SAL&PIMIENTA

"La gaseosa con mosca costaba 10 céntimos"

  • "Veía pasar a los alemanes delante de casa. Todos eran altos, fuertes e impresionaban"

POR GABRIEL ASENJO

Actualizado el 04/12/2011 a las 10:32

Quiere llegar a los 100 años como ahora, saludando a sus clientes en su obrador de la calle Amaya. "Eso espero. Es que con 100 años se muere muy poca gente", ironiza.

Excelente conversador, con perfil de abuelo bonachón sacado de una película de Walt Disney, calcula gramos, libras y euros sin ninguna ayuda.

De adolescente bajaba en bicicleta de Erro, su pueblo, a Pamplona para vender en una ciudad apenas iluminada con farolas de gas. Con 13 años ya fabricaba chocolate. De joven se lo vendía a Hemingway cuando La Montañesa paraba delante de su establecimiento en Erro.

¿A Hemingway le gustaba más el tinto, lo toros o el chocolate?

Le gustaba todo lo bueno. Le vendí chocolate varias veces y le he servido vino. Recuerdo que le supo muy mal cuando dejamos de vender vino. Iba a pescar. Cuando las ruedas de autobús eran macizas se tardaba cuatro horas a Burguete.

Ha conocido desde la dictadura del Primo de Rivera a los tiempos del rey Juan Carlos. ¿Con quién le ha ido mejor?

Con la democracia, mejor. Con Primo de Rivera nos impusieron el sistema métrico decimal. Te denunciaban si medías en libras, en pintas o en varas.

Vio al ejército alemán en Pamplona. ¿Asustaban?

Era cuando ocupaban Francia. Los veía pasar por delante de casa. Venían de Valcarlos y se dirigían a Pamplona. Formaban caravanas de 10 ó 12 Mercedes descapotables con tres filas de asientos. Todos eran altos y fuertes e impresionaban. Llevaban botas enclavadas que hacían ruido al andar. Iban a los toros.

De uniforme a los toros en San Fermín...

Aparcaban donde la plaza y les robaban las cosas de esos coches impresionantes con tracción delante y atrás. Luego pusieron vigilancia para que no les llevaran anda. Con los alemanes en la frontera nos volvieron a movilizar, así que tuve que hacer cinco años de mili.

¿A los 91 años conoce ya la receta de la buena vida?

Ser optimista, ver siempre el vaso medio lleno y disfrutar con todo lo que se hace.

¿Al chocolate le afecta la crisis?

De esta crisis no se libra nadie. Pero peor era entonces. Es que no había dinero. Eran los años 40 y 42. Se recogió todo el cobre y no había para hacer monedas. En la calle Estafeta o en San Nicolás se pagaba con vales.

¿Más ejemplos?

Por asistir al parto cobraban cien pesetas, pero había un médico que, conociendo la situación de la madre, en vez de cobrar le dejaba cien pesetas en la almohada. En los años 34 y 35 no había nada. Había gente de la Ribera que iba hasta Francia andando a buscar trabajo.

¿Algún lujo de aquel tiempo?

La botella de gaseosa con mosca costaba diez céntimos y sin mosca 25. Es que era muy difícil limpiar los envases y a veces tenían una mosca. Las tomaban los soldados, que había muchos en Pamplona.

¿El regusto de la Navidad de cuando era niño?

Las anguilas de mazapán que nos dejaban los Reyes en los zapatos. Y cuando empezaba a hacer frío, todos los niños llevábamos a la escuela un terrero o cesta de mimbre lleno de leña para calentar la clase. Antes nevaba mucho más.

¿Qué más recuerda?

En los pueblos, a los ocho días del bautizo de un niño era la presentación en el templo. Los llevaban a la Iglesia y les daban una gallina a la familia y chocolate para los niños. Por eso había chocolateros en todos los pueblos. Cuando vine a Pamplona en 1958 éramos 14 chocolateros.

¿Y ahora con qué se chupa los dedos?

Con una jícara de chocolate. Jícara es un taza pequeña.

¿De qué cura el chocolate?

No cura, pero ayuda a verlo todo mejor. Nunca he estado enfermo. A los médicos les digo que es porque desayuno muy buen chocolate.

Dicen que llega el copago sanitario. ¿Qué le parece?

Todos tienen derecho a la sanidad y a la educación. Ahí no se deben hacer recortes.

Soy adicto al chocolate. ¿Qué me aconseja?

Que consuma siempre chocolate de alto contenido con 70% de cacao. Ese es el bueno. Además tiene antioxidantes.

¿Alguna peripecia?

Una anécdota de cuando conducía un coche con gasógeno. Muchos días recogía a un lotero, al que le faltaba una pierna, en la puerta de Las Pocholas y le llevaba a la Estación del Norte a vender. Un día paré para que se montará y me dijo: "Hoy no, Jesús, que tengo prisa". Otra vez, conduciendo, pero un camión con 3.000 litros de gasolina, nos quedamos un regimiento de ingenieros atrapados por la nieve en el puerto del Escudo. Es que me tocó ir al incendio de Santander. (Una semana de llamas, viento y falta de comida en febrero de 1941).

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