Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página HIBERUS | Google Plus Hemeroteca Edición impresa DN+ Tablet
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete
El Tiempo: Cargando...

Navarra Navarra

La Hemeroteca
ERMITA DE SAN MIGUEL

Felipe guarda las llaves de Izaga

Desde los 5 años vive en Zuazu, a pie de peña Izaga (1.352 m) y abre a todo el que se lo pide la ermita de San Miguel, 150 metros más abajo de una cima asequible para los aficionados menos osados

Felipe Ituláin Redín junto a la ermita de San Miguel de Izaga. Detrás, sobresale la silueta de la Higa de Monreal (1.295 metros).

Felipe Ituláin Redín junto a la ermita de San Miguel de Izaga. Detrás, sobresale la silueta de la Higa de Monreal (1.295 metros).

Felipe Ituláin Redín junto a la ermita de San Miguel de Izaga. Detrás, sobresale la silueta de la Higa de Monreal (1.295 metros).

Actualizada 27/10/2016 a las 12:07

Es jueves, media mañana de un otoño perezoso, casi rendido ante un sol aún en buena forma. Cuenta Felipe Ituláin que no es raro encontrarse con alguien en la ermita de Izaga, a 1.240 metros de altitud y a solo un cuarto de hora a pie de la cima, la peña, unos 110 metros más arriba. Él guarda la llave de la ermita y se la deja a todo el que la pida en su casa de Zuazu, en Izagaondoa, un pueblo a los pies de uno de los montes protagonistas en el perfil que enmarca la Comarca de Pamplona.

Felipe Ituláin Redín nació en Lónguida. Con 5 años llegó con su familia a Zuazu, a Casa Caballero, un edificio palaciego del siglo XVII. Es 29 de septiembre. San Miguel. El manzano de la huerta está cargado de fruta. Tienta echarle mano, pero un cartel advierte: “Están sin tratar, diarreas continuas”. Felipe ríe. “Tranquila, puedes coger una”.

También fue claro al tallar sutilmente en la piedra, en una de las dos puertas de la ermita de Izaga la siguiente frase: “Pedir la llave en Zuazu, no forcéis la puerta”. La escribió porque un día se encontraron con la cerradura reventada. “Una pena. ¡Si yo dejo la llave a todo el que me la pide! También sé que quien la pide nunca haría eso”, sentencia Felipe, con 84 años y muchas ganas aún de aprender, de seguir leyendo, el periódico o los libros de arte que descansan en las estanterías de su casa.

Felipe conoce cada metro del camino que separa Zuazu, a poco más de 600 metros de altitud, de Izaga. Es una pista forestal, dañada en los últimos años por lluvias impertinentes que desdibujaron la silueta sinuosa y el desnivel que salva. La vegetación cambia conforme sube la altura y en ocasiones robles y hayas forman un arco al paseante, al montañero o al romero que tres veces al año sube a la ermita. Y, de camino, una fuente de la que “si bebes, te entran ganas de comer”. La ermita cuenta con dos imágenes de San Miguel. Una de ellas, “el criadico” se baja al pueblo, en andas, el domingo anterior al 29 de septiembre. Se vuelve a subir el 8 de mayo y la tercera misa del año es el día de la Trinidad. “Antes comíamos y todo aquí, ahora ya no, pero el almuerzo no falla”. “Ese no, casi siempre jamón o alguna tortilla. Y un poco de vino no puede faltar”, adereza el relato amable Felipe, aunque también sugiere que “hay quien pone una vela a Dios arriba y dos al diablo abajo”. Ha subido desde bien crío, también a atender las vacas que pastaban en las faldas de Izaga; y a cazar cualquier día. Pero en los últimos años ya no va a pie. Se recuperó de un ictus que le ha dejado pequeñas secuelas, así que ahora se ayuda de una vara de avellano y espera a quien conduzca un todo terreno.

SECUELAS DE UN INCENDIO

Dicen de Izaga que es más que una ermita, por tamaño, por historia, por valor artístico incluso. Se restauró en 1985, echaron mano los vecinos del pueblo, en auzolan, como aún se levantan muros en muchos pueblos. 1.240 metros son muchos en inviernos furiosos, cuando el viento pela hasta la última hoja. “Aquí pega mucho sí”, asiente y recuerda al tiempo el incendio que hace quince años asoló el entorno. Es fácil adivinar los efectos aún crudos del fuego, árboles de tronco negro, suelos sin verde. “Yo mismo llamé al 112 y los bomberos llegaron pronto, pero las llamas pudieron más”, lamenta. Poco a poco el monte se regenera. Lo saben bien los habituales de Izaga, que no son pocos. A pesar de los 700 metros largos de desnivel, es una cima asequible para aficionados no muy experimentados. Incluso se puede llegar con niños, por ejemplo desde el sendero que parte de Ardanaz. Hay aproximadamente una hora y media a pie hasta la cima. Izagaondoa e Ibargoiti son sus valles, pueblos con acusada despoblación como el mismo Zuazu, Artaiz, Reta, Ardanaz, Iriso o Alzórriz, donde se cultiva cereal, girasol, colza y también guisante.

Felipe, casado con Mª Lourdes Irurita, de Olagüe, tiene tres hijos y dos nietos. El matrimonio es una de las tres familias que viven todo el año en Zuazu. Pero no acusan la soledad. “Se nos pasa volando el día, esto es de lo mejorico”.


Comentarios

Lo más...
volver arriba
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual