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Pamplona

Una de las procesiones más reforzadas de Semana Santa

  • ​La mayoría de los mozorros son hombres, pero poco a poco las mujeres se intercalan bajo las andas

Una de las procesiones más reforzadas de Semana Santa

Una de las procesiones más reforzadas de Semana Santa

Arropados. La figural del Prendimiento rodeada de gente a su paso por la catedral.

buxens
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07/04/2015 a las 06:00
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  • ​M.M. Pamplona
Por tradición. Por fervor religioso. Por relevar a la familia. Muchas eran las razones que este viernes esgrimían los encargados de sacar a la calle los doce pasos que nutren la procesión de Pamplona.

Y las mismas que argumentaban los que debutaban en la ceremonia que durante dos horas largas se escenificó por el Casco Antiguo de la ciudad. Un ramillete de motivos que desembocaron, según aseguraba el prior de la Hermandad de la Pasión del Señor, en que la de este viernes se convirtiera en una de las procesiones con más participantes. “Desde el jueves teníamos ya cubiertos los portadores y sus relevos. Incluso hubo gente que se quedó fuera”, afirmaba Juan Miguel Arriazu Larrambere.

Unas 2.500 personas que, una hora antes de la salida, se preparaban en los cuatro espacios que funcionan como trastienda de la procesión: la plaza de toros para el grupo de romanos que hace el recorrido a caballo; el patio de la providencia para aquellos encargados de escenificar al pueblo judío, la catedral reservada para los mozorros del Cristo Alzado y los de la Hermandad de Paz y Caridad responsables de la Dolorosa y, la sede de los organizadores, la de la Pasión del Señor, en la calle Dormitalería.

Y todo este engranaje humano se puso en marcha a las ocho y cuarto de la tarde, encabezado por el Hermano Guión, uno de los veteranos de la procesión con 55 años de andadura, de los cuales 50 ejerce este papel que heredó de su padre.

“Mis hijos también participan de portadores y me hace mucha ilusión que la familia sigamos dentro”, indicaba José Joaquín Pereira Ugalde, de 76 años. “Antes, todos los hombres de Pamplona éramos hermanos de la Pasión. Ahora cuesta mucho atraer a los jóvenes”.

Pero antes de que la ordenada comitiva se reagrupara en Dormitalería camino de la Catedral para buscar al Cristo Alzado y a la Dolorosa, en la sede de la hermandad una voz por megafonía ordenaba a los participantes y marcaba el momento de su salida a la calle. Una función de la que se ha encargado durante 76 años el locutor de radio Carlos María Alzu Eguaras. “Han cambiado los escenarios porque antes de Dormitalería estábamos en Labrit. Pero lo que se mantiene es la disciplina. Todos responden muy bien”.

Y frente a su veteranía, los nervios de los debutantes, como el ecuatoriano Luis Alberto González Espinosa, de 48 años, porteador del Ecce Homo. “En mi tierra solo sacan una virgen pequeñita y me hacía ilusión participar en una procesión de esta envergadura. Estoy hasta temblando”. Y Sebas Bellido Muyol, pamplonés de 43 años, se estrenaba gracias a su amigo Daniel Azcona Fonseca, mozorro del Santo Sepulcro. “Acabo de tener un hijo y con este gesto quiero contribuir a mantener una tradición que espero él pueda disfrutar el día de mañana”.

ELLAS TAMBIÉN

La mayoría de los mozorros son hombres, pero poco a poco las mujeres se intercalan bajo las andas o, como Beatriz Arbeloa Aristu, de 23 años, se convierten en jefa de paso el Prendimiento. “Como portadora llevo desde 2010 y en este papel en las dos últimas procesiones. Entré en la hermandad por tradición familiar y también como creyente. Me siento orgullosa de este cometido y todos los portadores nos llevamos bien. Ellos jamás me han puesto pegas por ser mujer; es más, me ayudan mucho”.

Para Marimar Ganuza Fanlo también iba a ser su primera procesión desfilando, en este caso con la túnica y caperuza negra que corresponde a la junta directiva. “Pero los otros siete años anteriores, como responsable de vestuario, me tenía que quedar aquí, ocupándome de los detalles. Ahora he pasado el testigo a José Carlos Alemán y eso me permite salir a la calle. Me hace muchísima ilusión”.

Al filo de las ocho llegaba a la sede de Dormitalería el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, acompañado por el deán de la catedral, Carlos Ayerra.

“Enhorabuena por este trabajo y servicio que hacéis portando estas magníficas imágenes de Jesús”, se escucharon por los altavoces instalados en la calle Dormitalería. Y tras un Padre Nuestro y un Avemaría, se comenzó a oír el chocar de los martillos con el hierro de las andas. Se iniciaba la procesión por el Casco Antiguo, en un ambiente casi primaveral con unos 15 grados de temperatura, y arropada por una multitud a lo largo de todo el recorrido. Pero en especial, en la plaza de la Catedral, donde la comitiva acudió a recoger a la Dolorosa y el Cristo Alzado, y en la plaza del Ayuntamiento.

Y tras algo más de dos horas, la procesión llegaba a las diez y media a Dormitalería. En el camino, se quedaba la Dolorosa en la iglesia de San Agustín. “Estoy muy contento de cómo ha ido todo. Ha sido una de la procesiones más fluidas que recuerdo”, comentaba el prior de la Hermandad de la Pasión.



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