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"He rechazado premios por no salir en los medios"

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Actualizada 01/11/2011 a las 02:01

En cada una de las muchas ocasiones que el presidente de una Cámara de Comercio o de una asociación empresarial le comunicaba que le concedían un premio para reconocer su brillante trayectoria como empresario, él siempre respondía con resignación lo mismo: "Estoy agradecido, me gustaría recibirlo, pero no puedo. Entiéndame... He de ser discreto y evitar aparecer en los medios". Este empresario navarro extorsionado por la banda terrorista durante más de una década, desde finales de los 90, ni tan siquiera recuerda el momento exacto en el que ETA empezó a mandarle cartas de extorsión: "Han sido tantas... Todo esto ha sido realmente agobiante. Llegaban cada pocos meses. Primero iban dirigidas a mi persona, luego a mi mujer con el remite de mi primo...", cuenta.

Lo que sí recuerda este empresario es cómo empezó a cambiar su vida desde entonces: constantes cambios de horarios y de hábitos, no poder comunicar que iba a visitar una de sus empresas hasta que salía por la puerta de su empresa, coches patrulla de la Policía rondando por su casa 3 ó 4 veces al día, y sobre todo, desconfianza de que alguno de sus empleados estuviera relacionado con la banda terrorista. "No quería saber nada de ellos por principios. Aunque lo que me pidieran fueran dos céntimos es el hecho de estar pagando a asesinos. Lo consulté con mi consejo de administración y todos pensábamos lo mismo. No íbamos a pagar a asesinos". Entre sus planes jamás se encontró la posibilidad de abandonar Navarra, en cambio, varios amigos suyos optaron por marcharse a otras provincias: "Eso sí que es duro...", dice.

Este empresario considera "bueno" el fin de la violencia: "Es el comienzo del fin, aunque no hay que entenderlo como un paso final. Este es el momento para escuchar y atender, teniendo cuidado con hacer cesiones políticas. Sin ETA, ahora sé que me siento mucho más tranquilo".

"Tuve que mudarme y aumentar mi seguridad"

El día que empezó a recibir cartas de extorsión de ETA no le sorprendió. De hecho, decidió explicar la situación a su mujer. En apenas unos minutos juntos decidieron no pagar: "Tenía que afrontar las consecuencias de esa decisión y preparar una estrategia para aumentar mi seguridad. Lo primero que hice fue cambiar de domicilio. En el bloque donde residía vivían personas que hoy en día cumplen condena por colaborar con ETA", relata este empresario navarro. La búsqueda de su nueva casa empezó por estudiar cuáles eran las zonas de la capital navarra más seguras y donde resultaría más complicado preparar un atentado contra él o alguien de su familia. Número de semáforos, nivel de tráfico o vías de acceso fueron algunos de los criterios de selección. Lo siguiente fue comprar coche blindado, contratar escolta personal y obtener la licencia de armas. "Si el terrorismo no te hace claudicar te hace más fuerte y te imprime unos valores. ETA me ha hecho más humano y más hombre".

Las cartas de extorsión de la banda terrorista , lejos de cesar, empezaron a llegar a otros miembros de su familia, como su mujer. "Como le llegaban a ella, y ya sabíamos para qué eran, sin abrirlas, las llevaba a la Delegación del Gobierno. Nunca pagué ni un céntimo a esta gente. Puedo entender que pague el pequeño empresario que no tiene medios para defenderse, como por ejemplo, el comerciante que todos los días tiene que abrir su negocio. Si la sociedad no le protege, es hasta comprensible que paguen. Pero aquellos empresarios que tienen la posibilidad de aumentar su seguridad... Esos no tienen nombre. ¡Son unos canallas!".

Este empresario navarro también se muestra escéptico ante la nueva situación: "¿Quién se puede fiar de unos terroristas? Creo que es momento de estar en guardia. Tienen armas, están organizados y pueden volver a matar".

"Les dije que no pagaría, pensé que me matarían"

"Si no abona 80.000 euros en el plazo de un mes, usted, toda su familia, todos sus bienes y pertenencias serán objetivo prioritario de ETA ", dice en castellano y euskera la última de las muchas cartas de extorsión que recibió otro empresario navarro en mayo de 2010.

Antes de empezar a recibir estas cartas, este empresaro confiesa que tuvo contactos directos con personas de la izquierda abertzale a las que ya había expuesto su postura: "Les dije que apoyaba y estaba dispuesto a ayudar a todo lo vasco pero lejos de la órbita de ETA. Y así lo he hecho toda mi vida. He creado empresas y puestos de trabajo tanto en Navarra como en el País Vasco".

Estos avisos se hicieron cada vez más frecuentes hasta que las amenazas de ETA se centraron en sus hijos. "Me planteé cómo podría vivir si una mañana me levantase, pusiera las noticias, y escuchase que ETA había matado a alguien inocente con las pistolas que ellos compraban con el dinero que yo les había dado. A mí me daban la oportunidad de comprar mi seguridad, pero al asesinado, que posiblemente no fuera empresario, ¿qué oportunidad le habían dado? ¿Cómo iba a poder dormir después de pasar por caja? Pensé en mis hijos. Ellos no podían decidir. Me aterrorizaba la idea de que los matasen o que los secuestrasen. Tomé la decisión de enviarlos a formarse fuera de España, lejos de ETA".

Este empresario navarro confiesa que se reunió en dos ocasiones con miembros de la banda terrorista, una en San Juan de Luz, y otra en Fuenterrabía: "Les dije que no iba a pagarles. Les dije que mi juez es mi conciencia. Avisé a la gente del Gobierno que iba a reunirme con ellos porque pensaba que no volvería. Pensaba que me pegarían un tiro allí mismo. Nunca he entrado en el juego de pagar ni un céntimo. Cada vez que recibía el escrito me iba a la comisaría de policía".

Sobre el cese de la violencia anunciado por ETA, cree que los terroristas deberían pedir perdón por todo el daño que han causado: "¿Qué oportunidad dieron ellos a las personas que mataron o mutilaron...? Esta es una gran mentira que se corresponde con el guión de un pacto. ¿Qué crédito me merecen unos encapuchados levantando el puño? ¿Perdonar? Claro, pero los primero que tendrán que pedir perdón son ellos".




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