Del ordenador a la parroquia

  • Decidió ser sacerdote cuando acabó la carrera de Telecomunicaciones. Afirma que este camino le llena más y ahora, recién ordenado, trabaja en la parroquia El Salvador de La Rochapea.

M.J.E. . PAMPLONA

Publicado el 21/07/2011 a las 00:04

NO se había planteado ser sacerdote. Es más, afirma que su plan vital pasaba por terminar la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones, trabajar y formar una familia. Pero ni Twitter, ni Facebook ni todos los retos a los que se enfrentan los "telecos" en un mundo cada vez más dominado por la informática han podido con su vocación. "Al final, eliges un camino y éste me llena más", afirma Juan Tejero Ariño (Pamplona, 17-2-1982), quien fue ordenado sacerdote el 3 de julio en la catedral de Pamplona y ejerce como vicario parroquial en la iglesia El Salvador de Pamplona.

Con todo, reconoce que le sigue gustando la ingeniería y no descarta poner en marcha algún proyecto que pueda unir estos dos mundos. Por ejemplo, un foro de discusión donde tratar temas de fe o catequesis. "Será poco a poco. Ahora estoy aprendiendo y habrá que ver cómo se puede materializar", dice. En su día, Tejero ayudó a crear la página web de la Diócesis. "Si soy ingeniero y ahora sacerdote para algo servirá", afirma. De entrada, comienza a indagar en las redes sociales "para ver cómo se puede ayudar a expandir el mensaje de Jesucristo. Son medios que se pueden utilizar. Pueden ser un punto de encuentro, aunque siempre es necesario el contacto personal".

Tejero reconoce que su caso es "poco habitual", aunque creció en el seno de una familia cristiana en la que ejerció como el mayor de once hermanos. Fue mientras cursaba la carrera, en la escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra en San Sebastián, cuando escuchó hablar de la necesidad de vocaciones. "Al principio no entraba en mis planes pero poco a poco empecé a pensar que podía ser para mí. Me tomé un periodo de reflexión de dos años, hasta que terminé la carrera". Y se decidió. "Tampoco es un salto al vacío", resalta.

En ese tiempo, explica, fue decisiva la figura de Juan Pablo II y el encuentro que tuvo con la juventud en su último viaje a España. "Vi a un Papa anciano que casi no se podía mover y que al volver la mirada atrás dijo: "os aseguro que vale la pena entregar la vida a Cristo y, por amor a El, a los hermanos". Me impactó y se vinieron abajo las resistencias que tenía".

La renuncia a una carrera profesional o a tener hijos se compensa por una causa mayor, asegura. "Siempre dejas algo pero pesa más el camino que Dios te marca". De momento, Tejero no se plantea un futuro más allá de su trabajo en la Iglesia El Salvador de la Rochapea, donde ya colaboraba los fines de semana desde hace años. "El trabajo en la parroquia es intenso pero también gratificante: ves cómo las personas se acercan a Dios". De puertas afuera, explica, parece que el sacerdote se dedica a celebrar misa. Pero la realidad es que comienza su jornada a las ocho menos cuarto de la mañana: visita a enfermos, ancianos, preparación de catequesis, atención a las personas que acuden a pedir ayuda, organización de jornadas como la de la juventud, que se celebra en agosto, etc. Una larga lista de tareas que apenas le dejan tiempo para sus aficiones: la lectura, internet, la cocina y el deporte, sobre todo el fútbol. "El sacerdote es un hombre más", recuerda.

Ahora, con la crisis, añade que el trabajo está creciendo. "Hay familias que todo lo que tienen para comer lo reciben aquí". Y no sólo en el aspecto material. "Cuando aprieta un poco el zapato y nos vemos más desamparados hay personas que se dan cuenta de que hay algo más que lo material". Hay personas que lo están pasando mal pero, por encima de todo, el mensaje es que "sigue habiendo esperanza".

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