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PAMPLONA

Cuatro pamploneses que cambian de hábito

Los pamploneses han modificado su rutina esta semana. O usan más la villavesa, o toman rutas alternativas, o caminan. Ese es el objetivo del Ayuntamiento: redistribuir el tráfico, crear nuevos hábitos y descongestionar el centro de 15.000 vehículos al día

Decenas de personas atraviesan un paso de peatones en la avenida Conde Oliveto una mañana tras haberse introducido los cambios en el tráfico.

Decenas de personas atraviesan un paso de peatones en la avenida Conde Oliveto una mañana tras haberse introducido los cambios en el tráfico.

Actualizada 17/09/2017 a las 16:51

Hoy acaba la primera semana tras los cambios en el tráfico del Primer Ensanche de Pamplona y las actitudes de los ciudadanos son muy variadas, de la satisfacción al enfado, de la cautela a la resignación. Lo único seguro es que los pamploneses ya han cambiado sus hábitos. Su rutina es ahora diferente. El objetivo del Consistorio con este plan en el que se ha invertido 184.438,15 euros en esta primera fase es conseguir un centro de la ciudad más amable relegando el protagonismo del coche. Traducido a números, quieren quitar de la circulación en la zona al menos 15.000 vehículos diarios. Para ello, el tráfico ha de fluir hacia otras zonas y los ciudadanos adquirir nuevos hábitos. Los cuatro protagonistas de este reportaje son muestra de ello. “Hemos hecho un plan global y tal vez nos hemos perdido en los detalles”, dijo esta semana Xabier Ibáñez Sagardoi, director de Seguridad Ciudadana que ha trabajado junto a otros técnicos del Ayuntamiento un año en este plan. Esos detalles son los que ya se están analizando y han de resolverse antes de los seis meses que se han dado para testar el cambio. No obstante, la apuesta de fondo es decidida. El peatón será el protagonista y la villavesa, la conexión con los barrios.

David Nebreda y Patricia Rada: “Hoy habríamos subido en coche, no en villavesa”


Su perfil es muy completo para dar fe de que los cambios en el tráfico afectan al día a día. David Nebreda y Patricia Rada viven en Buztintxuri, con su hijo de tres años, Xabier, tienen una plaza de garaje en la Plaza de la O, y una abuela de 79 años y un abuelo de 80 que viven en la calle San Lorenzo y que cuidan de Xabier o de sus primos cuando enferman. Ayer subieron los tres en villavesa al centro y se bajaron en la nueva parada de la calle Taconera. “De haber podido, habríamos subido en coche y aparcado en el garaje”, reconocen. Ayer se daba la circunstancia de que el mercado medieval le impedía acceder, en cualquier caso, les molesta que no puedan seguir entrando por la calle Mayor.

David ya ha solicitado acceso en la web www.plandeamabilización.com por “Residentes mayores de 70 años”, pero admite no tener claros los “requisitos” de los accesos. En la propia web se afirma que “por supuesto” se puede recoger con el vehículo a una persona del Casco Antiguo de la que se cuida.

Patricia, por su parte, se muestra mucho más airada y da gracias a que finalmente no llevaron a su hijo Xabier al colegio Santo Tomás Dominicas, una de las opciones que barajaban. “No lo pensamos en su momento, pero sin duda sería un factor que tendríamos en cuenta para elegir colegio”, afirma. Además cuenta que antes iba a Soto de Lezkairu desde Buztintxuri pasando por el centro, pero que el otro día lo hizo por Hospitales. Ella es una de tantas que ha tomado nuevas rutas. De hecho, el Ayuntamiento ya informó esta semana de que el tráfico se ha distribuido.

Carlos y Javier Horcada: "Hemos venido en bici por el nuevo carril”


Carlos Horcada, de 56 años, y su hijo Javier, de 11, pasaban ayer por primera vez por el nuevo carril bici de la calle Taconera para ir a la Rochapea, donde viven. El padre se suele mover en bicicleta y afirma que cuando va solo, circula por el carril bici o por la calzada, pero cuando va con su hijo, si no hay carril segregado del tráfico, anda por la acera y con cuidado. Un hábito en el que coincide con muchos otros padres ciclistas preguntados estos días. Al pasar por la calle Navas de Tolosa usaron ayer el margen de calzada separado por unos bolardos y que en un futuro será acera. Al contrario de lo que manifestaban muchos ciclistas estos días, que pedían que se aprovechase a hacer un carril bici en esas calles, Carlos opinó que “todo lo que sea para el peatón está bien, a los coches es mejor que se les deje lo justo y necesario”. La idea es que por calles como Navas de Tolosa o Padre Moret, villavesa y bicicleta convivan con una velocidad límite de 30 km/h. Esto se enmarca en la filosofía de las denominadas ‘ciclocalles’, en las que la bici debe ser un vehículo más.

Yolanda Rodríguez Angulo: “Cenamos en la Rochapea porque aquí no podíamos aparcar”


Vive en la calle Sandoval, una de las que más ‘guerra’ han dado por los cambios. Los comerciantes se quejan de que los coches ya no pueden aparcar debido a que los aparcamientos son zona verde, sólo para residentes. El Ayuntamiento, como respuesta, ya comunicó que se está estudiando reservar ciertas plazas para el comercio. Yolanda, no obstante, echa de menos la zona azul por otro motivo, porque sus tres hijos no pueden estacionar cuando van a visitarla. “Ayer quedamos para cenar en la Rochapea, donde vive mi hija, porque aquí ellos no podían aparcar”, dice mientras camina con el perro de su hija, Nano, hacia el Portal Nuevo. Se lo cuida de vez en cuando. “No puede ni parar a dejar al animal”, se queja. Un día no respetaron la regulación y le dejaron una nota informativa en el limpiaparabrisas en la que le advertían. Ya ha preparado una instancia para el Ayuntamiento que ayer llevaba consigo en el bolso. “Una amiga que vive en la calle Nueva, el otro día, pagó 10 euros de aparcamiento subterráneo”, dice.

Neus Vives y Pablo Tabar: “Mejor que no lo hubieran hecho”

 


Viven en la calle Campana, junto a la iglesia de San Saturnino desde hace más de diez años. Necesitan el coche a diario porque trabajan en el polígono Esquíroz, ella y en la Universidad de Navarra, él. “A las personas de lo viejo nos afecta, si ya era complicado de por sí, imagínate ahora...”, dice Neus. Si restringen el tráfico, pide alternativas. “¿Por qué no construyeron en su día el aparcamiento subterráneo de Sarasate? Aunque una plaza privada no se la puede permitir nadie...”, afirma. “Mejor que no lo hubieran hecho”, opina Pablo. Se quejan de que al haber menos plazas de aparcamiento ahora deben aparcar más lejos. Como no podían acceder con el vehículo, ayer iban cargados con cajas hacia su casa, un quinto sin ascensor. “Es lo que tiene vivir en el Casco Antiguo”, dice con guasa Pablo.


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