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HOSTELERÍA

"Vocación, vocación no tengo"

Minutos antes de empezar a servir la comida en el restaurante

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Minutos antes de empezar a servir la comida en el restaurante

ELÍA
Minutos antes de empezar a servir la comida en el restaurante

Minutos antes de empezar a servir la comida en el restaurante

Minutos antes de empezar a servir la comida en el restaurante

ELÍA
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18/02/2014 a las 06:01
  • J.P.E. BURLADA
En este curso, cerca de 150 estudiantes asisten a clases de hostelería, donde adquieren conocimientos de cocina, pastelería, restauración... En el 55% de los casos son hombres.

Por otra parte, los responsables del centro de Burlada informan de que todos los años se queda gente fuera. "Siempre hay más demanda que plazas", puntualizan y sopesan que aún es pronto para valorar las repercusiones que los programas de televisión pueden tener en las matrículas de este grado.

"Lo que sí se nota con la crisis es que cada vez hay más alumnos en FP. También tenemos más estudiantes que llegan de la lista del paro", describen. Y en cuanto a la inserción laboral comentan que la situación se ha ido complicando. "Hace unos años era del 100%. Ahora todo el mundo puede hacer prácticas, pero contratos...", concluyen.

María Rubirola, de 22 años y de Villava, se matriculó en este grado medio porque no sabía cocinar y por las salidas profesionales de este trabajo. "Espíritu y vocación no tengo, pero las cosas en Bachillerato se me complicaron". Su madre es ayudante en una cocina y le insistió que éste era un arduo trabajo. "Ella preferiría verme en otra cosa", añade. Y puestas a divagar, Rubirola también se ve sin delantal: "Me encantaría estudiar Psicología".

Junto a ella, Ana Irati Garrote, de 20 años y de Zizur Mayor, comparte que a ella la cocina le gusta, que le viene de su abuela Josefina y que su madre le dice que la bechamel le sale "muy bien". Pese a ello, sigue reflexionando sobre su porvenir: "Son muchas horas de trabajo, mucho sacrificio...".

Este encuentro ocurría un viernes de enero, a pocos minutos de abrir las puertas del comedor. Los vapores se mezclaban en la cocina. Unos picaban, otros freían. Había quien miraba y quien tomaba nota, mientras las lecciones sobre cómo presentar los platos se aceleraban. Estaban previstos unos 16 comensales. ¿Nervios ante su llegada? Y los estudiantes coincidían: "Pocos, nunca nos han dicho nada, ni para bien, ni para mal".



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