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SOLIDARIDAD

Beatriz Lana: “Somos una parte de algo realmente grande”

  • Beatriz es voluntaria en Adano, asociación que nació en 1989 por iniciativa de Javier Molina Garicano

Beatriz Lana, en las inmediaciones del antiguo hospital Virgen del Camino.

Beatriz Lana: “Somos una parte de algo realmente grande”

Beatriz Lana, en las inmediaciones del antiguo hospital Virgen del Camino.

CALLEJA
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24/08/2015 a las 06:00
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  • NOELIA GORBEA. PAMPLONA
Desde que sale por la puerta, el encanto que se desprende de su manera de hablar, perspicaz y sincera, unido a la facilidad de palabra y ese carácter abierto y cercano que desvela confianza casi a primera vista, sabes que Beatriz Lana Lana, natural de Murieta pero residente en Estella, no te va a defraudar.

Sin querer llamar la atención, la satisfacción que recibe gracias a la asociación de ayuda a Niños con Cáncer de Navarra (Adano), con la que lleva colaborando algo más de cinco años y medio, es tal que no puede reprimir la ilusión. Cada vez que menciona su labor, de la misma manera que la de los técnicos de esta entidad oncológica, sus ojos se cargan de un brillo especial. “Hay que vivirlo para saber de qué estoy hablando”, insiste.

Así es. Desde que entra por la puerta del antiguo Hospital Virgen del Camino, Beatriz se transforma. Deja a un lado la rigurosidad del trabajo y la celeridad del día a día, y se sumerge en un mundo del que apenas había oído hablar. “Antes de empezar como voluntaria, solamente conocía a una niña de mi pueblo enferma de cáncer. No sé, veía a los niños tan pequeños que ni se me pasaba por la cabeza que a ellos les pudieran pasar también estas cosas”, admite.

Precisamente, en 2010, el día mundial de este trastorno, Belén vio en la televisión de su casa las diferentes acciones que la asociación estaba desarrollando en Navarra y le picó la curiosidad. “Llevaba tiempo pensando en hacer voluntariado, pero no me decidía. El tiempo, las exigencias sociales... no sé”, enumera.

Se conectó a internet, escribió Adano en el buscador y, en menos de diez minutos, ya había llamado al teléfono que aparecía en pantalla. “Enseguida me informaron de todo. Me impartieron formación y me entrevistaron. En unos días ya formaba parte del grupo”, recuerda.

TRES HORAS DE JUEGO

Con todo a su favor, esta decoradora de interiores de 43 años pidió permiso en su trabajo para cambiar la jornada del viernes por los sábados y poder sumarse a su nuevo proyecto. “Me pusieron todas las facilidades y aquí estoy”, expresa con una sonrisa.

Pese a que la primera vez que puso el pie en una habitación de la cuarta planta del centro hospitalario, le costó “un poco”, ahora sabe que no puede vivir sin ello. “Me aporta tanto que es difícil expresarlo con palabras. Hay que vivirlo para saber de qué hablo”, repite.

Tanto es así, que Beatriz, salvo contadas excepciones, intenta no fallar ni un solo viernes de los que está comprometida. “Los niños te echan de menos si no vas. Por eso, en vacaciones, si puedo, vengo también”, afirma la voluntaria.

Su labor, como ella misma cuenta, “es fácil”. Durante tres horas, de 10 a 13, se dedica a jugar con los niños que se encuentren ingresados. “Si hay tres, tienes que repartirte”, detalla. De cualquier otra tarea, como de ir al baño, deben encargarse las enfermeras. “Está todo muy bien coordinado. Te sientes respaldado”, declara.

Entre las cosas que Beatriz Lana dice haber aprendido, además de saber que no puede llevar nada a los niños (es peligroso que no esté esterilizado), se queda con el cariño que recibe tanto de los menores como de los padres.

Se crea un vínculo bastante fuerte. Les ves cómo pasan los días y, cuando Adano celebra sus fiestas, sientes una alegría inmensa al ver que se te acerca un niño con pelo gritando tu nombre. Cambian tanto que a veces te cuesta unos segundos reconocerles, y eso es excepcional”, sopesa.

En los pasillos de la cuarta planta hay menores desde los 18 meses hasta los 18 años. “Los mayores no suelen querer tanta compañía, pero los pequeños están deseando”, dice Lana, al tiempo que asegura estar “al día” de los dibujos animados de moda, los juegos de cartas y los puzzles.

“Reconozco que cuando llego aquí (por Virgen del Camino) se me olvida la edad. Soy muy niñera, me gustan mucho, y estoy encantada de tirarme al suelo si es necesario o de hacer cualquier otra cosa que ellos quieran. Estoy para jugar y para, si pueden, que desconecten un poco”, añade la estellesa.

Y aunque su círculo de amistades no confiaba en su permanencia, debido a su alta sensibilidad, ahora valoran sobremanera su pequeña aportación. “No siento que haga nada especial. Es más bidireccional”, indica Lana. “Somos una parte de algo grande”, determina la voluntaria.



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