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TRAMO 5: PUENTE DE LA ROCHAPEA-SAN JORGE

El río recobra el ritmo de su latido

Inundaciones del Arga - Tramo 5: Puente de la Rochapea-San Jorge

Inundaciones del Arga - Tramo 5: Puente de la Rochapea-San Jorge

Tramo 5: Puente de la Rochapea-San Jorge 15 Fotos

Tramo 5: Puente de la Rochapea-San Jorge

Fotografías tomadas desde el propio río en la Rochapea

JAVIER SESMA
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Actualizada 20/06/2013 a las 20:19
  • T.B. PAMPLONA
El recorrido por el paseo del Arga se empeña en dejar señales de que el hermanamiento de Pamplona y Comarca con el Arga y el Ultzama se rompió por unas horas el 9 de junio. Los ríos "tiraron" de memoria y recordaron sus zonas de dominio.
Según apunta Juan José Pons Izquierdo, profesor de Geografía de la Universidad de Navarra, en la Cuenca hay más de 3.500 viviendas en zona inundable. "Si antes no se ocuparon esos terrenos, por algo sería. Parece que perdemos la memoria. La ocupación paulatina de las áreas inundables muestra con claridad que la ciudad ha ido perdiendo el respeto hacia el río y, periódicamente, éste nos pone en nuestro lugar. Nos recuerda que el espacio que ahora ocupamos, antaño era suyo y, al menos de forma esporádica, vuelve a serlo", señala.

Y precisamente en la Rochapea, un barrio con viviendas nuevas construidas a pie de río, tenemos la oportunidad de recorrer el Arga desde la presa de Santa Engracia hasta el puente de la Rochapea de la mano de Cruz Roja y con la compañía de los profesores Pons Izquierdo y Enrique Baquero Martín, subdirector del Máster de Biodiversidad, Paisajes y Gestión Sostenible de la Universidad de Navarra.

Lejos de la furia que había demostrado tan sólo dos días antes, el Arga nos envuelve en una sensación de placidez. Ni siquiera las conversaciones de las numerosas personas que recorren el parque alcanzan a penetrar el universo único que teje el cauce protegido por la vegetación de la ribera.

El Arga ofrece un escenario sobrio, sin adornos innecesarios. "Contra lo que algunos pueden pensar, la calidad del agua es buena, aunque ahora con una mayor turbidez por las arcillas arrastradas. La construcción de la depuradora de Arazuri supuso un paso muy importante en este sentido", señala Juan José Pons. Curiosamente, en el recorrido contemplamos los colectores de aguas sucias del siglo XVIII que desembocaban en el río.

El puente de las Oblatas, imponente, se refleja sobre el agua que desprende ese típico aroma a río tan difícil de describir pero tan pegado a la memoria sentimental de olores y sabores. "Siglos atrás, y para cumplir con la función defensiva de la muralla, ésta era una zona sin vegetación. Se puede decir, por lo tanto, y contra lo que se pudiera pensar, que con el paso del tiempo se ha producido un proceso de naturalización. Además, no debemos olvidar que le debemos al Arga la configuración de la Cuenca de Pamplona", apunta el profesor Pons Izquierdo.

El idílico escenario natural no puede ocultar, sin embargo, lo vivido apenas 48 horas antes. Desde el río, sólo se ve río. Los sentidos se concentran en él y todo lo externo parece alejarse. Ejemplares de ánade azulón y de ánade pardo, conocidos comúnmente como patos, y que han convertido el Arga en su hogar, nadan tímidos junto a la orilla. "Muchas especies tienen al río como su particular autopista y por ella recorren miles de kilómetros. El río es muy importante para la fauna y se convierte en una relación particularmente intensa en la ciudad, ya que es por él por donde se mueven", incide Enrique Baquero, que descubre la presencia de una garza real.

Sobre el agua, algún tapón de corcho navegando sin rumbo, y poco más, tan sólo una opacidad en tonos verdes imposible de penetrar con la vista. "No podemos ver qué hay debajo, pero sabemos que son muchas las especies de peces como madrillas, alguna trucha, lo que es un claro indicador de la buena calidad del agua, barbos, gobios....", relata el profesor al tiempo que precisamente un barbo se exhibe protagonizando varios saltos.

Un tronco descansa sobre uno de los pilares de hormigón del mítico puente del Plazaola. Más sorprendente, sin embargo, es el hallazgo de un contenedor metálico destinado a depositar restos de poda y jardinería que, semioculto en un álamo blanco, se divisa a la altura de los Corralillos del gas.

Un bidón azul sobre las ramas de un aliso ponía otra de las notas discordantes como consecuencia de la riada, así como un enorme tronco genuflexo en el puente de Curtidores y retirado en días posteriores, una barquilla de fruta azul encaramada en uno de los pilares del puente o las tiras de plástico transparentes de varios metros de longitud colgadas de varios ejemplares de plátanos de sombra.

En el río conviven numerosas especies vegetales y una masa verde que frena la fuerza de la corriente y evita la erosión aguas abajo. Enrique Baquero advierte el sonido de unos carboneros manteniendo una animada conversación. "El Arga, como este tramo que hemos visto, es lo más próximo a la naturaleza que tenemos en la ciudad. Apenas unas horas después de la riadas, ya ha recobrado un importante grado de normalidad", resume.


  • Ignacio
    (24/06/13 13:23)
    #1

    ¿No visteis el contendor de la mcp encima de un árbol?

    Responder


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