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Entrevista
ALFONS RODRÍGUEZ

Alfons Rodríguez: “Al llegar me impactó que nadie quisiera darme la mano ni rozarse ni nada”

El año pasado viajó a Sierra Leona para fotografiar las consecuencias del ébola. Ahora, con África Imprescindible, está exponiendo 30 de aquellas imágenes en la casa de cultura de Burlada. En noviembre irá a Pamplona

Una de las normas gubernamentales más difíciles de implantar está siendo la de los enterramientos seguros.

“Al llegar me impactó que nadie quisiera darme la mano ni rozarse ni nada”

Una de las normas gubernamentales más difíciles de implantar está siendo la de los enterramientos seguros.

ALFONS RODRÍGUEZ
Actualizada 18/10/2016 a las 10:32
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A la mujer le habían separado de su hijo. Es la práctica común en África cuando una persona se contagia de ébola o entra en cuarentena por un posible caso de contagio: le retiran los hijos y, en cuanto esa persona o ese niño ha pasado la cuarentena, la familia se reunifica. Para esa mujer había llegado el momento del reencuentro con su criatura. “Pero cuando se la entregaron, no era la suya, era otra. Fue terrible. Dramático. Hay una foto de esa madre llorando con las manos cruzadas como diciendo: “¡Si no es mi hijo!”. Al fotógrafo barcelonés Alfons Rodríguez le impactó. Era mediados del año pasado, y él y el periodista Nacho Carretero, que habían viajado a Sierra Leona para cubrir las consecuencias de la enfermedad, se encontraron con este caso. Ahí tenían una de las secuelas del ébola. De la mano de África Imprescindible, Rodríguez, de 48 años, está exponiendo ahora (en la casa de cultura de Burlada hasta el 23 de octubre) treinta fotografías de las miles que realizó durante el mes que pasó allí. Las imágenes se trasladarán en noviembre a Pamplona (Civican). Cuando Rodríguez y Carretero estuvieron, el punto álgido del brote había pasado: los casos diarios de contagio habían pasado de 50 a 25.

¿Conocía Sierra Leona?

No, fui entonces por primera vez.

¿Qué impresión tuvo al llegar?

Algo que impacta bastante es aquella política, aquel método no oficial de no tocarse. Y es que el africano se toca muchísimo: se saluda, se abraza, se da la mano, camina por la calle de la mano... Y de repente te encuentras con que nadie se quiere tocar ni rozarse ni nada. Y eso impacta. He estado en África unas 40 veces, y cuando llegué ahora, ignorante o desprevenido, y le di la mano a mucha gente que conocía, me encontré con que se giraban o disimulaban y escondían la mano. Lo noté desde el primer momento.

¿Con qué idea viajaron allí?

Íbamos a cubrir las consecuencias de la enfermedad. Veíamos que se había hablado mucho del ébola, que había habido titulares cuando llegó a España a través del misionero de San Juan de Dios y de la enfermera de Madrid. Pero también veíamos que cuando pasaron estos casos y se empezó a controlar el brote ya nadie hablaba de la enfermedad. Y lo que era más grave: nadie hablaba de las consecuencias de la enfermedad, que es cuando empieza el verdadero calvario para las víctimas y para quien ha estado relacionado directa o indirectamente con la enfermedad. Nosotros tratamos de seguir esa cobertura informativa para que no se olvide, para que se mantenga la atención y la tensión y para intentar paliar las consecuencias, terribles a todos los niveles: sociales, culturales, económicas, físicas...

El título que en su web ha puesto al proyecto es Ébola más allá del ébola. ¿Y después qué? Se lo pregunto: ¿y después qué?

