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AGRESIÓN EN ALSASUA

Víctima de la agresión en Alsasua: “De repente nos vimos rodeados y tuvimos 60 manos encima”

“Nos han pegado por ser o estar con guardias civiles”, destaca la pareja de uno de los agentes heridos

Imagen del establecimiento hostelero, situado en la calle García Ximénez, donde ocurrió la agresión contra los guardias civiles y sus parejas.

Imagen del establecimiento hostelero, situado en la calle García Ximénez, donde ocurrió la agresión contra los guardias civiles y sus parejas.

Imagen del establecimiento hostelero, situado en la calle García Ximénez, donde ocurrió la agresión contra los guardias civiles y sus parejas.

Actualizada 26/10/2016 a las 11:41
  • G.G.O./N.G.

“No sé lo que hubiese pasado si nos hubiéramos quedado dentro del bar”. Horas después de la agresión sufrida, con el cuerpo magullado y salpicado de cardenales, la pareja de uno de los guardias civiles no podía sobreponerse de la “indignación” sentida por la paliza. “Nos han pegado -decía- por ser o estar con guardias civiles”.

Su apreciación era una conclusión al relato de los hechos vividos en una noche que en principio era de diversión, en el marco de las ferias de Alsasua, y que se truncó en una horrible pesadilla. “Todo fue muy rápido y a la vez muy lento”, sin poder concretar la duración del trágico episodio. Los dos guardias civiles se encontraban con sus parejas dentro del bar. “De vez en cuando sentíamos que nos miraban un poco. Al cabo del rato, nos lanzaron un vaso de chupito”, según la mujer. “A la media hora” aproximadamente, un joven, que había reconocido al teniente de la Benemérita, se acercó al cuarteto y empezó a increparle a él y a su compañero. “¡Fuera de aquí!”, se le escuchó decir entre otros improperios, según la versión que ofreció la mujer a un familiar. Los agentes trataron de apaciguarle con un mensaje de calma ante la situación que se adivinaba cada vez más tensa: “Tranquilo, que no pasa nada. Estamos en plan bien”.

“De repente nos vimos rodeados dentro del bar, con 60 manos encima”, relata la mujer. Como consecuencia de los golpes recibidos, el teniente cayó al suelo. Tenía “el tobillo salido y sangraba por un labio”. Ayer en el hospital, además de ser intervenido por la fractura en la extremidad, recibió asistencia de un especialista en cirugía plástica por la herida en el labio, que precisó de tres puntos de sutura. Indefenso en el suelo, el oficial continuó recibiendo patadas. “Fue un ensañamiento”, destacó un familiar de una de las víctimas. El sargento no se libró del apaleamiento al que fueron sometidos. Su camiseta blanca acabó empañada en su parte posterior “de huellas de zapatos”. Sufrió “varias contusiones en la espalda, con una mano hinchada y cojeando”. En medio del desconcierto generado, las dos mujeres trataron de salir en defensa de sus parejas para sufrir su misma desgracia. Una de ellas padeció una contractura cervical, que le obligó ayer a portar un collarín.

FUERA DEL BAR

En un estado de indefensión, entre un aluvión de golpes, los cuatro trataron de llegar a la puerta de salida para ponerse a salvo. Sus expectativas se tornaron en frustración al toparse con un segundo grupo de agresores: “Fuera nos estaba esperando gente”.

Ayer, sin aún haberse sobrepuesto del “susto” que pudo acabar en un desenlace todavía peor, una interpelación formulada con un poso de rabia rondaba su mente: “Sigo esperando el apoyo de las feministas de la zona por haber recibido puñetazos, patadas y demás, simplemente por ser novia de...”.


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