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EXPEDICIÓN

El Sur, un rito de iniciación

  • Son concienciadores dentro de la expedición "Madrid Rumbo al Sur". Esta iniciativa organizada por la Comunidad de Madrid tiene un claro sabor navarro. Comandada por el aventurero Telmo Aldaz, cien jóvenes vivirán en Senegal la experiencia de sus vidas.

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El Sur, un rito de iniciación

Telmo Aldaz, durante otra edición de Madrid Rumbo al Sur. JOSÉ LUIS CUESTA

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Actualizada 23/08/2011 a las 01:55
  • MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA

SE trata de EL VIAJE. Así, con mayúsculas. Dormirán en el suelo, no tendrán un baño al que acudir y sufrirán jornadas maratonianas. Para más inri, estarán sin acceso al móvil y a Internet. Y sin embargo, las cien caras lozanas que han regresado en los últimos cinco años reflejan orgullo y la emoción de quien ha vivido una auténtica aventura. Mañana, un centenar de jóvenes madrileños parten en lo que a todas luces se dibuja como un punto de inflexión en sus vidas: Madrid Rumbo al Sur.

Aula itinerante

Se trata de la sexta edición de una iniciativa solidaria de la Comunidad de Madrid, en la que jóvenes de 16 y 17 años conocen en primera línea diversos proyectos de cooperación en una expedición de dieciocho días en Senegal. Al frente de todos ellos, el aventurero navarro Telmo Aldaz, fiel al proyecto desde que comenzó. La adrenalina es parte de la saga familiar: su madre es arqueóloga, su padre marinero y su tío, el creador de la Ruta Quetzal, Miguel de la Quadra-Salcedo. "Los jóvenes viven en primera persona la cooperación, y con esta sensibilización serán portavoces de lo que ven. Y es maravilloso comprobar cómo en los sitios más lejanos o con peores condiciones hay navarros y españoles que dan su vida de verdad por la satisfacción de ayudar a los demás. Eso los chavales lo ven, y es un trabajo que no cae en saco roto", explica el comandante de la expedición.

Junto a él acude un grupo de seis profesionales navarros que guiarán a los participantes en este rito iniciático. Porque los chavales recibirán clases de historia, astronomía, de música o comunicación... una auténtica aula itinerante en la que todos arriman el hombro sin recibir remuneración económica a cambio y con días de sus vacaciones. Como el informático navarro José Ramón Iribarren Olaverri, que se ha enganchado a esta expedición por quinta vez. "Hoy día casi no se viven aventuras como ésta, es una mezcla de sacrificio y trabajo muy gratificante. Pasamos hambre, frío, calor... Tiene sus riesgos, a la vuelta alguno ha dado positivo en el test de la malaria, pero se ve recompensado por el compañerismo reinante", expresa el encargado de montar la antena y de apuntarla al satélite para que fluyan las comunicaciones.

En este ámbito tiene mucho que ver el periodista navarro Ramón Huarte, otro veterano que participa por tercera vez en Madrid Rumbo al Sur. "Las pequeñas privaciones del estilo de no poder ducharte en varios días o tomar agua caliente con sabor a pastilla potabilizadora te hacen ver cuántas cosas del día a día tendríamos que valorar, aunque pronto lo olvidas. Cuando regresé a casa y veía el agua del grifo me parecía oro", asegura este comunicador cuya misión será "ver y contar" todo que ocurra. "Aunque es mucha responsabilidad, estoy orgulloso de que mis crónicas sean el único nexo de unión entre los cien chavales y sus familias. El EGM está garantizado, porque los que se quedan en Madrid devoran las crónicas", concluye entre risas.

TELMO ALDAZ DE LA QUADRA-SALCEDO AVENTURERO Y DIRECTOR DE "MADRID RUMBO AL SUR"

"África te atrapa y te hace soñar"

¿Tenemos mucho que aprender de África?

El ser humano tiene que aprender siempre de los demás y no creerse mejor que nadie. Y estar en África parece muy bucólico pero te llena el alma, el ser humano tiene cosas muy buenas. Es un continente mágico que te atrapa y te hace soñar, y a esas edades, cuando todavía hay mucha ilusión y muchas ganas, saber la importancia del trabajo y el esfuerzo no se olvida en la vida.

¿Asia o América Latina son destinos más trillados?

No, en principio la Comunidad de Madrid tiene 21 países declarados como prioritarios en la cooperación, algunos en estos continentes. Pero es verdad que África tiene una impronta especial, no sé si por su dureza y ese halo de misterio o porque es un continente inexplorado, tenemos esa especie de frontera mental. Pero a nosotros nos engancha y volvemos una y otra vez.

