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Con olor a castañas y un saco de ilusión

  • Miles de personas arroparon la pasada Nochebuena a Olentzero durante su recorrido por las calles de Pamplona. Con un desfile sin lluvia y rodeado de músicos y animales, el carbonero hizo su aparición en un ambiente familiar y multitudinario

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Olentzero, a su paso por las calles de Pamplona durante el desfile del pasado sábado. JAVIER SESMA

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Las pancartas de felicitación encabezaron la comitiva. JAVIER SESMA

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Más de 150 animales de la familia Saralegui vinieron desde Leitza. SESMA

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Participaron unas 450 personas en el desfile de Olentzero este año. SESMA

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Actualizada 26/12/2011 a las 01:04
  • VIRGINIA URIETA . PAMPLONA

LLEGÓ con olor a castañas. Diez minutos antes, miles de personas esperaban ya la visita a Pamplona del carbonero más famoso. En silletas y sobre los hombros de sus padres, los niños se tornaban nerviosos. Se acercaba la hora. Los músicos afinaban sus instrumentos entre el griterío particular que acompaña a las vísperas festivas. La calle Iturralde y Suit fue flanqueada por filas de personas a ambos lados, una hilera de gente que se perdía a lo lejos. Ocho grados en Pamplona. Miles de personas y un fuerte olor a castañas asadas. Olentzero había llegado y traía un saco lleno de ilusión.

La escuela de Artes y Oficios se convirtió en el particular "garaje" de más de una decena de carros, unos 150 animales y 450 personas que participaron en el desfile. Salieron sobre las 18 horas, arropados por un ambiente familiar y multitudinario. Encabezado por la pancarta que felicitaba las navidades, el desfile estuvo formado por ocho carros con niños, la carroza del Cuentacuentos, el carro de Mari Domingi y el nacimiento, encarnado por los hermanos Ana y Andoni Herrera Sanz. Además, los animales de la familia Saralegui (Leitza) y los músicos acompañaron al carbonero durante su recorrido. La comitiva estuvo formada por los txistularis, txalaparta, Duguna Folklore Taldea y la Fanfarre Duguna, Grupo de Danzas Oberena, Gaiteros Haizaldi, Grupo de Danzas y Fanfarre Muthiko Alaiak, Egunsenti, trikitixas de Leitza, txistularis Hiruduna, Ioaldunak de Zubieta, el castañero de San Ignacio, Txantxibiri Trikitilari Lagun Taldea, coro Iruñean Kantuz, el Olentzero, el coro Muthiko Alaiak y Jaiotxa. Los Zanpantzar de Zubeldia cerraron el desfile con su tradicional "meneo" del cencerro y el baile que les caracteriza.

Ni lluvia, ni incidentes

Imanol Narváez, Carlos Itxaso, Aitor Otazu y Fermín Iñarrea portaron la figura del Olentzero, de unos 90 kilos. En Cortefiel hicieron el relevo, mientras el coro de Muthiko Alaiak entonaba las canciones para el carbonero. "Es algo por lo que esperas todo el año, hace ilusión participar y cualquier puesto es bueno", explicó Iñarrea, portador habitual. Durante el recorrido se repartieron revistas y calendarios desde la Asociación de Amigos del Olentzero, que cada año organiza el desfile. Con unas 30 revistas en cada una de las 12 cestas, el donativo para conseguirlas sirvió para financiar el desfile. "Con la ayuda de la gente se intenta hacer cada vez más y mejor, para traer cada año más cosas", indicó Nekane Celaya Gil.

Desde la organización, Mari Ganuza Senosiáin confesó que este año fue un gran desfile. "El año pasado llovió y muchos grupos no pudieron salir. Este año el tiempo ha acompañado y estamos muy contentos. Ha venido la gente habitual, pero en el Casco Antiguo y en la Plaza del Castillo es donde más personas esperan para verlo", aseguró.

El desfile se saldó sin incidentes y el recorrido fue el tradicional, por la plaza Conde Rodezno y las calles Paulino Caballero, Cortes de Navarra, la avenida Carlos III y la calle Duque de Ahumada, para continuar por la travesía Espoz y Mina, la plaza del Castillo, Chapitela, Mercaderes, Estafeta y Amaya. Aunque el desfile se alargó hasta pasadas las 20 horas, los más fieles le siguieron hasta la Escuela de Artes y Oficios, punto final antes de que el carbonero iniciara su recorrido por las casas de los pamploneses para dejarles carbón o, quién sabe, cumplir los deseos y brindar los mejores regalos a los más pequeños, por Navidad. Entonaron el Agur Jaunak para despedirlo y dejar que la noche siguiera su curso, con los brindies y la compañía que la caracterizan.




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