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GERARDO ECHEITA

"Soñar con una educación inclusiva para todos no es una utopía, es un camino"

  • Apuesta por una "alfabetización ética" de toda la sociedad para ir avanzando hacia un modelo educativo y social inclusivo para todos, algo que podría empezar "mañana mismo si hubiera voluntad". Por ello, anima a "exigir" este "derecho".

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Gerardo Echeita Sarrionandia, ayer en Civican. CALLEJA

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Actualizada 18/12/2011 a las 01:04
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  • Mª JESÚS CASTILLEJO . PAMPLONA

El I Congreso Síndrome Up. Un abrazo a la disCAPACIDAD celebró ayer su última jornada en Civican concluyendo con un nuevo lema: "Un abrazo a la diversidad". Como la de los cientos de niños con "capacidades diversas" que convivieron en talleres de magia, baile, cocina... y los 160 adultos (padres, profesionales, etc.)- en el congreso técnico organizado por la Asociación Síndrome Up. Ayer se habló de atención temprana, autodeterminación, ética, derechos... Y también de "educación inclusiva", de la mano de Gerardo Echeita, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid y consultor de la Unesco.

¿Cuál es el modelo de educación inclusiva que usted defiende?

No es una manera moderna de referirse a la educación especial o a la compensatoria. Es un enfoque global respecto a la sociedad que queremos. Es preocuparnos porque todos nuestros alumnos alcancen el máximo desarrollo de sus competencias. Soñamos con una educación y una sociedad inclusivas, capaces de reconocer y respetar todas las manifestaciones de la diversidad (género, etnia, discapacidad...), porque todos tienen derecho, como está ya reconocido en la legislación. Pero el trecho entre el dicho y el hecho es aún enorme.

Seguramente ya le habrán dicho que igual es "una utopía"...

Hace 50 años también era una utopía los actuales avances en la igualdad de la mujer. Y durante mucho tiempo también fue una utopía pisar la luna. La utopía nace de la capacidad humana de soñar mundos distintos y mejores, de idear metas, caminos..., como el de una educación y una sociedad inclusiva, que deben ir de la mano.

¿No es lo que pretendió la LOGSE y la integración de niños con necesidades educativas especiales en escuelas ordinarias? ¿No se cumplieron las expectativas...?

Como toda realidad humana, es un fenómeno muy complejo, un poliedro con muchas caras, muy contradictorio y paradójico. Además, el lunes los niños tienen clase, es decir, cómo hacer reformas en casa y continuar con la vida diaria... Claro que en nuestro sistema educativo ha habido cambios y se han dado pasos, pero muy parciales, muy insuficientes. Mientras tanto, muchas familias han tenido que ver el sufrimiento de sus hijos dentro de un sistema que no les incluye realmente ni les respeta y que no les ofrece una buena educación.

Y algunas optaron por "regresar" a los centros específicos...

Sí, es una de las dolientes paradojas, porque hay muchos centros específicos que están haciendo un trabajo muy positivo. Allá donde estos niños están no les entienden y sí en esos espacios donde no deberían estar. En los últimos diez-quince años, tanto en España como en otros países, se ha producido un estancamiento en ese camino soñado.

Pero, ¿qué falló exactamente?

No se tomó conciencia real del desafío que suponía y ha faltado determinación para ser coherentes. Eran y son necesarios cambios sistémicos, que afecten a todos los componentes del sistema educativo (currículo, formación de profesorado, políticas y prácticas escolares, etc.) y a toda la sociedad. Los cambios de modelo requieren mucho debate y mucha voluntad. Pero ya han pasado 25 años, tiempo suficiente como para que ciertas coartadas, como que los profesionales no estaban preparados desde el punto de vista pedagógico, ya no sean válidas. Hoy sabemos muchas más cosas y tenemos ejemplos reales de que la educación inclusiva es posible.

¿Cuáles son los obstáculos?

Vivimos en una sociedad que es excluyente. Y el sistema educativo tampoco está diseñado para serlo y tiene concepciones, rutinas e inercias arraigadas. También, la debilidad de nuestras convicciones, hace falta una "alfabetización ética". Y está la falta de voluntad para luchar, para que sea una prioridad, y la falta de un apoyo real y completo de nuestros gobernantes, que no aplican la legislación en esta materia como las normas de circulación... Y mientras, cómo les dices a las familias que tengan paciencia...

¿Cuál es el futuro y qué hacer?

Comparado con el pasado, sin duda será mejor. Es necesaria la esperanza, pero una esperanza militante. Tenemos que llevar ya los derechos a la práctica. Aunque no sea políticamente correcto, hay que hacer visibles las barreras y denunciar las discriminaciones. Hay que exigir el cumplimiento del derecho a la educación inclusiva. Hay que ir a un aprendizaje, diseñado desde el principio para todos, con los ajustes que sean razonables. Y es necesario contar con el respaldo de una tupida red de apoyos y colaboraciones.




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