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La familia Zabalza, más de cien años cultivando la huerta en la Magdalena

  • Con 86 años cumplidos en abril, Juan Mari es el decano de un oficio que va por la cuarta generación

Juan Mª Zabalza Larraya, en la huerta con verduras de temporada.

La familia Zabalza, más de cien años cultivando la huerta en la Magdalena

Juan Mª Zabalza Larraya, en la huerta con verduras de temporada.

Jesús Caso
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04/05/2015 a las 06:00
  • Pilar Fdez. Larrea. Pamplona
"Me gusta la verdura, pero más me gusta la chuleta”, se sincera mientras come con tanto gusto que abre el apetito una loncha de lomo con pimientos acompañada de un chiquito de vino. Es media tarde de una primavera exuberante a pocos metros del centro de la ciudad. Aunque para Juan Mari Zabalza Larraya, hortelano, 86 años cumplidos el 23 de abril, el corazón de Pamplona es la misma huerta de la Magdalena, donde él se muestra abiertamente feliz.

Juan Mª dice casi de pasada que nació en la Rochapea. “Pero con cinco meses me trajeron a la Magdalena”, enfatiza después. A las casas de Goñi. Eran doce hermanos y no tenían ni agua corriente. El padre, Juan Zabala Echarri, nacido en Casa Irujo, ya era hortelano, también su abuelo Gabino Zabalza. “Más de cien años llevamos cultivando la huerta, siempre, toda la vida y feliz”, describe Juan Mª. Tiene hechuras de hortelano, de los de pantalón mahón y camisa remangada, de gente sana, que mira al sol más que al reloj. Y sonríe, agradecido de poder trabajar en lo que le gusta y contento porque varios de sus nueve hijos siguen el oficio.

Él aún no lo ha dejado. Ni piensa. La semana pasada renovó el carné de conducir para dos años. Así que, si toca ir a Mercairuña, se levanta a las cuatro menos cuarto de la mañana y enfila Cuatro Vientos. Si no, amanece a las cinco. “Los domingos no, ¿eh?, los domingos no madrugo, me levanto a las ocho”, tranquiliza al interlocutor. Es de misa diaria, a las ocho y media de la mañana en los Dominicos, junto al mercado de Santo Domingo, “a ver si hay un hueco allí arriba”.

Luego pasa por el mercado, donde su hija atiende un puesto. Y para las once baja a la huerta. Siempre hay algo que hacer, más ahora, de mayo a septiembre, pero también en invierno, que para algo están los invernaderos. Esa es su rutina, la ha sido durante décadas. Eso, si no toca Banco de Alimentos. Es voluntario y reparte con su furgoneta en las tres parroquias de la Chantrea, y en la de San Agustín, en el Casco Antiguo. “Estoy jubilado, tengo más tiempo y no me cuesta nada ayudar un poco”, suscribe, a buen seguro sin pretenderlo, una lección de solidaridad.

“La lechuga es la reina de la Magdalena”. De eso no tiene duda Juan Mª. “Gusta sobre todo la crispilla, que empieza ahora, pero tenemos otras variedades todo el año”, apunta. Y recomienda comer verdura. Debe ser bueno, también labrar la tierra, al menos si el termómetro fuera la mirada limpia de quien habla. A pesar de las riadas. Han conocido muchas. “Este año tres, siempre ha habido, pero puede ser que ahora sean más”, alimenta el debate.

La tarde también la pasa en la huerta, hasta las siete. Se acuesta temprano. “No me gusta la tele, solo el telediario. Bueno, y el fútbol”, añade. “¿El preferido? Osasuna, pero está el pobre tan malo...”.

Juan Mª se casó con Mª Antonia Goñi Eraso, una moza de la Chantrea a la que conoció cantando un villancico. Ella es ocho años menor. Viven a cinco minutos de la huerta, apenas ha habido vacaciones, pero han ido muchos años juntos a los baños de Fitero. “Me aburrí de tanta agua. Ya le digo, tú vete tranquila, que yo me quedo en la playa de la Magdalena”.

Juan Mª compró hace unos días en el mercado de Santo Domingo un gorrín de ocho kilos, “el más grande”. Lo comieron el domingo para celebrar sus 86 años, cumplidos tres días antes. No sobró nada. Eran 35 a la mesa, la familia Zabalza Goñi, cuarta generación de hortelanos de la Magdalena. No faltaron las tartas, caseras. Saben que el abuelo es laminero y que todo le viene bien. No hay más que verlo.



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