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“Ahora la ideología es lo importante, no debatir ideas”

  • “Para evitar sospechas en la concesión de licencias de obra citaba a todos los concejales”

“Ahora la ideología es lo importante, no debatir ideas”

“Ahora la ideología es lo importante, no debatir ideas”

Pablo García Tellechea, en el cuarto de estar de su vivienda en Pamplona.

JESÚS CASO
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Actualizada 26/01/2016 a las 09:04
  • M.M.Pamplona
Pablo García Tellechea reconoce que está desilusionado con la evolución de la política. Este abogado de Pamplona de 81 años, casado, con cuatro hijos y dos nietos, quizá puso demasiadas esperanzas cuando en 1979, junto a otros 26 concejales, estrenaba la democracia municipal en Pamplona. “Pero al cabo de los años creo que los grandes partidos se han anclado en el poder, sin atender a las necesidades de la gente. El tema del paro es sangrante”, dice. También es crítico con la actual política municipal porque, en su opinión, ahora el objetivo es imponer ideas, no debatirlas.

Ahora que estamos en plena vorágine de pactos en Madrid, y tras los ocurridos en Navarra, hay que recordar que su grupo UCD perdió la alcaldía por un acuerdo de HB y PSN siendo la lista más votada

Pero no hubo ninguna reacción de controversia, fue algo muy pacífico. Teníamos claro que HB se perfilaba como un grupo muy potente gracias a sus 7 concejales (UCD había logrado 8, PSN 5, UPN otros 5 y PNV 2) y eran muy claros sus planteamientos en los que nosotros no entrábamos. Pero eso no impidió una posterior convivencia. Yo, por ejemplo, presidía la comisión de Licencias y Obras y cada vez que venía un constructor citaba a todos los concejales para evitar sospechas. Creo que logré llevarme bien con todos menos con los de mi partido (risas).

¿Intentaron ustedes pactar con PSN?

No. No había ninguna posibilidad. Ni nosotros lo creímos oportuno ni ellos tampoco. Además, entonces el PSN estaba más cercano al nacionalismo que ahora, se veía algo más lógico.

Actualmente, un pacto supone exiliar al resto a la oposición. Sin embargo, en aquel gobierno presidido por Balduz (PSN) usted fue presidente de un área municipal y teniente de alcalde.

Porque veníamos de una dictadura y fue un momento liberador democratizar las instituciones. Todos teníamos ganas de trabajar y PSN, que tenía la potestad para delegar las comisiones, lo vio así y repartió entre los grupos.

¿Y fue fácil convivir en un mismo equipo fuerzas tan dispares?

Sí, sí... Hombre, a ver, había discusiones y muy gordas, sobre todo con HB. Pero, aunque cada cual tuviera sus ideas, al final prevalecía luchar por Pamplona, así que por encima de la ideología se imponía ese trabajo por la ciudad. Pero, repito, aquello no era la Arcadia y todos tan felices. Aunque se imponía el sentido de la responsabilidad de sacar adelante Pamplona.

Ha comentado antes que no se llevaba bien con su partido. ¿Ese fue el motivo por el que dimitió sin terminar la legislatura en 1981?

Veníamos arrastrando una lucha interna dentro del partido para sostener el liderazgo de Jaime Ignacio del Burgo. Aquello a mí ya me creó un gran descontento y la gota que colmó el vaso fue que mi partido en una votación para aprobar unas obras que paliaran inundaciones en la ciudad me dijeran que había que votar no. No lo entendí, era algo bueno para Pamplona, así que apoyé el proyecto y al día siguiente dimití.

Después, en 1987, dio el salto al Parlamento con CDS. ¿Le sirvió de algo la experiencia municipal?

Pues no, la verdad. Aquello era otro mundo, mucho más político y frío, sin el compañerismo que había existido en el Ayuntamiento. Por ejemplo, con HB el entendimiento era ya entonces imposible, se oponían a todo lo razonable y tuvimos que aguantar ese teatro de llevar a dos presos como parlamentarios...

Tras su experiencia parlamentaria dejó atrás la política. ¿La echa de menos?

Esta política no. Los partidos tradicionales no han cumplido su función, se sigue perdiendo empleo y acrecentado la desigualdad en lugar de desarrollar el país. Tienen toda la razón del mundo los nuevos partidos emergentes cuando piden una regeneración. Es cierto que sus planteamientos son utópicos y a veces excesivos, pero lo que vale es el fondo, ese toque de atención a las grandes formaciones de que así no se puede seguir.

¿Aplica la misma lectura a la política municipal de Pamplona?

También han cambiado mucho las cosas, ahora lo más importante es la ideología, no el debatir las ideas.

¿Y qué es eso de cobrar dietas?

No sé, nosotros éramos más íntegros en estas cosas. Lo que se nos pagaba era algo puramente testimonial pero ahí seguíamos porque nos movía la pasión por la política, por trabajar en favor de nuestra ciudad.

Por sus palabras, presupongo que usted era de los que después también se iba a casa Marceliano con sus compañeros de corporación a cenar, como han dicho otros...

Tanto como cenar, no lo sé, y desde luego lo usual no era compartir mesa con los de HB (risas). Pero sí guardo buena relación con todos aquellos primeros concejales, con los que me sigo saludando por la calle.

¿Fue precisamente esa buena convivencia el principal logro de aquel primer Ayuntamiento? Es que la mayoría de ustedes hablan de ello

Creo que demostrar que se podía gobernar aunque tuviéramos una procedencia tan distinta. Aquello no fue un monumento a la dulzura, pero sí al respeto.



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