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SANGÜESA

Pétalos del Sáhara

¿Qué siente un niño saharaui al salir por primera vez del desierto? Es el caso de Mariem, una niña de 9 años que visita este verano Navarra
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La saharaui Mariem sujeta un girasol junto a su madre de acogida en Sangüesa, Marian Arraiza, y sus dos hijas, Mairu y Arga.

La saharaui Mariem sujeta un girasol junto a su madre de acogida en Sangüesa, Marian Arraiza, y sus dos hijas, Mairu y Arga.

La saharaui Mariem sujeta un girasol junto a su madre de acogida en Sangüesa, Marian Arraiza, y sus dos hijas, Mairu y Arga.

iván benítez
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Actualizada 03/08/2015 a las 09:16
  • iván benítez. Pamplona
Mariem es la primera vez que se acerca a un girasol. En realidad, nunca antes había visto una flor igual. Se acerca y la huele. Del lugar de donde viene, cuenta, una ciudad de arena y barro, las flores no huelen.

La pequeña no sabe que de las semillas del girasol se extrae el aceite con el que cada mañana amasa el pan en el desierto. Por eso, agradecida al saberlo, se adentra en el campo y juega a encontrar el amarillo más intenso. Al localizarlo, acaricia los pétalos con curiosidad. De la mano de sus dos hermanas de acogida, Mairu y Arga, y seguidas muy de cerca de su madre, Marian Arraiza, sonríe de nuevo, complacida. Quizá porque la textura suave del pétalo le recuerda al de la tela de la melfa, la vestimenta con la que visten las mujeres en el Sáhara. Quizá porque este amarillo anaranjado se parece a la última puesta de sol que vio en el desierto mientras jugaba al fútbol con sus amigos. En este rincón del mundo -casi olvidado- sobrevive como refugiada junto a su madre, sus dos hermanos pequeños y otras 267.000 personas.

Desde hace 18 años el Frente Polisario junto a la ONG Asociación Navarra de Amigos de Sáhara (ANAS) propicia la salida temporal de niños y niñas en julio y agosto con la finalidad de proporcionarles un clima de paz y tolerancia en núcleos familiares de Navarra con “acciones de sensibilización” sobre la situación del pueblo saharaui.

Mariem llegó a Sangüesa hace un mes. Es la primera vez que sale del desierto. Antes que ella, pero hace mucho tiempo también lo hizo Munina, su madre, cuando apenas tenía siete años.

Su primera semana resultó especialmente dura. “Saben mucho vocabulario pero les cuesta comunicarse. Así que se agobió”, explica Marian. “Pero lo normal”. Los niños saharauis provienen de familias “normales”. La mayoría han nacido en los campamentos. Tierra hostil como pocas, donde el agua -un bien tan preciado como escaso- se extrae de pozos subterráneos.

La curiosidad le desborda. Sus ojos marrones quieren abarcarlo todo. Lo que más le ha impactado son los árboles y el perfume de las flores, sobre todo el de la lavanda. Un simple aspersor en funcionamiento le entusiasma. De hecho, ha conseguido que los niños del barrio se remojen bajo las fauces del riego.

Su forma de ver la vida, su ímpetu, ha contagiado a Arga y Mairu. Le divierte pasear por la Calle Mayor de Sangüesa, observar a la gente, entrar en la biblioteca, buscar cuentos: Aladino y la Sirenita son sus preferidos, comer un melocotón, sentarse frente a la pantalla del cine de verano, chapotear en el río... Cada día es un descubrimiento. Ayer le sorprendió un caracol.

En un mes regresará a Auserd, su ciudad de arena y barro. Quizá, en cada amanecer, al ver a su madre vestida con la melfa tradicional o al preparar el pan con aceite de girasol, rememore la tarde que sintió los pétalos entre sus manos.


  • mario cesar santos
    (04/08/15 07:43)
    #2

    Parabéns pela sensibilidade com a qual escreveu e nos descreveu este encontro de uma criança com um girassol, num contexto tão necessário que é o de denunciar a situação saharaui. Grande abraço. Obrigado. 9 São Paulo/ Brasil )

    Responder

  • RG
    (03/08/15 12:54)
    #1

    Sáhara Occidental ha de convertirse en una autonomía dentro del reino alauíta, sacar su población del Tinduf y luego ya se andará!. Pero el Polisario, que apostaron por el caballo perdedor, les importa un pito su sufrida población, prefieren pasear sus trajeados emisarios por las diferentes cancillerías. Son niños como estos que abriran los ojos al empecinado Polisario sobre sus futuros

    Responder


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