugar por casualidad, realizaba las dos ventilaciones correspondientes. "Recordé que tenía un kit para coger vías en la taquilla de la cafetería, dos voluntarios me sustituyeron en la reanimación mientras iba a por él. Quise colocarle la vía para agilizar el trabajo del personal de ambulancia y que pudiesen meterle la medicación lo antes posible", relata esta diplomada en Enfermería por la UPNA.

Fueron necesarias dos llamadas al 112, una a las 9.11 horas y otra a las 9.20 horas, para que llegase una ambulancia con desfibrilador. "Se me hizo el tiempo eterno. Tardaron en venir unos 20 minutos, 27 según un señor que lo cronometró. En estos casos, cada minuto es vital, el paciente va perdiendo alientos de vida cada segundo", indica. Y cuestiona: "Lo habitual es que el tiempo de espera asistencial ronde los 10 minutos. Si tardaron tanto, quizá haya que reforzar las ambulancias en lugar de recortar las subvenciones".

El corredor, un deportista pamplonés de 51 años, requirió tres choques eléctricos, a la tercera salió con pulso, le conectaron a un respirador y viajó "muy crítico, pero con vida" hasta el Hospital de Navarra, donde permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos. "Puede y es probable que le queden secuelas neurológicas, pero es pronto para saberlo con certeza. De momento sólo sé que está vivo, muy grave, pero vivo y eso ha sido un milagro", detalla la joven tras visitarle dos veces.

Raquel Irurzun desapareció de la escena cuando concluyó la reanimación. Corroboró que trasladaban al hombre con pulso y volvió a incorporarse a su puesto. Cogió el teléfono y marcó el número de su madre, con ella descargó toda la emoción que le había supuesto salvar una vida. Su compañera Yolanda ha sido, junto a su familia, su otro gran apoyo: "No ha parado de valorar lo que hice, de reconocer mi trabajo, de subirme la moral, cuando yo me quitaba méritos", comenta agradecida. "En estos momentos, no puedo dejar de acordarme de los donantes de órganos, unos salvavidas en silencio. Ellos sí que son héroes", reconoce esta enfermera que sueña con trabajar en una ambulancia.

Ahora, cuatro días después, da un sorbo al café para llevar mejor el día tras una noche en vela junto a una anciana a la que también cuida. Mientras, rememora el suceso y resopla emocionada: "Se me pone la piel de gallina, todavía no soy consciente de lo que hice". De aquel momento conserva el orgullo de haber salvado la vida a una persona, una herida en la rodilla "de tanto reanimar" y un batallón de felicitaciones por su labor, entre ellas las del padre y el tío del herido. Pero a ella, aunque agradece los elogios, sólo le importa él: "Quiero saber cómo despierta, mi mayor recompensa es que salga adelante. Al fin y al cabo, se ha creado un vínculo especial entre nosotros, esto ha marcado su vida y también la mía".


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