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PAMPLONA

El percusionista se despide

  • “En la banda hay grandes instrumentistas, pero sobre todo personas”

El percusionista se despide

El percusionista se despide

Félix Domínguez el domingo 27 de septiembre en la plaza 2 de Mayo, el último día que tocó con La Pamplonesa.

javier sesma
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02/11/2015 a las 06:00
  • pilar fdez. larrea. Pamplona
Le costará a Félix Domínguez olvidar el 27 de septiembre pasado. Era San Fermín de Aldapa, domingo, y ese día tocó por última vez con la banda municipal La Pamplonesa. No pudo despedirse de sus compañeros. No, ganó la emoción. Y por goleada. Eran 39 años y qué decir en diez minutos, cómo transmitirles todo lo que sentía, cuánto ha disfrutado con la música, pero sobre todo con ellos, con los amigos, con el ambiente que le ha hecho reír a carcajadas y con el que ahora llora, sólo de recordarlo.

Félix Domínguez Pardillo nació en Cortes, en 1951. Ribero es, de eso no hay duda. “Con 9 añicos” comenzó a estudiar solfeo, “con don Teodoro”. “Yo acompañaba a un amiguico y, total que me quedé”, recuerda su bautismo musical. Pasados dos años comenzó con el instrumento, primero el trombón y después la tuba. Tocaba con la banda del pueblo, en fiestas y procesiones del entorno. Con 18 años fue voluntario al Servicio Militar, así que con 21 ya recaló en el mercado laboral. Primero en Hernani, en Guipúzcoa y un año después en Pamplona. Se empleó en Inquinasa y en la fábrica de Echavacoiz ha estado 40 años.

Fue precisamente un compañero de trabajo quien le animó a presentarse a las pruebas para entrar en La Pamplonesa. Acudió y el maestro López, entonces director, le animó a quedarse. Primero con los platos. Luego hizo la oposición con la tuba. Sacó la plaza, pero al poco perdió el labio. Dejó de vibrar. “Cosas que pasan, no es habitual, pero así fue...” resume sin rencor al destino. Volvió a la percusión y tan contento. Conoció la academia de la calle Compañía; creo que sólo quedamos tres de aquellos, Jesús Olóriz, saxofón alto; Josetxo Rodrigo, clarinetista, y yo mismo”, rememora.

Félix es hombre inquieto, le cuesta acomodarse en la silla de la cafetería donde comparte un café para contar su historia. La sonrisa le acompaña y también sus gafas, oscuras sin llegar a serlo, es un rostro conocido en Pamplona, lo es de tanto ponerle música. Porque el percusionista deja caer que nunca la faltado a una obligación con la banda. Ni siquiera a unas dianas en San Fermín. “Como joven que he sido, igual de perder noche con el Struendo, pero dejar de ir, nunca. Doy fe, y como yo, muchos”, dice contundente. Casi cuatro décadas de dianas, domingos de concierto, ensayos martes, jueves y viernes, y el trabajo en la fábrica, parecen poco compatibles con la crianza de unos hijos. “Claro, mi mujer ha sido padre y madre, siempre me apoyó.

"Muchos días llegaba a casa pasadas las diez de la noche y las dos niñas ya estaban en la cama”, apunta. Pero es como si se tomara la revancha y ahora cuida de sus nietos, sobre todo de los más pequeños, de 23 y 6 meses. La mayor coge las tapas de las ollas y “las menea por el pasillo que da gusto la bandida”. “Dice mi mujer que pediremos unas chundas a los Reyes, no sé yo...”, duda el abuelo. Pero ya le gustaría. “En La Pamplonesa hay grandes instrumentistas, pero sobre todo personas, amigos, y eso me sirve. Y los jóvenes, doblemente maravillosos”, insiste.

La banda le ha dado amistades, pero claro, también momentos irrepetibles en la música. Menciona muchos, pero se queda con el maestro Turrillas. “Para mí siempre llevará el don por delante, era grande en todo, en la música y como persona”, refrenda con un episodio que le tocó cerca. “Bailábamos el Paloteado en el pueblo, pero no había partichelas, él las sacó a partir de una cinta de casette, y no nos cobro nada”.

Ahora Félix pasea, corre, conversa, está contento sí, pero le cuesta, reconoce, llenar las horas, sobre todo las de los ensayos. Ya piensa comprar el abono para los conciertos de la banda en el Gayarre..., aunque será bien extraño, admite, acomodarse en la butaca.



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