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SOLIDARIDAD

Manos dispuestas a seguir reparando

  • La Asociación de Voluntarios El Taller ofrece la experiencia de sus miembros a personas con pocos recursos

Pedro Aguerri y José Mª Remacha en el taller de la Rochapea

Manos dispuestas a seguir reparando

Pedro Aguerri y José Mª Remacha en el taller de la Rochapea

calleja
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10/02/2014 a las 06:01
  • pilar fdez. larrea. Pamplona
Martes, once de la mañana. Dos voluntarios, septuagenarios ambos, cogen la villavesa en la Rochapea camino de los cuarticos de San Martín, en la calle Calderería. Atienden la llamada de una señora que precisa reparar una persiana. Le cobran tres euros por la salida y ella recupera la luz de su ventana. El dinero es para pagar el autobús. La mano de obra es voluntad, la de catorce personas que forman la Asociación de Voluntarios El Taller, con distintos gremios dedicados a ayudar a personas necesitadas.

Pedro Aguerri Bravo es el más joven, y el veterano en El Taller. Nada amigo de protagonizar el reportaje, deja claro y bien claro que en la asociación "nadie es más que nadie". Cuenta que esta labor altruista tiene su germen en un curso de marquetería que había en San Juan, en Oskia. De aquello hace más de quince años y los jubilados que se reunían allí decidieron ofrecer su experiencia a personas con necesidad, realizando reparaciones de todo tipo a domicilio. En el grupo había electricistas, fontaneros o carpinteros, y hasta peluquero y peluquera. Muchos de ellos prejubilados, que no dudaron en invertir su tiempo. Lo mismo cambian una bombilla, que reinician el medallón de urgencias de personas mayores.

En 2002 pasaron a otro local, en el mismo barrio, en Monasterio de Iranzu. Tras un tiempo allí, y a través de la Fundación CAN, hace una década les cedieron el actual, en la calle Ustárroz, en el corazón de la Rochapea. Allí tienen su taller, con material reciclado en una parte, y donado, o comprado, en otra. "Por ejemplo aquí hay más de cien bombillas que nos dio un electricista jubilado", apunta José Mª Remacha Induráin, también del mismo gremio. Él se incorporó hace diez años, justo cuando se jubiló, cumplidos los 65. Durante más de 40 años dio clases en el Instituto de Formación Profesional Virgen del Camino. Sonríe al responder a cuántos colegas ha formado: "Uff!, tantos...".

En el local cuentan con un taller y gestionan y atienden las llamadas, algunas de los propios particulares, y otras a través de Cáritas y de los Servicios Sociales de Base. En todo caso, el teléfono ya no suena como antes. "Por un lado se ha reducido la plantilla, porque varios compañeros han fallecido, y porque no hay relevo generacional. Es así, pero es que tampoco hay muchas llamadas, no sabemos si es por la crisis", apunta Pedro Aguerri, mientras enumera las doce salidas que sumaron el pasado enero, frente a las 37 del mismo periodo en 2013.

Siguen dispuestos a acudir allí donde les llamen, siempre dos. Sus salidas se centran en el Casco Antiguo, Rochapea, Chantrea, Milagrosa y menos a menudo, el barrio de San Juan. Muchas veces es gente mayor la que pide ayuda. "Mujeres que viven solas y te cuentan su vida, con pensiones que no llegan a 500 euros", describe José Mª Remacha.

También les ha tocado volver sobre sus pasos en alguna casa, hogares ostentosos, ya a primera vista. "La picaresca existe, desde luego, pero eso lo tenemos claro. Ayudamos a personas con pocos recursos", incide Aguerri, prejubilado de Potasas. Repara en el "ambiente majo" y en "la satisfacción personal de ayudar a los demás".



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