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COMERCIO

Pastas Beatriz abrirá en Navidad una nueva tienda en la calle Curia de Pamplona

Las hermanas Gómez Tellechea mantendrán el actual negocio e inaugurarán el segundo en la calle Curia nº 16

Lourdes Gómez y su hijo Jon en Pastas Beatriz

Lourdes Gómez y su hijo Jon en Pastas Beatriz.

18/05/2017 a las 06:00
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  • J.P.E./F.P. PAMPLONA

A su hijo Jon, siendo un bebé, lo dormía en uno de los cajones situados detrás del mostrador de su establecimiento. Ella, mientras, trabajaba en el obrador junto a su hermana o atendía al público. Cada cuatro horas, aproximadamente, miraba al comercio situado frente a su tienda. Buscaba un pañuelo blanco, la señal de que su compañera no tenía a nadie y ella podía pasar con su pequeño para darle teta.

Hoy, Lourdes Gómez Tellechea está a punto de cumplir 60 años. Los celebrará en 15 días en su negocio, junto a su hermana Asun, su hija Goizeder, tres chicos que tiene de acogida, de entre 11 y 14 años, y su hijo Jon, convertido ya en un treintañero, quien ya atiende en el mostrador. Esta celebración coincidirá con un cambio “ilusionante” en sus vidas: el comienzo de los preparativos para poder abrir en Navidad una nueva tienda de Pastas Beatriz en Pamplona, en concreto, en la calle Curia número 16.

La noticia de esta posible apertura saltó a los titulares hace unos seis años. Entonces, los comerciantes de la calle que lleva a la catedral de la capital navarra aplaudieron la noticia. Sin embargo, unas obras en el edificio han retrasado la ampliación de este negocio hasta este 2017. Ahora sí, estas hermanas naturales de Ezkurra ya han contactado con un arquitecto para dibujar el futuro local que albergará el obrador y un espacio de atención al público, que se sumará a la tienda de la calle Estafeta.

Sus futuros vecinos aguardan ansiosos la inauguración. "Estamos encantados”, compartía Sonia Mérida, de la tienda de tés Especialité, en el nº1 de Curia. “Nos enteramos hace años, pero ya se nos había olvidado. Llevamos siete años en esta calle. Ahora tiene mucho movimiento. Pasan muchos turistas, peregrinos… y Pastas Beatriz seguro que trae más gente”, auguraba. Una sensación también compartida por Mari Cruz Villafranca, de la peluquería Pompaela, en el nº 2: “Cuentan con una clientela muy concreta y seguro que lo notamos”.

Pastas Beatriz abrirá una nueva tienda en la calle Curia de Pamplona

“DUELE EL TIEMPO QUE NO HE DEDICADO A MIS HIJOS"

Entre tanto, el corazón de las hermanas Tellechea sigue latiendo en el nº 22 de la calle Estafeta. Un rincón con medio siglo de historia donde las colas se repiten a diario para comprar los garroticos de chocolate más famosos de Pamplona. Asun y Lourdes adquirieron este negocio con poco más de 20 años. Hasta entonces, perteneció a Pablo Sarandi, vecino de la Estafeta, y su mujer Beatriz, quienes estuvieron al frente durante 22 años. “Nos dieron todas las recetas y nos ayudaron con todo”, recuerda con una gratitud inmensa Lourdes.

“Mi marido en aquel momento, Fernando, fue quien nos impulsó. Y nos hipotecamos”. Ni Asun ni Lourdes poseían nociones de pastelería. Todo lo aprendieron de su abuela Camila, mientras su madre trabajaba en el campo. Ante la aventura empresarial, su padre contenía la respiración. Y ellas, entre la ilusión y la incertidumbre, comenzaron a amasar lo que Lourdes describe como su “vida, otro hijo”. “¡Qué contentica se vería hoy Camila! Y qué orgulloso mi padre!”, suspira.

En su espalda “crujen” las incontables horas dedicadas a un negocio que abre a las 5.00 horas. “Es mucho sacrificio, muchas horas y yo soy muy de caserío. No soy masoca, ni me quiero hacer millonaria. Pero si tienes un negocio, tienes que atenderlo. Lo que sí me duele es el tiempo que no he podido dedicar a mis hijos”, reflexiona, aunque matiza: “Pero Pastas Beatriz es nuestra vida”. Y en ella hay innumerables capítulos que la emocionan. Mira a una pared y señala una talla de madera donde se lee ‘¡Qué ricos los garroticos!’. “Nos la regaló un chico de Bilbao. ¡Eso vale mucho más que mil euros! Y te hace pensar que algo estaremos haciendo bien”.

Su vecina de arriba, quien le baja comida a la tienda si a Lourdes no le da tiempo a volver a su casa en Mutilva, interviene: “No hay persona más generosa”. Y Lourdes sonríe: “La Estafeta tiene algo de pueblo. Eso me gusta y es lo que echo de menos. Antes podía hablar con las vecinas que venían a comprar. Una te contaba su vida, a otra le subías al pan… El público, en general, es maravilloso”.

Ahora no le da tanto tiempo a estar de cara al público. Pasa más ratos en el obrador, pero espera poder recuperar algo de aquel trato con los clientes en la futura tienda. Aún no saben cómo se van a organizar. Sí que cree que necesitarán contratar más manos, además de las de su hermana, su hijo y otras tres compañeras, sin olvidar las de su exmarido, que sigue ayudándoles con el negocio. Además, espera poder estrenar nuevo horario. “Mi hijo me dice que me va a jubilar. No sé si podría desengancharme tanto, lo llevo dentro, aunque sí me gustaría trabajar unas cuatro horas”, desea. Su “relevo” sonríe y en cuanto a su porvenir o la manera de regentar el negocio opta por el silencio: “Yo, ver oír y callar”.

 


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