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Beriáin

Un año de prendas 'pasando a mejor vida' en la localidad de Beriáin

  • En los 14 meses de funcionamiento del Ropero Solidario ya se ha suministrado ropa a más de 300 personas

Los miembros del ropero de Beriáin frente a su sede.

Un año de prendas 'pasando a mejor vida' en la localidad de Beriáin

Los miembros del ropero de Beriáin frente a su sede.

GOÑI
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Actualizada 30/08/2015 a las 11:27
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  • Andrea Larrión. Beriáin
Cientos, miles de kilos de ropa abarrotan las habitaciones de una de las casas de Beriáin. Pero en su interior abundan también las buenas intenciones. Se trata de la sede del Ropero Solidario de Beriáin, que lleva en funcionamiento desde junio del año pasado. Los 10 voluntarios que trabajan allí se sienten orgullosos y felices de poder ayudar con su tiempo a cientos de familias dentro de la Mancomunidad de Servicios Sociales de Noáin.

El Ropero Solidario nació como iniciativa de las mujeres del Centro Cultural San Martín. “Durante una reunión de la asamblea, se pensó que era una pena no hacer nada con el local tan grande que teníamos. Acabamos hablando de que organizar alguna actividad con fines solidarios. Ya existía un Banco de Alimentos en el pueblo, así que se nos ocurrió esto”, comentaba Rafi Malagón, una de las voluntarias.

UN AÑO CRECIENDO

Con esta decisión, empezó una andadura que dura ya 14 meses. Los comienzos fueron complicados, pero pronto, el pequeño proyecto de estas mujeres fue creciendo de manera portentosa. “Al principio estábamos en el propio centro cultural, pero rápidamente la cosa se fue haciendo más y más grande y tuvimos que buscar otro lugar”, explicaba María Esther Egüés. Gracias a la ayuda del párroco del pueblo, Ángel Gogorza, el Banco de Ropa logró trasladarse a una casa que se encontraba semi abandonada y en muy malas condiciones.

La Mancomunidad de Noáin fue la primera en colaborar ofreciendo mano de obra para arreglar el local, pero poco después fueron los 4 hombres que forman parte del voluntariado los que intervinieron. “Ya habíamos estado colaborando desde antes, pero cuando se nos comentó que hacía falta ayuda para arreglar la casa, no dudamos en echar una mano”, recordaba Santi Astrain. Ellos se encargaron de terminar de habilitar el lugar, con la subvención de las donaciones de la Obra Social La Caixa, el Ayuntamiento, Aluminios Miramón y comercios del pueblo como la farmacia Soteras.

“Al principio fue difícil poner en marcha las donaciones. La primera ficha que nos llegó pedía ropa de hombre y la tuvimos que solucionar con cosas que teníamos por casa”, recordaba Malagón. Desde entonces, la situación ha cambiado mucho. A día de hoy, los voluntarios se encargan de recoger la ropa la primera semana de cada mes y lavan, planchan y arreglan las prendas recibidas. Después, gracias a las fichas que les envían desde los servicios sociales de base de la Mancomunidad de Noáin, que especifican el sexo, edad, talla y necesidades particulares de cada persona, los miembros del Ropero Solidario elaboran los paquetes pertinentes. “Lo cierto es que tenemos menos demanda de ropa que la que podríamos satisfacer con la enorme cantidad de donaciones que recibimos”, decía Egüés. La situación cambia en lo referente a calzado. “La gente no suele dar zapatos, y es lo que más falta nos hace. Más que donaciones de particulares, nos gustaría que alguna empresa o comercio nos diese sus excedentes”, comentaba Conchi Zabalza.

CIENTOS DE BENEFICIADOS

Con todo, el Ropero Solidario ha ayudado ya a más de 300 personas en su área de actuación, y ha logrado que tanto gente de la zona como de más lejos colabore con su proyecto. “El bar Elizaldea, de aquí de Beriáin, nos guarda cajas para almacenar las prendas. Y el colegio mayor Santa María de Roncesvalles nos dio muchísima ropa. Cada uno colabora como puede”, explicaba Jesús Ventura. También trabajan con otras asociaciones solidarias, como Aprodemm (Asociación pro Derechos de la Mujer Maltratada).

“Preferimos no preguntar las historias que hay detrás de la gente que viene, pero a veces es inevitable. Y hay casos terribles, de familias enteras que se han quedado en la calle, sin nada”, lamentaba Inma Irigoyen. El perfil de gente que suele acudir al ropero son familias cuyos progenitores están en paro, extranjeros y hombres separados, sobre todo.

El Banco de Ropa acepta también donaciones de calzado, artículos para bebés (carritos, bañeras, tronas, etc.), juguetes, ropa de cama y menaje de cocina. De cara al nuevo curso, también se demandan mochilas escolares.



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