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NEVADA

La vida en blanco en San Miguel

  • La primera nevada obliga al ermitaño de San Miguel de Aralar, Pedro José Echevarren Urtasun, a dosificar esfuerzos para abrir surcos entre 70 centímetros de espesura con la seguridad del móvil y el quitanieves para estar conectado con el exterior

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Estampa del santuario de Aralar, tras la primera nevada. DN

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"Moxo", un voluntario guipuzcoano que acude a diario desde Ibarra, y Pedro José Echavarren Urtasun. DN

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Actualizada 20/12/2011 a las 02:44
  • NATXO GUTIÉRREZ . PAMPLONA

LA tranquilidad predomina en su ánimo a pesar del incordio de la adversidad meteorológica, que ayer mantenía cortada la carretera de acceso a San Miguel de Aralar por acumulación de nieve con niveles de 60 y 70 centímetros en algunos puntos. "Con móvil en la mano y el quitanieves no hay miedo". Pedro José Echavarren Urtasun, de 61 años y desde hacee dos custodio del santuario, encara la primera nevada de la temporada sin el menor asomo de preocupación. Según recuerda, nunca se ha sentido "abandonado", segura de la presencia diaria del quitanieves. A lo sumo, cuando el tiempo empeoraba y el ascenso del vehículo se antojaba tarea complicada, prescindía del servicio por voluntad propia y sobre todo para no incomodar a los encargados de garantizarlo. Sólo tiene palabras de agradecimiento a su trabajo: "Nunca he estado abandonado. Los quitanieves se portan muy bien". Ahora que ha caído la primera nevada copiosa y que las laderas y la cumbre, a 1.237 metros, permanecen cubiertas con la más que probabilidad de extender su manto blanco durante toda la semana, sus palabras rezuman sosiego. Con la despensa bien provista de alimentos y sin el temor a que las tuberías se obturen por congelación, como ha sucedido en alguna ocasión, la única alteración a su rutina viene dada por la multiplicación de tareas en el exterior para abrir surcos entre la espesura.

El silencio y la soledad encuentran la compañía de un voluntario, que responde al apelativo de Moxo yque a diario asciende en todoterreno la helada carretera que serpentea desde Lekunberri. Los dos amigos se afanan por dejar expedita la desembocadura al santuario, pala en mano o con una pequeña máquina quitanieves, que fue adquirida por 2.000 euros. La Nochebuena encontrará a Pedro José Echavarren a 1.237 metros de altura. Ni siquiera la fecha especial, que invita a la celebración en familia o allegados, le separará de su encomienda diaria de custodia del Arcángel. En soledad o acompañado por un hijo esperará la Navidad con el grato recuerdo del precedente anterior que vivió junto a un sacerdote americano.




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