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El desfibrilador salva otra vida

El corazón de José Luis Aragón se paró el 11 de septiembre cuando veía las vacas en su Arguedas natal. La actuación del policía local Alberto Tomás con un desfibrilador le devolvió a la vida.

Alberto Tomás y José Luis Aragón sonríen juntos en el lugar en el que a Aragón se le paró el corazón.

El desfibrilador salva otra vida

Alberto Tomás y José Luis Aragón sonríen juntos en el lugar en el que a Aragón se le paró el corazón.

Actualizada 28/10/2016 a las 12:08

José Luis Aragón Alegre, vecino de la localidad ribera de Arguedas, tiene 69 años, pero desde hace un mes tiene una nueva fecha que celebrar por todo lo alto, el 11 de septiembre de 2016. Ese día se le paró el corazón, probablemente tras sufrir una muerte súbita, según indicaron los médicos, y, tras unos minutos de angustia, fue devuelto a la vida gracias a la actuación del policía local Alberto Tomás Cordón y del Desfibrilador Externo Semiautomático (DESA) que utilizó.

Era el Día de Bardenas y, después de comer, fue desde la casa en la que reside junto a su madre, de 91 años, en el paseo Venecia número 28, a ver la suelta de vacas con sus hermanos Jesús Ángel, Ana Carmen y Francisco José; y su cuñado José Ángel Vallés. Además, tiene dos hermanos (un tercero falleció), y dos hermanas más.

Todo iba bien, pero el corazón de José Luis se paró súbitamente cuando el reloj no marcaba todavía las 19 horas. Estaba frente al número 48 de la calle Real, y se desvaneció de repente. Su cuñado se percató inmediatamente y evitó que se golpeara contra el suelo. Lo ocurrido, en medio de un centro de Arguedas lleno de gente, provocó un gran revuelo en busca de ayuda. “Se enteró todo el mundo menos yo”, bromea José Luis Aragón, que no tiene ninguna secuela. A partir de ahí, no pasaron ni 10 minutos hasta que volvió a la vida, pero se hicieron eternos.

RÁPIDA ACTUACIÓN

Los primeros en llegar fueron los sanitarios, que cubrían la suelta de vacas, y Alberto Tomás Cordón, policía municipal de la localidad. Los sanitarios, tras constatar que no tenía pulso, iniciaron las maniobras de reanimación mientras Alberto Tomás corría a por el DESA que lleva en el coche patrulla y que estaba junto al quiosco de la plaza General Clemente, a unos 50 metros de José Luis Aragón. Cuando llegó, colocó los parches del DESA en el pecho de Aragón y, cuando el aparato analizó la situación del herido, avisó de que estaba listo para la primera descarga. Pero no funcionó y los sanitarios prosiguieron con sus maniobras hasta que el desfibrilador estuvo listo para una segunda descarga.

“Y, de repente, abrió los ojos. Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo. Es muy emocionante, increíble. No sabía si correr, gritar, o qué. Y ahora está hecho un chaval”, cuenta Alberto Tomás, que no conocía a José Luis Aragón y era la primera vez que llevaba a cabo esta maniobra. “Me resucitó, y le estaré eternamente agradecido a él y a los demás que me atendieron”, explica José Luis Aragón, albañil jubilado. “Estaba hinchado y blanco, seco. Lo pasamos muy mal porque pensamos que lo perdíamos”, recuerda su hermana Ana Carmen Aragón.

Una vez recuperó el pulso fue trasladado al hospital Reina Sofía de Tudela, donde lo estabilizaron antes de enviarlo al Complejo Hospitalario de Navarra, un viaje que ya hizo plenamente consciente. “Íbamos muy rápido y me mareé en el viaje porque me movía mucho”, afirma José Luis Aragón. “En Tudela ya estaba bien, pero en Pamplona estaba tan ‘pincho’ que parecía que no le había pasado nada”, dice su hermana. En Pamplona le dijeron que había tenido mucha suerte y el sábado 17 lo mandaron a casa tras colocarle un catéter. El sábado, a las 12.30 horas, “ya estaba en la farmacia comprando la medicación”, recuerda. Después volvió a su casa, donde realiza la misma vida que antes del susto, el primero de este tipo que tiene y del que se ha recuperado completamente. “La gente no me preguntaba ni qué tal estaba. Nada más salir de casa el primer día me dijeron que les debía una tarde de vacas, que se suspendieron por mi culpa”, bromea.

EL REENCUENTRO

Después de haberle salvado la vida, su reencuentro con Alberto Tomás se hizo esperar unos días. Cuando llegó, el municipal apenas reconoció a José Luis Aragón, cuando le abrió la puerta de su casa. “Dije, este es otro. No le reconocí”, manifiesta Tomás, que añade que “fue una alegría muy grande” haberlo revivido. “No le di más que la mano. Es lo que se me ocurrió, nada más”, afirma Aragón, con una permanente sonrisa en su rostro.

Rememorando la tarde del 11 de septiembre, Alberto Tomás reconoce que lo único que se le pasó por la cabeza fue “correr, correr y correr con la esperanza de que el aparato funcionara y sea verdad lo que te decían al comprarlo. Además, había que calmar los nervios de la familia, que estaba ahí”.

Y todo, gracias al DESA, un aparato que cada vez está presente en más lugares y que salva vidas. “Tienen que ponerlos donde haya aglomeraciones”, indica Aragón. Tomás señala que en Arguedas disponen de tres, el de su coche patrulla, el del colegio y el del campo de fútbol, pero planean poner dos más en la zona centro y otro en el polideportivo. Para emplearlo tan sólo se necesita acudir a un sencillo curso de ocho horas, y cada dos años a un reciclaje de cuatro horas. “Debería impulsarse mucho más porque es una herramienta muy muy buena”, asegura el municipal. Tanto, como para darle una segunda oportunidad a la vida de personas como José Luis Aragón.


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