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PROCESIÓN DE SAN SATURNINO

San Saturnino y los niños merecieron un baile

El baile de los gigantes en la Plaza Consistorial pendió de un hilo por culpa de la lluvia que cayó a mediodía

Los gigantes recorren Pamplona por San Saturnino

Cientos de niños y padres se unieron a la Comparsa para acompañarla por las calles del Casco Viejo, junto a la Corporación municipal

Begoña Goitiandia

Salida de los gigantes en Pamplona por San Saturnino

Vídeo de la salida de los gigantes de la estación de autobuses de Pamplona por San Saturnino

Begoña Goitiandia

Cabezudos y zaldikos acompañan a los niños en San Saturnino

Cabezudos y zaldikos han acompañado a los gigantes en su 'paseo' por Pamplona

Begoña Goitiandia
Pamplona celebra la festividad de su patrón

Salida del año pasado de los Gigantes y Cabezudos por San Saturnino.

JAVIER HERRERO
Las imágenes del 'paseo' de Gigantes y Cabezudos de Pamplona por San Saturnino 166 Fotos

Las imágenes del 'paseo' de Gigantes y Cabezudos de Pamplona por San Saturnino

Imágenes del recorrido de los gigantes y cabezudos de Pamplona por San Saturnino

Begoña Goitiandia / Jesús Caso
Actualizada 30/11/2017 a las 09:57

El presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, Mari Ganuza Senosiáin, miraba al cielo protegido de la lluvia en el zaguán del ayuntamiento. Junto a él, las seis figuras regias y los 66 portadores y txistularis aguardaban la orden de salir a la plaza consistorial para, como manda la tradición en San Saturnino, bailar una pieza tras el regreso de la corporación desde la iglesia dedicada al patrón de Pamplona.

Pero llovía. Y Mari Ganuza dudaba este miércoles de que los gigantes pudieran hacer su aparición para calmar las ganas de los niños, que deberán esperar para verlos hasta el 6 de julio. Porque su salida se constriñe a fechas muy especiales: a San Fermín y San Fermín de Aldapa, el Día del Privilegio de la Unión y el día del patrón.

Al menos sí los habían podido ver a las nueve y media de la mañana, cuando irrumpían en la calle desde la estación de autobuses para, durante media hora, encaminar sus pasos hacia el ayuntamiento. Allí, en Cuerpo de Ciudad, salía la corporación para ya todos juntos acudir a la parroquia de San Saturnino. En el grupo municipal, faltaban los tres ediles de Aranzadi (Laura Berro, Armando Cuenca y Manuel Millera), dos de Bildu (Maider Beloki y Patricia Perales) y la concejal de I-E (Edurne Eguino).

En la iglesia, la comitiva se nutría con la representación religiosa de parroquias y la Catedral con su deán Carlos Ayerra y que encabezó el obispo Francisco Pérez. A ellos se unirían los porteadores municipales que sacaron en andas los 180 kilos de la figura de San Saturnino, la mitad que la de San Fermín.

CAPILLA DE LA CATEDRAL

Y de ahí, por la puerta de la calle Campana, se salía para comenzar una procesión que, sin lluvia y a siete grados, recorrió las calles de San Saturnino, Mayor, paseo del Doctor Arazuri, Nueva y, otra vez San Saturnino donde se entró de nuevo a la iglesia para asistir al acto religioso que ofició el obispo a las once de la mañana. En los bancos reservados para las autoridades municipales, no estaban el alcalde Joseba Asiron y sus compañeros de Bildu Aritz Romeo y Joxe Abaurrea, así como Itziar Gómez, Esther Cremaes y Mikel Armendáriz, de Geroa Bai. Sí se unirían después en el regreso al edificio consistorial.

Para la misa, abarrotada de fieles, se contó con la Capilla de Música de la Catedral, en colaboración con el Orfeón Pamplonés y la Orquesta Sinfónica de Navarra, además del organista Julián Ayesa, que bajo la batuta de Aurelio Sagaseta interpretaron once temas. Un repertorio nutrido con piezas populares, como la de la entrada ¡Kistro, gure Errege! (siglo XIX), las propias de Sagaseta en el salmo responsorial con las voces de las sopranos Elena Miral y Laura Setuain, sin olvidar a clásicos como Bach o Haendel.

Durante la homilía, Francisco Pérez recordó la biografía de San Saturnino, remarcando que fue él quién bautizó a San Fermín con -dice la leyenda- el agua del pozo que hay frente a la parroquia. El obispo también rememoró el martirio del patrón de Pamplona y lo enlazó con el viaje del Papa Francisco en Birmania. “La historia se repite, en nuestra época muchos cristianos mueren, en concreto cada cinco minutos, por creer en Jesús”.

PAZ Y CONVIVENCIA

Y de Asia, a Pamplona, que fue la protagonista en el turno de las preces. Se pidió por la ciudad, para que “sus habitantes vivan en la honradez y la convivencia”, y también por la corporación para “que con su trabajo construyan la paz, el civismo y la prosperidad”. En la calle, los gigantes y cabezudos se encaminaban hacia la Plaza Consistorial. Pero la lluvia les hizo resguardarse dentro del zaguán, donde hubo que abrir las puertas principales para que entraran las grandes figuras.

Y fuera, la gente esperaba mientras la lluvia, no muy intensa pero sí peligrosa para los portadores de los gigantes, hacía abrir cientos de paraguas. “Sigue lloviendo”, decía Mari Ganuza. “Ahora mismo la opción es no salir. Es que con este agua ni nosotros podemos bailar ni la Pamplonesa tocar”, añadía el presidente de la comparsa.

El repique de campanas indicaba a las doce y cuarto que la misa había terminado, pero no el agua que continuaba cayendo sobre Pamplona. Quince minutos después llegaba la corporación al edificio consistorial, enmarcando su entrada los dantzaris de Duguna, pero no los gigantes que seguían a resguardo en el zaguán. “A nada que deje de llover deberíamos salir, con toda esta gente...”, decía un integrante de la comparsa al ver el gentío que se congregaba en la plaza.

Y se salió. “Venga rápido, que apenas cae agua”, ordenó Mari Ganuza. Y en pocos segundos, las ocho figuras estaban en la plaza para cumplir con su ritual de todos los años por la fiesta del patrón. Un gesto que se premió con el aplauso de los asistentes, tanto de los cientos de personas que llenaban la plaza como arriba, de la corporación asomada al balcón. Como después ocurrió con el grupo de dantzas Duguna.

Lo que ya no se pudo cumplir fue con el regreso de la comparsa por las calles del Casco Viejo y Ensanche a su sede de la Estación de Autobuses. Lo harán hoy en unos camiones. “Ya no nos podíamos arriesgar”, dijo Mari Ganuza, contento como sus compañeros de, al menos, haber podido bailar.

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