Asun San Martín ha hecho de la pintura su vocación y de su enseñanza parte de su trabajo. Nacida en Muru Astráin pero residente por ahora en Astráin, está casada y tiene 3 hijos, un nieto y otro en camino. Formada en la escuela de Artes y Oficios de Pamplona, tiene entre sus principales maestros a Juan José Aquerreta, cofundadora de la asociación de pintores "Alfredo Sada" y partícipe de la Asociación "Gardena" de Pamplona, descubrió su vocación de niña, pero no la desarrolló hasta ya adulta. De hecho, no fue hasta 1988 cuando comenzó a estudiar en la escuela de Artes y Oficios. Después fue premio Paulino Caballero por tener el mejor curriculum y siguió con las clases de Aquerreta. La docencia la inició con un grupo en la cárcel de Pamplona y ya en 1994 en Cizur, cuando comenzaban a promocionarse actividades para mujeres. Ahora tiene cinco grupos de niños y dos de adultos, 87 alumnos en total con los que trabaja semanalmente, programa viajes a exposiciones y hasta trabajo en la calle. Personalmente pinta a diario sacando horas a su ajetreada jornada porque es una "necesidad vital" que le da "energía". Estos días prepara cuadros de su serie Mujeres, expuesta por primera vez en 2007, para llevarla en Rivas Vaciamadrid.
¿Comenzó como muchos de sus alumnos, con clases de dibujo y pintura, pero en su caso en Cizur?
Así es. Y empecé tarde, pese a que siempre me gustó pintar y dibujar, tenía a los pintores como dioses y era importante para mí. En mi casa mi padre dibujaba muy bien y también tres de los seis hermanos salimos a él. Siendo niña incluso seleccionaron un dibujo mío, hecho en un bloc y que envió mi madre, junto a trabajos de pintores conocidos en una exposición del Gobierno de Navarra.
¿Cuál fue su formación?
Me hubiera gustado estudiar Bellas Artes, pero no pudo ser y cuando los hijos ya estaban crecidos empecé a estudiar en la escuela de Artes y Oficios y tuve el premio Paulino Caballero. También recibí clases con Juan José Aquerreta y junto a un grupo de compañeros formamos el grupo Alfredo Sada para seguir trabajando y mantener el ambiente que teníamos. Lo hicimos ayudados por Aquerreta, que es uno de los que más me ha enseñado.
Y de alumna a profesora. ¿Cómo fue el cambio?
En 1993 me llamaron de la cárcel. Les hablaron de mí en la escuela cuando preparaban un curso y con otro compañero impartimos un taller de dibujo y pintura. Estuve un año pero fue una experiencia muy buena.
Y de allí, a Cizur.
Eran unos años en los que la coordinadora de Cultura, recién llegada, buscaba lo que interesaba a los vecinos y en particular a las mujeres. Me ofreció y así empezó la primera clase en Astráin con niños y adultos juntos. Luego se fueron separando en grupos de edades y también pasamos a Cizur Menor, a Gazólaz. En Astráin luego cambió el profesor de adultos y yo me quedé con el grupo de niños.
¿Cómo son las clases?
Trabajamos el dibujo principalmente, pero también la pintura, el color, los materiales. Probamos el trabajo exterior y preparamos viajes a exposiciones. Son grupos de 12 o 13, aunque el ideal es 10, para que no queden tantos fuera.
¿Hay artistas en Cizur?
Los hay. Algunos han salido y se han encaminado a las Bellas Artes.
¿Cómo es ese proceso de formación?
Al principio, cuando la mayoría de las alumnas eran mujeres, me sentía reflejada. Como yo, no habían podido estudiar en su día y ahora aprovechaban una oportunidad para hacer algo que les había gustado siempre.
¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de estos años de clases?
Ver que la gente disfruta cuando está pintando, que te digan que es una de las cosas que más satisfacción le ha proporcionado en su vida.
¿Y lo peor?
Ver que algunos se van, pero no puedes congeniar con todos.
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