El título es intencionado porque cuando se acaba el ébola ¿qué pasa?, ¿qué huella deja? Destacaría una palabra: estigma. Si no sobrevives al ébola, ya está, se acabó. Pero si una persona sobrevive al ébola, se encuentra con un rechazo social que me atrevería a decir que a veces es peor que la enfermedad. Puedes decir que estás vivo, sí, pero no olvidemos el contexto en el que estas personas quedan vivas: además de las secuelas físicas que deja la enfermedad y que son importantes, está esa parte del rechazo por la que tienes que abandonar tu comunidad, tu entorno, que en estas culturas es como una especie de muerte en vida. Si ya es difícil en una circunstancia más o menos normal, imagina cuando te rechazan los que están a tu lado, tu familia, cuando no puedes trabajar, cuando no puedes volver a la escuela.

Qué duro el caso que me ha contado de la mujer a la que entregaron un niño que no era su hijo.

Se refleja el drama de la situación y el desorden, el caos que genera la enfermedad, la falta de estructura organizativa de unos países que, al producirse una situación como ésta, se desbordan completamente. Imagina el drama.

En varias fotografías el protagonismo lo cobra una persona que está mirando a la cámara.

Cuando quieres dotar de más fuerza a un retrato es importante que esa persona mire a la cámara, porque establece un diálogo entre ella y el espectador. Es un recurso visual que solemos utilizar los fotógrafos que creo bastante efectivo para que las imágenes sean una especie de bofetada a la conciencia de quien la mira, que en definitiva es de lo que se trata. Como una sacudida: “Mírame, que estoy aquí”.

¿Tuvo problemas para fotografiar?

No. Cuando una situación es crítica, de desesperación, las personas que la sufren saben perfectamente qué está haciendo un extraño con una cámara en las manos. No es algo que vayas a hacer por placer o por robarles algún tipo de sensación, de sentimiento. Saben que, de alguna manera, lo que haces es ayudar, porque si no no estarías allí, corriendo unos riesgos innecesarios. Otra cosa es la dificultad que encuentres tú mismo de ponerte ante una cámara y de decirte que estás pasando por ahí de puntillas, que volverás a tu zona de confort mientras que ellos se quedarán ahí. Cualquiera que trabaje en esto lo siente una y otra vez.

¿Qué sentimientos pulsaron entre la población?

Miedo, desconfianza y resiliencia. Miedo porque el enemigo es invisible y no sabes por dónde va a caer. Desconfianza porque no sabes a tu alrededor quién va a ser la vía que te va a contagiar la enfermedad, y te empiezas a aislar y a no tocar a nadie, a no ir a a la calle, o a los mercados, o a la playa... Y resiliencia porque nadie mejor que el africano sabe qué significa esa palabra: se han caído mil veces y se han vuelto a levantar. Están acostumbrados y saben que la única manera de seguir adelante es levantarse una y otra vez.

¿Se han planteado volver a Sierra Leona?

Nunca se sabe, pero no está descartado: volver para ver cómo evoluciona toda esa gente. Lo que ocurre es que para notar un cambio realmente importante, si es que lo hay, o para notar que no se ha evolucionado nada se debe dejar pasar un tiempo de unos cuantos años.

En el mes que estuvieron allí, ¿vieron sonrisas?

Alguna, y de hecho hay una imagen que lo refleja. Es la de unos niños en un centro de acogida de huérfanos por el ébola que están saltando sobre una cama elástica, y alguna sonrisa se atisba. Está elegida expresamente porque es un mensaje de esperanza: el africano se va a volver a levantar.

¿Se ha quedado con ganas de decirme algo?

Que a pesar de todo esto, que no tratemos a África como si fuera el último rincón del mundo. No la tratemos como un sitio donde solo hay guerras, miseria y enfermedad. Al fin y al cabo es una circunstancia que se da por nuestra culpa, y lo que hay que hacer es normalizar un continente que está así porque lo hemos conducido a ello. En África también hay cultura, amor, riqueza, felicidad. No caigamos en el mensaje de que África es el culo del mundo y de que ahí solo hay muerte y desesperación porque no es verdad.

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