¿De los países visitados en anteriores ediciones, cuál le ha impactado más?

Realmente todos. Desde los montes del Atlas en Marruecos, el Índico en Mozambique, la dureza del clima de Malí, el río Níger..., cada sitio es una mezcla de terreno, de luz, de gente... Hay un navarro que lleva treinta años en Bamako (Malí), Martínez Presa, y dice que el africano te hace sentir como en tu casa. Sales de tu casa y llegas a tu casa, esa acogida y hospitalidad, a pesar de tener menos medios, te hace congratularte. Sobre todo ves que allí se lucha por la vida.

¿Cuáles son los momentos que disfrutan más los chavales, y qué vivencias llevan peor?

Es un viaje duro, se duerme en el suelo, se come la gastronomía local... Es una experiencia que dura casi 24 horas al día porque hay muchas clases y muy variadas. Y uno de los aspectos más atractivos es que los chavales están con gente de su misma edad e inquietudes, con ganas de cambiar las cosas. Porque es un viaje de concienciación: vamos a aprender, más que a ayudar.

¿Y qué es lo más gratificante?

Aprender de verdaderos héroes, de gente que es única. Conocer a gente como la misionera navarra Montse Simón, que ha vivido 21 años en Japón, luego en Argelia, Marruecos... Ver cómo trabaja y comprobar que sigue ahí año tras año.Tenemos que ser el altavoz de esa gente que se lo merece todo.

¿Hay algo que haya llevado en la mochila en todas las expediciones?

Siempre hay que viajar con lo mínimo, porque cuantas menos cosas lleves menos cargas y menos pierdes. Pero soy muy devoto de Sor María Izquierdo, una religiosa cuya imagen mi madre siempre lleva, nos ha salvado de muchas cosas. Siempre hay que llevar cosas espirituales que al final son las que importan y merecen la pena.

¿No hay mono o síndrome de abstinencia entre los jóvenes por no tener acceso al móvil?

Es uno de los logros de este proyecto. Las nuevas tecnologías son parte de este mundo, pero hay que aprender a quitarles la importancia que le damos. También duermen en el suelo y poco tiempo, pero esas incomodidades se pasan. Los esfuerzos físicos al final son una recompensa. El último día nos pasa que al despedirnos estamos en shock, porque para ellos es un rito de iniciación hacia un mundo más adulto, hacia un mundo en el que tus actos importan mucho.

¿Se notan mucho las hormonas adolescentes?

(Ríe). Se nota mucho la ilusión, por muchas palizas que nos demos andando los chavales se recuperan en dos minutos, tienen unas ganas....

¿Se contagia este espíritu de Peter Pan?

Se contagia, sí. Desde muy pequeño viajé con mi madre, que era arqueóloga, leía mucha literatura de viajes... viví de otra manera. Y con mi tío Miguel me fui con 16 años a América en barco. Cuando tienes esa edad, con el corazón más puro, la ilusión se contagia a todos.

Las conversaciones con su tío Miguel tienen que ser de traca...

¡Siempre me han enseñado que a la gente que sabe más lo que hay que hacer es oír, ver y callar! (Ríe).

Tendrá cierta envidia sana de esta expedición...

Imagino que sí porque le encanta viajar. Tengo esa gran suerte y orgullo de ser su sobrino, es una persona única y excepcional.

¿Se ha planteado organizar un Navarra rumbo al sur?

Ojalá que se abra a toda España. Navarra es una de las principales canteras de misioneros y de gente muy solidaria. En los sitios más recónditos siempre hay un porcentaje alto de navarros entre los voluntarios y los misioneros.

Tras una vivencia así, ¿cómo regresa al día a día? El choque tiene que ser brutal...

En esta vida todo son etapas, estas experiencias te enseñan a apreciar lo que uno tiene: la familia, los hijos, la educación que has recibido... Cuando vas allá echas de menos África y al revés. Pero la vida es como un viaje, y no hay que irse muy lejos geográficamente para experimentarlo.



  • Jose luis
    (23/08/11 10:56)
    #1

    Me parece muy buena iniciativa esta aventura para jóvenes de Caja Madrid, que se sumergen en otras culturas diferentes a nuestra cultura, aprenden como se puede convivir con otro tipo de valores y sin tantas necesidades se es feliz. El valor de la familia del clan, el compartir amén del espíritu lúdico de la aventura otorgan a este proyecto un valor inestimable. Un abrazo a nuestro amigo Telmo desde Navarra.

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