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Agua, harina, sal y las manos de Teodoro

  • Su padre dejó el campo para ser churrero. Él le siguió los pasos y en el oficio lleva medio siglo largo. Le gusta. "Si no, hacía tiempo que lo había dejado", dice en el Bosquecillo, donde elabora churros y patatas por las tardes, las soleadas y las más grises. "Todas tienen sus clientes, aunque el negocio, como todo, ha bajado".

Teodoro Malo Bea en la churrería del Bosquecillo, donde elabora y vende churros por las tardes

Agua, harina, sal y las manos de Teodoro

Teodoro Malo Bea en la churrería del Bosquecillo, donde elabora y vende churros por las tardes

DN
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17/03/2014 a las 06:01
  • dn. Pamplona
Antonio dejó el campo para hacerse churrero. Y, a buen seguro sin proponérselo, fue el primero de una saga, en un oficio donde no parece haber más secretos que agua, harina, sal y pocas prisas. Lo cuenta su hijo Teodoro, nacido en el 48 y churrero casi desde que su altura le daba para asomar al mostrador. Hace 52 años viajó por primera vez a Pamplona, a la Chantrea. En la espalda del cine del barrio aparcaron la churrería desmontable, dispuestos a endulzar los paseos de las tardes de fiesta y las mañanas de mercadillo.

Teodoro Malo Bea nació en Rincón de Soto, en La Rioja. "Con 13 añicos" comenzó a recorrer ferias y fiestas. En los Sanfermines de 1972 montaron la primera churrería en las verbenas de la Taconera. "Entonces sólo estábamos un hombre de Huesca que vendía jamón, un bar de Tudela y nosotros", recuerda. Ahora, del 6 al 14 de julio, están en Antoniutti. Pero los churros no son sólo el primer alimento sólido del día en Sanfermines. Que también. De modo que en casa de los Malo Lucea no hay domingos de fútbol, ni tardes en el monte. "Sólo he descansado los jueves por la mañana, en temporada de caza, para ir a los conejos", confiesa Teodoro Malo. Se casó con Rosario Lucea, de Lodosa, con 22 años. Fueron de viaje de novios a Benidorm. "Le prometí que volveríamos, pero aún no hemos ido", sonríe. "Pero no la engañé, creo que lo hicimos mutuamente", sugiere, mientras fríe los primeros churros de la tarde en el Bosquecillo, al abrigo del sol de marzo.

Teodoro es un hombre de porte tranquilo. Amable, cara de buena gente. Lo podríamos confundir con el vecino que saluda la mañana cuando pasea al perro, o el que empuja la silleta de su primer nieto. Luce pelo cano y vello blanco. Pero no es rubio. "Moreno como el tizón", afirma.

Cumplidos los 20 comenzó como autónomo, con su mujer. "¿El secreto de los churros? Bueno, sería necesario probarlos", reta Teodoro. Una buena harina, él la utiliza de los Monegros, agua, sal y una pala de madera para amasar la mezcla. "Después, sobar y al molde", muestra con sus manos la manera de hacer. En la freidora, buen aceite y un poco de paciencia. Nada más y nada menos. Igual con las patatas. Las compra de la huerta, las pela con las mandolinas, la maquinaria que heredó de su padre, y a la sartén. "Nos volvimos todos falsos y empezamos a comprarlas, pero yo he vuelto a las andadas, prefiero hacerlas en casa". Paradojas no faltan en su casa. "Mi mujer es celíaca, se lo detectaron con 64 años. Traté de elaborar churros con harina sin gluten, pero no había manera de amasar aquello. Salía dura como perdigones. Intento experimentar, pero hay cosas imposibles", confiesa.

Larga es la lista de rincones que ha visitado en tantos años. De Navarra, de Guipúzcoa, de La Rioja... De todos ellos se queda con Pamplona la ciudad que "tan bien" le acogió. Ahora, su única hija, Mª Jesús, y su yerno le echan una mano. Entre todos llevan por ferias y fiestas cuatro caravanas. En Pamplona tienen puestos fijos en el Bosquecillo, el mercadillo de Landaben y Conde Rodezno, todos ellos adjudicados en concurso por un periodo de cuatro años. En Navidad, en la Plaza del Castillo, y en verano mantienen Sanfermines, Irún y Zarautz, donde están desde mediados de julio hasta el 9 de septiembre. Muy buenos recuerdos tienen de la localidad costera este hombre que ahora dedica las mañanas a pasear, a cuidar de sus perros, al almuerzo de pincho, vino y café. Y a la siesta. "¿Las tardes? sin los churros serían demasiado largas".



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