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FRANKLIN PITCH JOHNSON EMPRESARIO, PIONERO EN CAPITAL RIESGO Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE STANFORD

"Los trámites para constituir una empresa deberían ser fáciles y rápidos"

  • Este pionero del capital riesgo en Silicon Valley (California), impulsor de más de 200 operaciones de inversión, estuvo ayer en Pamplona, en la UPNA, para hablar con el grupo de emprendedores Nasf

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Pitch Johnson, durante su charla ayer en la UPNA a los miembros de Nasf. CALLEJA

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Franklin Pitch Johnson, a su llegada a Noáin.

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Actualizada 10/04/2011 a las 01:05
  • MARIALUZ VICONDOA . PAMPLONA

Franklin Pitch Johnson ha sido uno de los impulsores del capital riesgo. A sus casi 84 años tiene a sus espaldas más de 200 inversiones de riesgo. Entre ellas, Amgen, Compaq, Applied Biosystems, Hybritech, IDEC Pharmaceuticals, Octel, Qume, Teradyne, Verity... Ha sido director de muchas de ellas. Es profesor de la Universidad de Stanford, donde enseña empresa y capital riesgo y ha ayudado a formar fondos de riesgos en varios países. Especializado en empresas biotecnológicas, este gurú del capital riesgo estuvo ayer en Pamplona. Venía a España al IESE, de donde forma parte del patronato, y antes de embarcar para Londres pasó unas horas en la capital navarra para devolver la visita que el grupo Nasf hizo hace unos meses a San Francisco. Nasf (Expedición de Navarros a San Francisco) es una iniciativa creada por un grupo de profesionales a través de twitter y su propósito es fomentar el emprendimiento en Navarra. Franklin Pitch Johnson llegó a Noáin en su propio avión, que ha dejado de pilotar hace pocos meses, y habló en la UPNA a los miembros de Nasf del emprendimiento y de los negocios. Después, visitaba el CIMA.

¿Qué condiciones deben darse para fomentar el emprendimiento?

Que los impuestos sean medianos o bajos. Tiene que haber un grupo con talento y conocimiento que sea el germen de la empresa. Estos dos factores pueden ser fomentados desde el gobierno. Y debe ser fácil constituir una empresa, que no sea largo el camino de las patentes, los permisos, las licencias... No tiene que haber demasiadas administraciones que supervisen estos pasos, los trámites deben ser rápidos y fáciles. Tiene que haber un entono regulatorio que permita que se creen empresas, que las leyes no sean exigentes. La administración puede influir en estos tres aspectos: los impuestos, la educación y la regulación. Pero debe haber más requisitos.

¿Cuáles?

Es esencial que la propiedad privada esté protegida y eso incluye la propiedad intelectual. Tiene que haber empresas que aporten capital riesgo, bancos activos en empresas pequeñas... Y lo que yo llamo "el elemento ganador", que es que la sociedad acepte y reconozca que los emprendedores están haciendo algo bueno. Que cuando una madre se refiera a su hijo, igual que dice "el médico", pueda decir "el emprendedor". En Silicon Valley esto era así, el emprendedor debe tener reconocimiento social.

¿Cuál es el papel de los gobiernos?

Una de las cosas que puede hacer el gobierno es aportar asistencia financiera para fomentar el arranque del capital riesgo. Pero siempre tiene que haber dinero privado asumiendo el riesgo y los gobiernos, de cualquier nivel, deben estar presentes sólo de manera muy ligera, minoritaria, no participando en el desarrollo del negocio.

Entonces, la participación pública en las empresas...

Es una mala idea

¿Y si no hay capital privado suficiente para arrancar?

No creo que las empresas deban arrancar con dinero público. Sólo hay una excepción, cuando, habiendo capital privado, el público quiere ser minoritario. Pero siempre existe el peligro de que el gobierno busque otros intereses diferentes a los del empresario, como una contratación determinada, desarrollar un lugar geográfico...

¿Qué diferencia España de EEUU?

Fundamentalmente, la tradición. En EEUU, desde hace más de 200 años ha habido una tradición basada en fomentar lo propio, con fábricas, granjas... En EEUU hay mayor tradición a la hora de asumir riesgos. En España por lo que he visto hay un nuevo despertar y se puede empezar desde la nada siempre que tengas una buena preparación, además de energía, coraje y valor para construir el éxito.

¿Cómo un ingeniero mecánico como usted se pasa al mundo de la biotecnología?

Yo me licencié en ingeniería mecánica en Stanford, luego en la escuela de negocios de Harvard. Fui reclutado por el ejército, en 1954 comencé a trabajar en una acería, donde fui creciendo profesionalmente. Después de 8 años y cuatro hijos, un compañero se fue a Palo Alto para comenzar a trabajar en el capital riesgo y en 1961 me pidió que me uniera al proyecto. Fue cuando creamos la primera empresa de capital riesgo. No teníamos mucho dinero, pero lo pusimos todo en el fondo y aprovechamos un programa del gobierno e invertimos con él. Después de un tiempo cursé estudios de biotecnología, que no los había en mi época universitaria. Me di cuenta del potencial que tenían las ciencias biológicas. Cuando esta ciencia comenzó a ser incorporada a los negocios, hice cuatro inversiones maravillosas. Todas de éxito. Una de ellas fue Amgen. Mi última inversión es una empresa de California que tiene la esperanza de curar la diabetes con células madre. Aquí estoy ya transfiriendo lo que es la operativa de la empresa a gente más joven. Ahora sigo siendo inversor pero no estoy en la toma de decisiones.

¿Invertiría en algún proyecto aquí?

Parte del trabajo del empresario del capital riesgo es estar en la empresa presente. Y eso no lo puedo hacer desde la distancia. No quiere decir que no haya proyectos excelentes, pero la distancia me impediría seguirlos.

¿Cuál ha sido su mayor éxito?

Con diferencia, Amgen, donde sigo y está dedicada a la investigación y desarrollo de productos farmacéuticos. He sido consejero durante 27 años y todavía tengo participación, que no venderé.

¿Y el mayor fracaso?

Siempre hay un porcentaje de fracasos. En las más de 200 operaciones que he formalizado, unas 20 son fracasos.

¿Se aprende del fracaso?

Puede ser una manera de aprender, sí, si eres honesto contigo mismo y analizas qué ha ocurrido. Pero si te llenas de excusas para justificar el fracaso, no conseguirás aprender.




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