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HUARTE

El agua engulle el trabajo de los hortelanos

Inundaciones del Arga - Parte 1: Huarte

Inundaciones del Arga - Parte 1: Huarte

Tramo 1: Huarte 41 Fotos

Tramo 1: Huarte

Aspecto del paseo en el tramo de Huarte

Marta López
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Actualizada 20/06/2013 a las 20:33
  • T.B. PAMPLONA
Huarte es una localidad tan íntimamente ligada a la vida del río que recorrer su término municipal supone pasear "entreaguas", tal y como desvela su significado en euskera. Esa cercanía dibujada por los meandros que describe el Arga tuvo como consecuencia que se viera directamente azotada por las intensas lluvias. Superado el mirador de la presa de Atondoa, el paseo del Parque Fluvial continúa tras cruzar el puente de Ugalaldea. En él, se advierten los primeros síntomas del paso de la gota fría.

En sus arcos laterales, varios troncos sin vida yacen arrancados y superpuestos indicando un viaje a merced de la incontrolable fuerza del agua. El Arga se deja sentir todavía con un sonido que, como un rugido constante, llama la atención en lo que parece el epílogo sonoro de un episodio nada habitual.

El pequeño vallado que delimita la primera zona de esparcimiento canino de este trayecto aparece volcado sobre el césped en un claro testimonio de su derrota ante la crecida del Arga, cuya orilla se ha transformado en continuas amalgamas de troncos de distintos tamaños, apoyados unos sobre otros. Son el testimonio de la altura alcanzada por el agua y de la magnitud de la riada.

El sonido del trabajo de los hortelanos en las huertas que circundan este recorrido rompe el sosiego de un trazado en el que se contemplan los primeros invernaderos afectados con plásticos desgajados que han contribuido a dar forma a un paisaje que se repite por todo el paseo. Plásticos de diferentes formas, tamaños, texturas y colores que han finalizado sus viajes estampados directamente contra los árboles y la maleza del río y que ofrece una imagen que difiere sobremanera con la habitual de este corredor verde.

Las bolsas de basura se acumulan en algunos puntos, agrupadas, fruto de las labores de limpieza que se llevan a cabo. Las flores que se asoman al camino trepando por los muros de las huertas ponen el contrapunto de vida con sus colores en un escenario que ha sufrido el revés de la naturaleza pero que días después regala la estampa de aguas cristalinas en la presa de Zokoa.

Junto al edificio de la escuela de negocios Foro Europeo, Mitko Mitrev y José Michelena, trabajadores de Arvena, se ocupan de adecentar otra zona de esparcimiento canino. "Nos encargamos del mantenimiento del parque y a nosotros nos está tocando recuperar estos espacios. Otros compañeros están limpiando la basura acumulada en algunos puntos. El parque en sí no está muy afectado. Caso aparte es el de las huertas. Vamos a limpiar el vallado y a enderezar las piquetas caídas", comentan.

Superadas las piscinas de la localidad, parte del vallado que delimita el camino aparece sumergido en el agua, donde flota un tronco que prácticamente atraviesa por completo el cauce antes de alcanzar el puente de Artadiburua. Es aquí, en las fértiles tierras del meandro del Arga, donde más se aprecian las consecuencias de la gota fría en las huertas que se suceden hasta desembocar en la entrada a la urbanización Martiket. 

"Encontramos más de un metro de agua. No vamos a poder aprovechar nada. Ahora toca limpiar y trata de poner, aunque sea, algún tomate. El agua había entrado en otras ocasiones, pero sin causar tanto destrozo. Creemos que soltaron el pantano tras haberlo tenido cerrado y ese fue el problema", señala Faustino Jiménez mientras se esfuerza en conseguir que su huerta recobre parte del aspecto perdido, al tiempo que muestra el interior de su caseta, con los enseres prácticamante inservibles.

Unos metros más adelante, Miguel Elía reconoce que su parcela no ha salido del todo mal parada. "El invernadero se ha encharcado, la patatas quedaron a la vista y toda la tierra, que estaba completamente lisa, ha acabado levantada, pero me he librado bastante en comparación con otros compañeros. Eso sí, nunca había pasado algo de esta magnitud. La parcela de colza de al lado estaba completamente anegada", describe.

Peor suerte ha corrido el hortelano José Ángel Azpíroz. La fuerza del agua reventó los cerrojos de las puertas metálicas de su huerta, que ahora no puede cerrar, y los pilares del vallado perimetral han cedido invadiendo parte del camino. "En enero fue sólo una cuarta parte de lo que ha pasado ahora. A cualquier que le digas que el agua ha alcanzado esa altura, no se lo cree. Tenía un remolque con bidones con mil litros de agua que fue arrastrado un trecho grande. Más allá, hay un tronco que puede pesar media tonelada y que a saber de dónde ha venido. La pena también es que, al final, nadie parece ser responsable de nada", se lamenta.

Huertas transformadas en pequeños "campo de batalla". Desorden, suciedad, la sensación de que nada está en su sitio y de que la vida que brota del suelo de esta vega fértil ha sido sesgada en tan sólo unas horas.



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